José Ignacio Martínez Val / Director de Martínez-Val Abogados

La post-ideología

José Ignacio Martínez Val

No sé ustedes, pero yo estoy harto de tener que definirme o de que me cataloguen como de derechas o de izquierdas. Me cansa y considero simplista y anacrónico el hecho de que si manifiestas que eres (o te tachan) de derechas eres sospechoso de ser un carca católico conservador, si no un facha en toda regla; y si eres (o te tachan) de izquierdas de ser un progre, un rojo anti español que quiere vivir del cuento, amigo de independentistas, etarras, feminazis y demás virus hispanos.

Pues bien, considero que debemos revelarnos y evolucionar, pasar al siguiente nivel, liberarnos de esos dogmas y de ese juego al que unos pocos nos quieren hacer jugar en su único y propio interés para alcanzar y mantener el poder. ¿Por qué no puedo defender la economía de mercado y a la vez el matrimonio homosexual? ¿Por qué no puedo defender a la gran y mediana empresa como vértice clave y fundamental de generación de riqueza y empleo y a la vez no ser machista? ¿Puedo ser de derechas y gustarme el arte y la cultura? ¿Puedo ser de derechas y ser laico? ¿Puedo ser de izquierdas y pretender una política inmigratoria regulada? ¿Puedo ser de izquierdas y ser católico? ¿Por qué no se puede ser de izquierdas y defender los toros? ¿Y ser de izquierdas y no defender el aborto libre? En definitiva, reivindico, simplemente, poder ser “de derechas” y no tener que ser a la fuerza alguien carca y conservador lo mismo que poder ser “de izquierdas” y poder amar a tu país y a tu bandera o poder ser católico o lo que le dé la gana a cada uno.

Y esa es la evolución necesaria que con el tiempo nos ha de llevar hasta una nueva era que supere a esta actual de bloques y de contraposición derecha-izquierda: la de la post-ideología, en la cual la diferencia entre derecha e izquierda quedará muy difuminada. Las sociedades avanzadas debemos movernos en términos de utilidad y sentido común y apoyar aquellas políticas que sean las más útiles y beneficiosas a medio-largo plazo para la mayoría, sean tradicionalmente de izquierdas o de derechas. Es decir, mucha de la ideología política debería ser sustituida por un pragmatismo social que buscase la consecución, tanto por parte de la sociedad como del individuo, del máximo beneficio y utilidad posibles desde un punto de vista empírico, no dogmático.

Por poner unos ejemplos: ¿Es buena la creación de empresas para la generación de riqueza y empleo? Fomentemos su creación. ¿Son buenas las empresas grandes que fomentan la creación de empresas más pequeñas y con ello de empleo y riqueza? Fomentémoslas. ¿Es bueno para la sociedad y para el individuo que gente joven, sin obligaciones familiares y capaz, tenga derecho a dos años de paro? Creo que, objetivamente, no pues incentiva el pasotismo, eliminémoslo. ¿Son buenas y justas leyes que discriminan por sexo? Deroguémoslas. ¿Dar mucha subvención o tener un sector público hipertrofiado y muy interventor en la economía es mejor que tener un sistema económico libre donde el emprendedor tenga facilidades para crear y hacer que su empresa crezca? Pues fomentemos lo segundo. ¿Es bueno para el país la existencia de partidos que busquen su destrucción? Ilegalicémoslos. ¿Son buenos los partidos que luchan por el entorpecimiento del comercio y la empresa? Deben ser expulsados del sistema. Es evidente que en varios temas como el aborto, la eutanasia, la educación,…, pueden ser admitidas como válidas varias respuestas y soluciones y es en esos casos donde se justifica y deben entrar y decidir las mayorías, a través de los partidos políticos, valorando los intereses en conflicto de modo racional y ecuánime (no dogmático) qué soluciones adoptar en cada momento. Y si se pueden conseguir consensos entre los partidos, mejor. Lo de imponer al otro lo que uno piensa y denigrarle para que ni pueda abrir la boca es propio de estadios más primitivos de la evolución del ser humano y en España, desgraciadamente, es algo que sigue bastante vivo.

En resumen, debemos iniciar cuanto antes la era de la post-ideología; comenzar a pensar en términos de utilidad y beneficio social, qué es mejor para la libertad, igualdad, bienestar y obtención de la mayor riqueza y desarrollo tecnológico, humano, científico, económico y social posible, todo ello, con el fin último de superar la dicotomía derecha/izquierda y conseguir un sistema político, económico, jurídico y social que tenga como objetivo principal la de adoptar medidas que sean las más óptimas en términos de mayor libertad y riqueza de la sociedad en su conjunto y, por extensión, de las personas que la forman. Es sencillo. ¿No?

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