Apología de la paternidad

Uno de los momentos más complicados que todo padre –o casi todo padre– debe de solventar con sus hijos es aquel en el que su amado retoño, pleno de dudas, trata de buscar una explicación al origen de la vida, al lugar del que provienen los bebés. Sudores fríos, retortijones de tripas y demás reacciones involuntarias se presentan como naturales ante tamaña empresa. Varios son los orígenes, improvisados o no, a los que los adultos recurren para escurrir el bulto, siendo París o las cigüeñas las más recurrentes. Entorno a estas últimas gira la historia de un film que emerge como una apología sobre las maravillas que ofrece la paternidad/maternidad.

Cigüeñas’, del debutante Doug Sweetland y del director de comedias disparatadas Nicholas Stoller (en su currículum encontramos las dos entregas de ‘Malditos vecinos’ o las también alocadas ‘Eternamente comprometidos’ y ‘Todo sobre mi desmadre’), no emerge en la cartelera como un film pletórico en la narración ni transgresor en la animación, sin embargo se constituirá como un momento de gran conexión con ese momento tan especial e irrepetible, aunque quizás sólo comprendido por aquellos valientes que hoy día se han animado a procrear.

Como casi toda película de animación que se precie, la historia presenta un hilo conductor que vertebra el guion, trama que se ve potenciada por el soporte que proporcionan los brotes de comedia alocada propios de Stoller y la casi siempre ineludible crítica social/humana. En esta ocasión, el objetivo de la más o menos fina ironía son todos esos padres (englobo aquí a hombres y mujeres si bien es más común en los primeros) que priorizan cualquier acto –laboral, social– por encima del disfrute de la compañía de unos hijos necesitados de apoyo, cariño y enseñanzas. También se muestran guiños hacia la adopción infantil, la descorazonadora ansia –en muchos casos inexplicable– por ascender laboralmente cueste lo que cueste, o incluso cierto aroma conservador sobre la prevalencia de costumbres arraigadas por encima de nuevas corrientes innovadoras (negativas eso sí en este caso).

La historia nos muestra cómo en Montaña Cigüeña viven las cigüeñas que tiempo atrás repartían a los bebés de todas las razas y religiones por todo el mundo. Sin embargo su labor ha sido modificada. Un empresario con ideas nuevas consideró que las cigüeñas ya no debían repartir bebés sino paquetería y correspondencia de una poderosa corporación de Internet. Junior, el mejor repartidor de todos, es propuesto para un ascenso si a cambio expulsa de allí a la única niña humana de Montaña Cigüeña, víctima de un descuido por parte de quién debía entregarla en su día. Junior sin querer activará la maquina de creación de bebés y tratará de entregarlo a sus padres mientras lo mantiene en secreto para su actual jefe. Para ello contará con la ayuda de su antiguo objetivo, la niña humana, poniendo así en peligro mucho más que un frustrado ascenso.

Junior representa al héroe egoísta que va comprendiendo a pasos agigantados la importancia de la labor que desempeñaba antes su especie, más relevante que la suya actual. El film explota la relación cigüeña/humana y el sentimiento de amor que empiezan a tener con el bebé que han de entregar presentando momentos de gran diversión y realismo, fácilmente identificables por todo aquel que ha sido padre/madre alguna vez. La evolución de la historia funciona a golpe de comedia y a pesar de caer en cierta monotonía momentánea la aparición de la manada de lobos ejercen de resorte cómico (con las voces de las hormigas de ‘El hormiguero’) francamente ingenioso.

El film se mantiene dentro del orden que establecen las líneas del dictado infantil, si bien el tramo final –sobretodo– emerge con un poder emocional superior, algo que provoca una mayor sintonía emotiva y un mayor grado de satisfacción. Puedo afirmar que ‘Cigüeñas’ no pasará a la historia de la animación pero sí se presenta como una merecida apología de lo bello y también sufrido que resulta ser padre/madre en los tiempos que corren. Disfrutable para mayores y pequeños.

Texto: Alfonso Asín.

Lo mejor: La mana de lobos. La comicidad que aportan los clichés típicos alrededor de los neonatos. El canto al amor hacia los niños.

Lo peor: Hay ciertos flecos de la historia que podrían resolverse mejor.

VALORACIÓN:

Música: 6,5

Fotografía/Animación: 6

Interpretación/Doblaje: 6

Dirección: 7

Guion: 6,5

Satisfacción: 7,5

NOTA FINAL: 6,6

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