‘Blade Runner 2049’: Cuando el replicante es la película

Resulta muy difícil enfrentarse a los fantasmas personales, y me refiero no sólo a aquellos seres incorpóreos que nos acechan detrás de cualquier oscuro rincón de nuestra mente con insanas intenciones, sino también a las quiméricas figuras que pueblan nuestros sueños, alimentadas por nuestra imaginación y que se nutren de las historias y relatos que conocemos a través de libros, comics, películas, etc. Es la fábrica de sueños de Ilia Ehrenburg probablemente la principal generadora de fábulas o leyendas sobre la que se asienta la mitología moderna. Durante el último siglo muchos niños y adolescentes hemos crecido en la oscuridad de una sala, con la mirada fija en una pantalla que ha forjado mitos de celuloide como el de ese androide que había visto cosas que nosotros no creeríamos…. “Blade Runner”, la película de Ridley Scott estrenada en 1982, se ha convertido en fuente de inspiración para escritores, dibujantes y cineastas. Pero una cosa es servirte de un mito con fines creativos y otra muy distinta afrontar la continuación/revisión de ese mito. Y eso es lo que ha hecho el canadiense, Dennis Villeneuve, uno de esos directores cuyas películas no decepcionan y que cuenta los hitos de su carrera cinematográfica por aciertos, con el clásico de la ciencia ficción. En diferentes entrevistas el realizador de “Enemy” ha confesado su admiración por el trabajo de Ridley Scott y el vértigo que le invadió a la hora de rodar este esperadísimo “Blade Runner 2049”. Sin embargo la sensación que el espectador tiene cuando ve esta continuación es que Villeneuve ha sabido pasar por encima del miedo reverencial que puede inspirar el rodaje de una película que vuelve a un universo idolatrado por millones de seguidores en todo el mundo, y lo ha hecho con una obra apabullante en lo visual y respetuosa en el aspecto argumental con el film de 1982.

En el año 2049 la Humanidad ha sobrevivido a una hambruna global y al intento de rebelión de los replicantes de la Tyrell Corporation. Sin embargo, y con la excusa de facilitar la vida de los habitantes de la Tierra el problema de estos seres creados a imagen y semejanza del hombre se vuelve a reproducir, y los blade runner siguen “retirando” replicantes. Uno de los miembros de esta fuerza especial, el agente “K” (homenaje evidente a Philip K. Dick), hace un descubrimiento que puede hacer tambalear los principios en los que se basa el orden social.

La película de Villeneuve engarza todos sus elementos de manera casi perfecta, de manera que forma un todo unitario con el “Blade Runner” de Ridley Scott. Ambos filmes comparten personajes, atmósfera e incluso cierto mensaje metafísico. La banda sonora de Zimmer y Benjamin Wallfisch se mimetiza con la inolvidable partitura de Vangelis, llegando a compartir algún tema de ésta. Si a estos detalles unimos otros guiños al original casi imperceptibles, el resultado es una suerte de continuidad con aquél que hace que el espectador, en muchos momentos, olvide que estamos ante una magnífica “réplica” de la película de 1982.

Con todo hay aspectos que permiten distinguir el original de la réplica sin tener que utilizar el test de Voight-Kampff. En primer lugar, y en lo que se refiere al envoltorio de las dos películas, “Blade Runner 2049”, como su modelo, sigue siendo cine negro, pero menos. Mantiene la estructura narrativa propia del género, y algunos elementos, como el detective nihilista y descreído, la corrupción institucionalizada o la mujer fatal continúan presentes, pero esa atmósfera en la que transcurría la acción del film de Scott es menos oscura. Los Ángeles sigue siendo esa ciudad sucia que se nos muestra siempre de noche y bajo la lluvia, pero Villeneuve, con la inmejorable ayuda de Roger Deakins (Oscar para este hombre, ¡ya!) abre la acción a exteriores diurnos, siempre fuera de LA, por supuesto, y aquí luce el trabajo del operador británico.

Y hablando de la fotografía de Roger Deakins, ese tono oscuro y sucio de los planos callejeros presente ya en la película de 1982 no esconde un cambio en la percepción como relato de ciencia ficción de ambas obras. Partiendo de planteamientos distópicos similares, a Villeneuve parece interesarle más el resquemor que la incapacidad de las innovaciones tecnológicas para satisfacer a los hombres provoca en éstos. Los constantes adelantos científicos no han conseguido que vivamos mejor, y son utilizados como formas más sofisticadas de sojuzgar a la Humanidad. La evolución conlleva relaciones humanas mucho más artificiales, paradójicamente menos humanas a medida que se van perfeccionando replicantes u hologramas. Estos adquieren características de los modelos que tratan de imitar y los acerca a esos sentimientos reales, mientras que los hombres dudan de su propia esencia, y se convierten en simples máquinas.

Y relacionado con esta crisis existencial y de identidad que sufren los personajes nos encontramos con otro elemento para distinguir el “Blade Runner” original y su replicante. En la película de Ridley Scott a partir de un concepto meramente físico la historia de la caza de replicantes planteaba cuestiones metafísicas en torno a la esencia y el fin, a las propiedades del ser humano. La duda en torno a lo que era real y lo que no, lo que tenía apariencia humana pero no lo era, la verdad o la mentira, iba formando cuerpo en tu mente mientras se sucedían las escenas de acción. En el “Blade Runner 2049” las cuestiones metafísicas parecen estar superadas y damos un paso adelante, para alcanzar un estrato superior, el pseudo-religioso. De entrada sabremos quién es quién, quien replicante y quien ser humano. No hay incertidumbre ni engaño respecto a los nuevos personajes. Sin embargo, y relacionado con la duda que resultaba de la película de 1982, surge el misterio de la creación de vida humana real, no artificial, quedándonos en este punto suspendidos en el alambre y a la espera de una nueva entrega como parece indicar ese guión de Hampton Fancher y Michael Greene que deja bastantes cosas en el aire.

Blade Runner 2049” es una película que supera el “anclaje” emocional que teníamos los fans del original de 1982, y nos hace experimentar aquella sensación de estar ante cine de verdad, que aprovecha todos los recursos a su alcance y que se convertirá en un film de culto o en un clásico.

Texto: Alberto Garrido.

Lo mejor: Por momentos te hace olvidar que existe el “Blade Runner” de Ridley Scott, consiguiendo ser un film con entidad propia.

Lo peor: Algunos espacios abiertos que deja la trama, vías argumentales que no llevan a ninguna parte.

VALORACIÓN:

Banda sonora: 9

Fotografía: 9

Interpretación: 8

Guión: 8

Dirección: 9

Satisfacción: 9

NOTA FINAL: 8,66

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