Las toxinas abandonan mi cuerpo

Cuando Gore Verbinski irrumpió en el panorama cinematográfico con su primera película, “Un ratoncito duro de roer”, hubo consenso en calificarlo como un director que, ante todo, mostraba un estimulante talento visual, en un estilo semejante, según mi opinión, al de Barry Sonnefeld ( autor de las dos entregas de La Familia Adams y las tres de Men in black). Esta imaginación se expandió en las tres primeras entregas de la saga “Piratas del caribe”. Desgraciadamente, y salvo el oasis que supuso su alabada película de animación “Rango”, a esa cualidad significativa en su estilo se añadió una mas negativa: la desmesurada duración de sus trabajos. La unión de estas dos características, si no va acompañada de un férreo guión, se traduce en puro exceso y hartazgo por parte del espectador.

El exceso de metraje es una enfermedad del Cine actual. Mitchell Lleisen necesitó 79 minutos en 1934 para contar lo que sucedía cuando “la muerte tomaba vacaciones”. Martin Brest en 1998 empleó 178 minutos y aburrió al personal en su remake con Brad Pitt “Conoces a Joe Black?”. Todas las malas criticas, y han sido muchas, que ha recibido La Cura del Bienestar, han incidido en este tema. Un tijeretazo a tiempo y una historia más convincente habrían quizás calmado a una Critica que ha machacado literalmente esta película.

Esta claro que la mayor parte de las veces cuando acudes a una sala a ver una película que tiene tantos comentarios negativos, siempre piensas que no es para tanto. En este caso hay que añadir un poco de humor para disfrutarla. Un joven y emergente empleado de una empresa neoyorquina viaja a Suiza para intentar traerse de vuelta a un ejecutivo de su compañía que está haciendo una cura de reposo en un lujoso balneario y cuya presencia en Nueva york es necesaria para acometer una fusión de empresas. Sin embargo una vez allí no será tarea fácil abandonar ese idílico lugar e ira descubriendo los oscuros secretos que fluyen por debajo de la sana y apacible vida que disfrutan los huéspedes de esta casa de reposo.

La película se abre con un bellisimo plano de un tren que circula entre las montañas suizas. Verbinski logra con la belleza de la fotografía, la planificación pausada de las secuencias, la música y la cuidada escenografía que la película nos entre por los ojos. La trama avanza planteando contrastes: la frialdad de los ejecutivos de Wall Street, enmarcada en una fotografía de tonos metálicos, contrasta con la luminosidad de las montañas suizas. Y la felicidad y vitalidad de los residentes en el balneario choca con las actividades que se suceden en el subsuelo, que adoptará un tono mas sombrío a medida que descendamos. En este entorno parece haberse parado el tiempo. Un lugar donde no llega la cobertura telefónica. Todo tiene un aire antiguo, limpio e impoluto, una pista mas de que algo huele a podrido…en Suiza.

Dentro de esta estética hay escenas visualmente potentes como la del accidente de coche o la de la experiencia del protagonista en el tanque de aislamiento. El director junto al coguionista Justin Haythe va introduciendo elementos de intriga combinados con otros que son puro relleno y juegan al despiste del espectador. Lamentablemente esta puesta en escena tan atractiva naufraga en los últimos 40 minutos cuando el nudo argumental nos estalla en la cara y se desvelan los secretos. De pronto la intriga deriva en terror, mezclando leyenda y ciencia ficción, en un estilo que va desde los films de terror gótico de la productora Hammer a las adaptaciones que Roger Corman hizo en los sesenta del universo Allan Poe. Ante esto lo mejor es tomárselo con humor y disfrutar del puro delirio en que degenera la historia. Es lo malo de las películas de intriga/terror, que a veces los planteamientos están por encima de los desenlaces.

Hay una serie de tópicos que se repiten en el cine americano y que están presentes en este titulo. El primero es que para que una persona cambie de actitud ante la vida tiene que sufrir una experiencia traumática, casi mortal. Pasa en el cine de catástrofes y le pasa a Lockhart, el héroe de nuestra historia. En segundo lugar, para los americanos, salvo París, el resto de Europa es peligrosa. El pueblo cercano al balneario esta poblado por paletos, delincuentes y una policía con un look que parece sacado del “Tercer Reich”; incluso el protagonista llama a uno de ellos “Adolf”. Y en tercer lugar, el ensalzamiento del éxito en el trabajo propio del estilo de vida americano, los “winners” frente a los “losers”, por eso el americano es prepotente, mira al resto por encima del hombro, los desprecia. Desgraciadamente este comportamiento es muy real en los Estados Unidos.

Protagonista absoluto de esta historia es el semi desconocido Dane De Haan, cuyo aspecto delgado y enfermizo encaja muy bien en el entorno. Aunque ha aparecido en títulos como “Lincoln” o “Cruce de caminos”, su lanzamiento se produjo en el film de bajo presupuesto “Chronicle”. Junto a el destacar a Jason Isaacs , habitual de la saga Harry Potter y Mia Goth, una actriz que parece la reencarnación de la Shelley Duvall de la época de El resplandor, y cuyo personaje evoluciona del autismo a la toma de conciencia de su personalidad.

Como he dicho, la fotografía de Bojan Bazelli es excelente, sabe marcar con los colores los distintos ambientes y provocar sensaciones diversas. Y la banda sonora de Benjamin Wallfisch también es destacable, con un tema principal que recuerda al entonado en “La semilla del Diablo” de Polanski, obra de Krzysztof Komeda.

Una extraña, delirante y fallida película en cuyo camino muchos tiraran la toalla. A mi me entretuvo por su puesta en escena aunque reconozco que en su tramo final Verbinski y su equipo se toma demasiado en serio la historia que están contando. Menos metraje y propuestas menos ambiciosas habrían conseguido un producto mas accesible y no tan aparatoso. Con todo, recomendable a los amantes del género de terror que seguro que en peores plazas habrán lidiado. El resto, abstenerse.

Texto: Luis Arrechea.

Lo Mejor: La coreográfica puesta en escena.

Lo peor: Las escenas finales de la fiesta, muy estilizada pero ridicula. La confusión del guion en el tramo final.

Valoración:

Banda sonora: 7

Fotografía: 8

Interpretación: 7

Dirección: 7

Guion: 5,5

Satisfacción: 6,5

NOTA FINAL: 6,8

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