La sencillez como virtud

La animación en los últimos años está adquiriendo un nivel de excelencia tan alto que quizás pueda producir cierto ‘efecto confusión’ tanto en el cinéfilo experimentado como en el ocasional espectador medio. Un ‘efecto confusión’ que suele provocar que no se aprecie adecuadamente por dos factores mayoritarios. El primero de esos factores es el de no valorar lo que de manera regular disfrutamos, es decir que estamos por suerte tan acostumbrados a ver cine de animación de tan alto nivel que no se da el valor real a lo que tenemos delante nuestro. El segundo factor lo encontramos más en la –errónea– tendencia a desprestigiar o infravalorar (aquí excluyo a la crítica y cinefilia experta) el cine de animación por la manida coletilla de ‘es para niños’. Sin embargo nada más lejos de la realidad.

La realidad en ese sentido es clara, ya sean cortometrajes o largometrajes, que estos estén realizados artesanalmente, con tecnología digital o a través del stop-motion, es decir facturados en casi cualquier formato el cine de animación goza de una salud esplendorosa haciéndonos disfrutar de productos de un nivel alto o muy alto (evidentemente también aparecen a lo largo del año natural otros largometrajes en los que se evidencian defectos y no alcanzan el nivel deseado). En definitiva, de una manera u otra disfrutamos al año de una importante cantidad de películas que poseen un nivel altísimo en su diseño de animación, o bien que destacan por su humor, por su mensaje oculto o moraleja más epidérmica como por ejemplo ‘Zootrópolis’, ‘Kubo y las dos cuerdas mágicas’, ‘La tortuga roja’, ‘Batman: La Lego película’ o esta magnífica película que nos ocupa, ‘La vida de Calabacín’ –estrenadas en los últimos 15 meses en España–. Todas ella son un claro ejemplo de lo que comento: Virtuosismo, mensaje, disfrute para mayores y pequeños. Sin duda una edad de oro de la animación.

La vida de Calabacín’ es un film animado por stop motion de tan solo 66 minutos de producción franco-suiza y dirigida por Claude Barras que cuenta con numerosos reconocimientos desde que se presentó en la quincena de realizadores en el pasado Festival de Cannes: cuenta con las nominaciones al Globo y Oscar a mejor película de animación, las tres nominaciones a los Annie (premios del gremio de animación), los César a mejor film animado y mejor guion, el premio del público a mejor film europeo en San Sebastián, el premio a mejor película y premio del público en el Festival de Annecy y los premios de mejor película de animación en los Premios del Cine Europeo y en los Satellite Awards. En definitiva una muestra de la calidad innegable de esta pequeñita joya de la animación independiente europea.

La película nos cuenta de manera inteligentísima los devenires de Ícaro (a quién le gusta que le llamen Calabacín), un niño que se queda huérfano y es trasladado a un orfanato de la localidad. Allí Calabacín irá percibiendo muchas de las vivencias que un niño de 8/10 años experimenta en sus circunstancias: el conflicto con el abusón de turno, la ignorancia ante aspectos de la vida, la llegada del primer amor o la comprensión de su compleja situación. Apoyado con la música de Sophie Hunger y lo curioso del diseño animado de los personajes la película ira calando hondo en nuestro corazoncito de espectador. El tratamiento que se hace con el guion adaptado (obra de Céline Sciamma, Germano Zullo, Morgan Navarro y el propio Claude Barras) sobre las complejas situaciones mostradas –por ejemplo las dudas que aparecen o las duras situaciones vividas por los compañeros de orfanato- hacen que empatices de inmediato con esta breve historia (es de gran habilidad contar tanto y tan bien en tan solo 66 minutos) tan tierna y emotiva a la par que dura y dramática. Sin duda aquí radica el gran acierto del film, en saber trasladar y combinar esa dureza de la situación con esa alegría, simpatía y ternura de los diálogos de este grupo de jóvenes en problemas familiares.

Como indicaba nos encontramos ante un guion adaptado, en esta ocasión de la novela Autobiographie d’une Courgette de Gilles París la cual curiosamente no resulta su primera adaptación ya que en 2007 se llevó la historia a la televisión francesa a través de un largometraje de acción en vivo titulado C’est mieux la vie quand on est grand .

La película resulta una joya animada, fresca y enternecedora, una historia para ver en familia que hará emocionarnos a través de la tragedia pero que a la vez nos brindará más de un momento para la carcajada. Una narración que explora la complejidad infantil en situaciones de abuso o abandono familiar, la sexualidad en un tono muy divertido o la denuncia del problema de adopción en niños mayores de 6 años. Un cúmulo de virtudes que hacen de ella un film imperdible e indispensable, no solo para quienes saben apreciar el buen cine de animación, sino incluso también para aquellos que piensan que el cine de animación ‘no es para ellos’.

Texto: Alfonso Asín.

Lo mejor: La ternura en tratar temas tan duros como los presentados por los protagonistas. Cómo tratan la sexualidad adulta desde el prisma infantil. El uso de las metáforas. El evocador sonido mañanero de los gorriones.

Lo peor: Que pase tan pronto.

VALORACIÓN:

Animación: 8

Banda sonora: 7

Fotografía: 7

Dirección: 8

Guion: 9

Satisfacción: 7,5

NOTA FINAL: 7,75

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