Se acabó el juego

La fotografía que ilustra el cartel español de esta película nos muestra a una familia feliz. Supongo que el espectador despistado puede confundirse y pensar que va a ver una comedia romántica o simplemente lo que muchas personas entienden por ir al cine, es decir, evadirse de la realidad. En este caso, error, el film es puro cine que refleja situaciones actuales y muy reales. Pero dudo que los, con seguridad, pocos espectadores que vayan al cine a ver la última película de Joaquim Lafosse queden decepcionados. Después del paréntesis que supuso “Los caballeros blancos”, de recentísimo estreno en nuestras salas, y que trataba sobre cooperantes en el Chad, el director retorna a territorios ya explorados en películas anteriores como “Perder la razón”.

María y Borís se enfrentan al fin de su relación. Después de 15 años, la separación es la única solución viable. Separación que se dilata por algo muy normal en la sociedad actual: las dificultades económicas de uno o ambos miembros de la pareja que les obliga a permanecer juntos bajo el mismo techo hasta que se solucionen los problemas monetarios y uno de ellos pueda abandonar el hogar familiar. En medio, dos hijas gemelas que serán testigos, no mudos en algunas ocasiones, de la tensión entre la pareja.

Como sucede habitualmente, el título original, L’économie du couple”, es mucho más acertado que el español. La economía familiar como problema y la economía de espacio, datos y medios que Lafosse aplica a su trabajo. Economía en cuanto a la escenografía pues el 95% del film transcurre entre las paredes del hogar familiar (que al mismo tiempo es motivo de pelea en el matrimonio) con algunas incursiones en el pequeño jardín que rodea la casa, aunque muchas veces sitúa la cámara en el interior para mostrarnos las escenas que suceden en el exterior. Y dentro de este escenario, casi todo ocurre en la sala de estar/cocina. De esta manera, la tensión asfixiante que se respira entre quienes ya no se soportan se acrecienta aun más por la claustrofobia que supone no abandonar las cuatro paredes de lo que fue un hogar.

En el billar, cuando uno lanza la bola blanca, el resto salen despedidas por la mesa, unas se cruzan sin tocarse hasta que al final dos chocan. El marido y la mujer conviven en el hogar, tienen sus horarios, sus obligaciones, tienen un pacto a respetar mientras dure esa situación…deambulan por el hogar cruzándose, a veces uno mira fugazmente al otro, incluso busca el contacto esporádico. Pero al final chocan por algún motivo, el dinero, las niñas, los horarios, por la ruptura del pacto.

Economía en cuanto a los datos. Estamos al final y poco importa lo que motiva la ruptura. No sabemos si fue una infidelidad de uno o de ambos, si fue el desgaste de la relación, si simplemente se acabó el amor. Lafosse nos oculta esa información porque no es el tema en este caso. Lo importante es mostrar la montaña rusa de emociones, pocas son felices, en las que se ve inmersa la infeliz pareja. La parte civilizada, a pesar de haber un pacto, brilla casi siempre por ausencia y dejan paso a los reproches, las acusaciones, los gritos y los insultos. Y esta guerra salpica a los cercanos. Las hijas son testigos inocentes y como todos los niños, unas veces sufren, otras sacan a la luz su lado egoísta, rebelde y cruel. También a los amigos, testigos participes que son forzados a tomar posición por un bando u otro. Y por ultimo el resto de la familia, intentando traer calma allí donde las aguas están mas que revueltas.

Y Economía de medios. Lafosse rueda en scope para mostrar en algunos planos secuencias el deambular de los personajes, las largas discusiones, o simplemente la rutina familiar. Juega mucho con el fuera de campo, dejando en primer plano el rostro de un personaje que reacciona ante el comportamiento del otro que permanece fuera de plano. Escasos son también los interludios musicales que sirven de transición entre peleas y discusiones para reflejar el estado emocional de la pareja.

Después de nosotros es sobre todo un film de actores. El también director de películas como “Wild Life” o “Red lights” Cedric Kahn interpreta a Boris, el padre entregado a sus hijas, el “guay” para ellas frente a la rectitud necesaria de la madre, perdido en su vida profesional, el personaje que quizás aun alberga alguna esperanza en la relación. Berenice Bejo, a quien el mundo descubrió en “The artist”, es María, la que mantiene el orden en la casa, el personaje que tiene más claro el punto en el que está la relación y que, a pesar de algún momento de flaqueza, no quiere dar marcha atrás. A destacar la presencia de Marthe Keller, actriz suiza que irrumpió con fuerza en el panorama cinematográfico americano de los setenta con películas como “Marathon Man” o “Fedora” pero que acabó refugiándose en el cine europeo en films como “Ojos negros”.

Una ventana a la cotidianidad de una pareja a punto de ver extinguida su relación, expuesta desde la más sincera y cruda realidad, apoyada en unas excelentes interpretaciones, y que no persigue moralizar ni acusar; sin duda, todo el que haya tenido alguna relación fallida se verá reflejado en alguna de las situaciones que se recogen por que la película es eso, real como la vida misma.

Texto: Luis Arrechea.

LO MEJOR: La cena con los amigos. La secuencia del hospital. Los interludios de paz por contraste con resto. El frío final. Las interpretaciones de la pareja protagonista. La recuperación de Marthe Keller.

LO PEOR: Que quizás a alguien le parezca demasiado real.

VALORACIÓN:

Fotografía: 7,5

Banda Sonora: 6

Interpretaciones: 8,5.

Dirección: 7,5

Guión: 7,5

Satisfacción: 7,5

NOTA FINAL: 7,5

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