Emociones desde el desamparo

Filmada en Miami, ‘Moonlight’ resulta el segundo largometraje del director afroamericano Barry Jenkins (quien debutara en 2008), una estupenda película para este semi debutante que se estrenó en Septiembre en los Estados Unidos en el marco del Telluride Film Festival para días después llegar al prestigioso Festival de Toronto.

Moonlight‘, la desde ayer sorprendente ganadora del Oscar a mejor película (3 premios en total) con inolvidable fallo final incluido, llegó a los cines españoles precedida de una enorme expectación dados los múltiples premios cosechados (Globo de Oro a mejor película en categoría de drama amén de otros muchos premios de la crítica americana) así como variadas nominaciones (8 de ellas a los Oscar, incluidas las de mejor película, director, guion adaptado y actor y actriz secundarios), . Un film que pudo salir adelante gracias a la mano de la productora Adele Romanski y sobre todo de la gran conexión habida entre Jenkins y el autor de la obra en la que se basa, el escritor homosexual afroamericano Tarell Alvin McCraney y su notable obra de teatro In Moonlight Black Boys Look Blue.

El film nos cuenta en tres fases –diferenciadas en capítulos en contraposición de la obra en la que se basa– el desarrollo personal de niño a hombre de Chiron, un joven afroamericano con una convulsa infancia y adolescencia que crece en una problemática zona de Miami. Un joven homosexual de aspecto frágil que buscará la manera de sobrevivir ante los duros acontecimientos que le rodean: la drogadicción de su madre, la falta de un padre y el ambiente violento que irradia su colegio y su barrio.

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Son varios los aspectos remarcables del film. Diversos y claramente diferenciados además que hacen de ella una película notable. Desde el cuidado por la iluminación y las diferentes tonalidades que utiliza James Laxton como director de fotografía en cada capítulo (se utilizaron diferentes marcas de película para la filmación de cada capítulo, algo que fomenta su diferenciación del tono lumínico), a la utilización de la magnífica banda sonora –también nominada al Oscar– compuesta por Nicholas Britell en la que entremezcla ritmos de violín con bases de música hip hop y música orquestal, dando el tono dramático necesario además de mostrar el marco contextualizado de la zona donde se desarrolla la historia. También es muy llamativa la propuesta visual de Jenkins, apreciada ya desde el primer plano de la película: un plano secuencia con cámara en mano que gira alrededor de los dos personajes en pantalla. Sin duda un estilo arriesgado para este tipo de film pero que aporta un mayor realismo y cercanía a las situaciones comprometidas y emotivas a las que el protagonista hace frente. Así pues, una puesta en escena que deja huella y con ínfulas de cine brillante. Sin embargo y valorando estos detalles así como los interpretativos (sobre todo una llamativa Naomi Harris) no veo en ella la quinta esencia cinematográfica que muchos han visto con anterioridad. Sí una buena película, bastante buena si se quiere, pero ninguna obra maestra y en mi opinión la 5 o 6 opción de entre las 9 nominadas a mejor película.

La historia es dura como era de prever. Nunca es plato de buen gusto adentrarse en el imaginario de un adolescente sobre el que abusan físicamente –sus compañeros– y lo que es peor, moralmente –una madre consumida por las drogas–. Sin embargo enseguida uno va entendiendo las motivaciones del personaje –por muy ocultas que estas sean– y los pilares sobre los que va edificando su aprendizaje (aquí es donde el papel de un estupendo Mahershala Ali, ganador ayer del Oscar a mejor actor secundario, entre en juego). Una historia sobre un amor prohibido, de una supervivencia en un juego donde las normas no favorecen, estructurado de manera inteligente y con un montaje que juega con el cambio físico de Chiron y Kevin en las tres etapas (tres actores interpretan a cada uno). Un guion adaptado -realizado entre Barry Jenkins y Tarell Alvin McCraney- que destaca como punto clave en el éxito de un film y de su provocadora

Sin embargo, motivado quizás por la falta de identificación con el personaje, por la falta de minutos del personaje de Juan (Ali) -un personaje que parecía iba a tener más peso en pantalla (aunque veremos que en la historia sí lo tiene), o lo costoso que resulta apreciar la sutilidad del personaje principal dada su tremenda timidez provocan cierta lejanía y falta de empatía con todo ello. Detalles cruciales para que la película que presenciamos pase la barrera de buena o muy buena a inolvidable y magistral.

A pesar de esto, la película es meritoria y merece la pena ser vista, máxime ahora con el galardón de mejor película en los Oscar de anoche, aunque creo que deberíamos bajarla un peldaño del supuesto olimpo del que provenía.

En definitiva un film que habla sobre la importancia de las referencias en la infancia, de la trascendencia del crecimiento en un marco adecuado, a caballo entre el documental y el drama íntimo y que ayer definitivamente echó la puerta abajo tras coronarse como mejor película.

Texto: Alfonso Asín.

Lo mejor: El guion y las texturas cromáticas. La interpretaciones de Mahershala Ali y Naomi Harris. La banda sonora.

Lo peor: A veces el uso de la cámara puede llegar a saturar.

VALORACION:

Banda sonora: 8

Fotografía: 7

Interpretación: 8

Guion: 8,2

Dirección: 7,3

Satisfacción: 7

NOTA FINAL: 7,5

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