Niños con altas capacidades, cuando la ilusión se convierte en frustración

Todo el mundo desea que sus hijos sean los más guapos y los más listos. Y si les preguntan, por tanto, preferirían que tuviera lo que hoy día se denomina altas capacidades. Sería lógico pensar que ese niño tendrá una vida llena de éxito y que triunfará en todo aquella aventura que emprenda. Sin embargo, no piensan lo mismo muchos de los padres de estos niños.

Y es que desde el momento en el que son conocedores de ellos, su vida se convierte en una lucha constante por conseguir una respuesta educativa pública que se adapte a sus importantes necesidades.

Y las cifras lo demuestran. Según el Informe Nacional sobre la educación de los superdotados 2018, el 50% abandona la escuela con fracaso escolar. Cifra escalofriante que denuncian las familias que conforman de Asociación Aragonesa de Altas Capacidades sin Límites, quienes reclaman que “hay que hacer algo” para evitarlo. Estas familias se encuentran con retos con los que lidiar a lo largo de la vida del menor que son “como si te echaran un jarro de agua fría porque le crea problemas a ellos, y nosotros tenemos que buscar soluciones”, según su portavoz, María Teresa Millán.

Tanto es así que se han unido unas 400 familias en una organización vinculada a la que existe de ámbito estatal, para conocer las políticas que se están desarrollando en otras comunidades autónomas o las iniciativas que están poniendo en marcha otros padres. Por ahora, la aragonesa se dedica a ofertar los conocidos como programas de enriquecimiento “para estimularlos, ponerles retos y que se relacionen con otros niños como ellos, que no se sientan distintos, sino integrados”.

De Málaga, por ejemplo, tomaron prestada una idea que están desarrollando. Y es que han puesto en marcha un convenio con la Universidad de Zaragoza, mediante el cual les ceden aulas para que los chicos puedan ir a clases de estudios superiores a partir de 3º de la ESO.

Tres madres de la asociación expusieron recientemente sus reivindicaciones en las Cortes

La idea preconcebida de la alta capacidad

El concepto de alta capacidad aplicado a un menor se asocia a una idea errónea. Esto no quiere decir que sean personas con estabilidad emocional o que sean iguales o más capaces que el resto para encajar socialmente. Precisamente, un número no despreciable de ellos carecen en mayor o menor medida de estas habilidades. “La alta capacidad no es solo inteligencia, sino que, a nivel de personalidad, está asociado a rasgos sensibles. Son personas que sufren más, y eso hay que tenerlo en cuenta”.

Por ese motivo, la base principal de su crítica a la gestión del Gobierno de Aragón respecto a estos menores es la identificación de los casos. Para empezar porque si se aplica el programa, tal como dice la normativa, “a aquellos que destaquen en personalidad o ajuste social”, deja fuera aquellos que no poseen la idea preconcebida y errónea de un menor con altas capacidades. También se quejan de que la normativa considera superdotado al que tenga un coeficiente intelectual superior a 130%, cuando, según denuncian los padres, “este sistema de medición ha quedado obsoleto”.

Solo 182 reconocidos

En Aragón hay 182 niños reconocidos con altas capacidades. Cifra “penosa” porque dista mucho con la estimación que hace el experto mundial en la materia François Gagné, quien considera, tal como destacan las familias, que lo son un 10%. Por tanto, calculan que en Aragón podría haber hasta 21.000 niños. Incluso estiman una mala intención de la Administración autonómica, ya que ven “contradicciones” en los protocolos a seguir para la detección. Según su denuncia: “contiene criterios restrictivos para que muchos se queden fuera”. Y para muestra, exponen el caso de un niño que “incluso con un informe de salud mental pidiendo que se valore se le ha negado” ese derecho por parte de la Administración.

Las familias consideran que la Administración aragonesa debería volcarse más con sus hijos

Y si se compara con el resto de comunidades españolas, la situación nacional tampoco mejora. Un niño puede serlo en una Comunidad Autónoma, pero no en las demás porque no existe un criterio unificado a nivel nacional para la identificación y educación específica. Tanto es así que, según el Informe Nacional sobre la educación de los superdotados 2018, el 90% de los alumnos (135.584 alumnos están sin identificar).

Las chicas con altas capacidades

La perspectiva de género tampoco queda exenta y supone un hándicap más. Según estas familias se debe a que las chicas, que son “más sensibles”, y por ello toman la decisión consciente o inconsciente de “adaptarse” al grupo que les rodea y, con ello, prefieren “esconder su capacidad para ser como los demás”, siendo un hecho que deberían aprender a detectar los profesores.

Lo corrobora el Informe Nacional sobre la educación de los superdotados 2018. La proporción de hombres es del 10362 (65,2 %) frente a 5508 mujeres (34,8%). Así el porcentaje de alumnos de altas capacidades detectados sobre el total es del 0,25 % frente a un 0,14 % de mujeres, lo que no es lógico, pues la distribución de la inteligencia es similar en ambos sexos.

El “calvario” de la valoración 

Y una vez son detectados, tampoco mejora la situación en el siguiente escalón; el de la valoración. Para empezar, la falta de equipos específicos de altas capacidades. En informes de educadores “hemos leídos burradas por escrito que demuestran que no hay formación”. Aseguran que en otras comunidades autónomas se valora a todos los alumnos por dos simples razones: “porque tienen derecho y para dar una respuesta educativa adecuada”.

Si esto no ocurre, existen más probabilidades de que el niño con altas capacidades genere “comportamientos disruptivos en el aula”, perjudicando el aprendizaje del resto de compañeros y la dinámica del aula. Y va más allá. “Hay muchos que acaban en salud mental con depresión, con autoestima muy baja, porque sentirse distintos en clase les duele”.

Para todos estos problemas, las familias tienen propuestas de reforma que esperan puedan ser escuchadas por la Administración autonómica. Pero pocas de ellas tendrán éxito si no se pone en marcha una asignatura que enseñe a los nuevos maestros a tratar con estos alumnos tan especiales.

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