Una incipiente Economía Circular

Con la entrada al nuevo año, la sociedad acorta distancias en su irrefrenable marcha al H2030. En ese viaje, instituciones y estados avivan el debate de la instauración de las economías alternativas como nuevas y únicas vías hacia el progreso y la competitividad social. La llamada Economía Circular (EC) plantea recurrentes conjeturas e hipótesis socioeconómicas, adheridas a los análisis de innumerables expertos en la materia.

El último número de la revista Economía Aragonesa de 2018 referencia un estudio elaborado por un grupo de especialistas de la Universidad de Zaragoza, en el que se exponen datos sobre las perspectivas e impacto de la EC, desde la óptica empresarial autonómica. Como universo de análisis, el estudio estipula dos escenarios: Las empresas o sectores directamente vinculados al modelo circular –reciclado, tratamiento de residuos- además de aquellas ligadas a las mejoras técnicas a favor del medioambiente.

Un impacto territorial pausado 

El estudio plantea una serie de parámetros, objeto de examen, contemplados como aquellas actividades relacionadas con la EC en el marco empresarial. Entre ellas, la disposición de la compañía al reciclaje de residuos, la implementación de modelos renovables en sus instalaciones, el eco-diseño, o la desmaterialización de los distintos procesos.

Asimismo, se concibe como actividad circular encaminar a la reciclabilidad la tipología del diseño de los productos, o el uso de materias primas secundarias en su producción. En esa línea, se plantea como “eco-medida” la modificación de la fabricación, orientada a la progresiva prolongación de la vida útil de los productos, la multifunción o la revalorización energética de los residuos.

Tras delimitar los sectores actuantes, el estudio extrae que las empresas del primer subgrupo han aumentado su volumen de actividad de gestión y control medioambiental hasta alcanzar el 1,17% del PIB de la Comunidad. En cuanto a empresas de sectores sensibles (alimentación, manufactura, industria química o papel, logística, servicios, residuos) se observa que del total encuestado (51 empresas), una amplia mayoría (80,39%) realizan alguna actividad relacionada con la EC.

El estudio tantea los estándares voluntarios de auto-regulación empresarial como pasos de interés a medio plazo

Sin embargo, ninguna de ellas lleva a cabo la implantación de la totalidad de parámetros o actividades reflejadas previamente, y tan solo un 7% ponen en práctica varias de manera simultánea. Son cifras que desprenden que la irrupción de los formatos de la Economía Circular sigue siendo lenta, aunque, a grandes rasgos, apreciable. De hecho, bajo el prisma socio-económico, el estudio afirma que tan solo el 6,3% del volumen de negocio de los sectores industriales de Aragón podría considerarse “comprometido con la circularidad”.

Retos y oportunidades de la EC

En dicha dimensión socioeconómica, la práctica de cualesquiera modalidades ligadas a la EC se consolida con firmeza como vector nuclear de la más vanguardista competitividad. La sociedad en su conjunto es consciente de la necesidad de adoptar modelos “verdes”, cuyos beneficios están abocados a revertirse directa y proporcionalmente en el genoma social.

Esto es, generar un flujo de acciones saludables –desde la base y en todas sus dimensiones- para advertir a medio plazo sus efectos de carácter tricefálico (social, medioambiental, económico). Sin embargo, agentes sociales defienden que para efectuarse dicho cambio -ese “click” densencadenante del virtuoso efecto mariposa-, las transiciones pendientes han de efectivizarse sin que resulten ser un proceso monolítico aplastante.

Mientras, la Economía Colaborativa presenta paralelamente retos y oportunidades. Por lo pronto, el estudio tantea los “estándares voluntarios de auto-regulación” como pasos de interés a medio plazo. Es el caso de la promoción de tecnologías neutrales que viabilicen el acceso al mercado de nuevos agentes, o la adaptación de la regulación en matera de residuos para fomentar su valorización. Destaca asimismo la importancia de la colaboración público-privada en la senda de la transición, así como el impulso a las soluciones colaborativas interempresariales. En definitiva, nuevos modelos que ayuden a cerrar el círculo y que ensamblen los sistemas económicos tanto globales como locales, reorientándolos a la construcción de un mundo, por lo menos, algo más equilibrado.

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