Espíritu rebelde

Cuando aun no nos hemos desprendido del buen sabor de boca que nos dejó su penúltima película, “Sunset Song”, Terence Davies nos ofrece su nueva pieza de orfebrería, “Historia de una pasión”, perezosa traducción del original, “A quiet passion”, un título más preciso con el tono del film. Davies abandona las islas británicas para viajar a los Estados (aun no muy) Unidos en el siglo XIX y centrarse en la vida de Emily Dickinson que, junto a otros autores de la talla de Edgar Allan Poe o Walt Whitman, componen el grupo de los poetas fundacionales estadounidenses. A pesar de haber escrito alrededor de 1.800 poemas, solo una docena de ellos llegaron a publicarse en vida de la artista. Proveniente de una familia de prestigio y de férreas convicciones religiosas, no llegó a casarse y fue recluyéndose progresivamente en su casa familiar, hasta que en sus últimos años ni siquiera abandonó apenas su dormitorio.

Se puede ser rebelde o inconformista sin salir de manifestación por las calles. Emily Dickinson se rebeló contra las costumbres sociales y religiosas desde su entorno familiar. Su postura ante la opresiva influencia religiosa se manifiesta en la primera secuencia de la película. En ella un grupo de jóvenes internas en un colegio son obligadas a formar dos grupos según vayan a orientar su vida a las misiones o bien vayan a manifestar su fe en la sociedad y, como dicen en el film, “esperar a ser salvadas”. Emily queda sola y se niega a integrarse en ninguno de los dos grupos. La excelente educación recibida en su infancia le permite razonar ante quien le interroga sobre el por qué de su falta de ubicación. La siguiente escena, maravilloso plano secuencia, se desarrolla en el palco de la opera, donde manifiesta su pasión por la belleza de las artes. Una pasión sosegada pero vivida intensamente en todas las facetas de la vida.

La película tiene dos partes definidas. El cambio entre una y otra se refleja claramente en el rostro de la protagonista. La primera es luminosa, alegre, un abrirse a la vida desde el hogar familiar. La segunda, marcada por varios sucesos trágicos, es oscura, decadente. Decepción por no alcanzar los objetivos vitales. El tono amable del principio se torna grave y en ocasiones duro de contemplar si has empatizado con el personaje.

Igualmente se muestra, una vez más, las condiciones de las mujeres en los primeros años de vida de la Unión. A pesar de las privilegiada situación social de la poetisa, no estaban bien vistas las manifestaciones artísticas de las mujeres en algo que no fuera el coro de la iglesia. Solo gracias a influencias paternas pudo publicar alguno de sus trabajos. A esta represión contribuyó la severa religiosidad puritana imperante.

El guión escrito por Terence Davies se caracteriza por las ricas y elevadas conversaciones que mantienen los protagonistas, que obliga a estar atento como si de un film de suspense se tratase, no apto para despistados. Entre medias, los poemas de Dickinson recitados por ella sirven de transición. La dirección de Davies de nuevo es relajada como la vida de sus protagonistas, con suaves movimientos de cámara. A ello contribuye la preciosa fotografía de Florian Hoffmeister, que aprovecha la luz de unas velas para reproducir fielmente lo que era la vida en las casas en aquellos años. Entre ambos componen una delicada puesta en escena que reproduce con pulcritud el día a día de la poetisa.

Curiosa es la tendencia de Terence Davies de confiar papeles en sus films a actores/actrices a los que en principio no pensábamos ver en roles así pero de los que salen victoriosos. En Sunset Song dió un papel protagonista a la modelo Agyness Deyn; en La casa de la Alegría hizo lo propio con la Scully de Expediente X, Gillian Anderson. Y ahora hace lo propio con Cynthia Nixon, actriz americana que con esta actuación se desprende definitivamente de su papel de Miranda en Sexo en Nueva York. Y hay que decir que está de Oscar. Sus ojos y su dicción a la hora de recitar los poemas reflejan la pasión de la mujer y de la poeta, y también transmite con fuerza el sufrimiento que experimentó en los últimos años de su vida. Junto a ella, Keith Carradine incorpora al severo pero cómplice padre. Jennifer Ehle y Duncan Duff encarnan a sus hermanos y en una pequeña actuación, pero para mi de las mejores del film, Joanna Bacon asume el rol de la frágil matriarca del clan, autentica roba escenas en su breve intervención.

En suma, un nuevo regalo visual, estético y artístico de este exquisito director, para sentir y disfrutar siendo conscientes del tono lento pero placentero del film, con una gran ( y quizás oscarizable) actuación de Cynthia Nixon bien arropada por el resto del reparto, que nos permite conocer la vida de una de las primera poetas americanas y de paso la evolución política, social y religiosa de este país naciente.

Texto: Luis Arrechea.

LO MEJOR: La transición de la juventud a la madurez de los personajes que Davies logra utilizando las técnicas digitales.

LO PEOR: El contenido de algún dialogo excesivamente denso.

VALORACIÓN:

Banda Sonora: 7,5

Fotografía: 9

Interpretación: 9

Dirección: 9

Guión: 8

Satisfacción: 7,5

Nota Final: 8,3

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