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Martes, 11 de diciembre de 2018
Deportes
Pablo Almazán

17/10/2001

Paco Salillas, el trotamundos del gol aragonés, vive ahora en el área del Castellón
Nació en Alagón hace 35 años y, tras jugar en el Real Zaragoza, sus goles han sido aplaudidos en Galicia, Cataluña y últimamente en tierras levantinas. Nadie creía en él, pero ya suma casi 500 partidos repartidos entre las tres primeras categorías del fútbol español. Se trata de Paco Salillas. Afirma que sólo jugará una campaña más. Y tras la retirada, fija con seguridad en Aragón su lugar de residencia en una nueva vida que tendrá en los negocios su fuente de actividad y supervivencia.
Zaragoza.- Salillas ya ha cumplido 35 años de edad y también 15 temporadas como futbolista profesional. Atrás quedan sus primeros y modestos inicios en clubes aragoneses. Comenzó en el Illueca, cuando estaba realizando el servicio militar. Luego pasó por el Teruel, donde aún no se explican cómo ha sido capaz de jugar en Primera División, y el Binéfar, equipo en el que apenas tuvo oportunidades.

“Creo que un jugador –afirma Salillas- que lleva 450 partidos entre las tres máximas categorías del fútbol español, como es mi caso, no debe hacer caso de lo que puedan opinar los demás. Es cierto que en determinados clubes, donde comencé mi andadura en el mundo del balompié no tienen un grato recuerdo de mis cualidades profesionales, sin embargo, insisto que mis marcas dejan todo muy claro, tanto de lo bueno como de lo menos brillante”.

Su llegada al filial zaragocista y su ascenso al primer equipo, de la mano del técnico serbio Radomir Antic, resultó clave para su devenir futuro. El entonces entrenador zaragocista se fijó muy pronto en las cualidades del “chaval de Alagón” y, también bajo la cobertura de las escasas inversiones de la entidad en el capítulo de refuerzos, amén del rosario de lesiones que por aquel entonces sufría la plantilla, ahí comenzó su auténtico protagonismo como profesional del fútbol.

ANTIC, SU PRIMER PROTECTOR

“Antic y mi trabajo resultaron clave para que yo pudiese debutar en Primera. Siempre tendré que agradecerle a Radomir la oportunidad que me brindó, pero no fui yo sólo el único favorecido por la labor de éste -afirma Salillas-, sino que bastantes hombres de la cantera aragonesa, entre otros el exmadridista Javier Villarroya, han llevado a buen fin sus respectivas trayectorias profesionales gracias a la fe que Antic tenía en la cantera”.

La rápida dimisión del uruguayo Ildo Maneiro y la inmediata llegada al primer banquillo zaragocista del por aquel entonces técnico más joven en Primera, Víctor Fernández, provocó que Salillas comenzase a preparar su marcha hacia otros lares. Su amistad con el actual entrenador del Celta no le valió para contar con más ventajas que el resto del plantel. Y su baja no tardó en producirse. “Me fui a Vigo, con el equipo en Segunda A, porque Víctor no contaba conmigo para nada. Yo no tenía edad para estar en la grada, preferí bajar, aunque fuese momentáneamente, de categoría con tal de ser útil sobre el césped. Y lo conseguí tanto a nivel conjunto, con el ascenso, como a título personal, pues me convertí en un auténtico ídolo de la afición viguesa y marqué 17 goles”.

Víctor Fernández, desde esa época, ya no cuenta con la más mínima simpatía del delantero aragonés. “Si veo a Víctor por la calle, ni le saludo. No sabe tratar al jugador, pero tampoco es su fuerte el trato personal. Puedo comprender que él no creyese en mí como futbolista, pero no se comportó humanamente ni conmigo ni con la gente de la cantera, a la que, además, casi cortó totalmente las alas”. “En mi caso -continúa Salillas- y después de haber sido los dos habituales en mil y una partidas de guiñote que jugábamos en casa de un amigo, sin explicación alguna, me dio totalmente la espalda”.

Valorar el dinero, su forma de conseguirlo y cómo invertirlo, ha configurado una trilogía de supervivencia en la vida del actual punta del Castellón. Cazador de palomas, camarero eventual durante las fiestas de su Alagón natal, comprador de suelo buscando su revalorización y, entre otras, inversiones en tiendas de material deportivo, marcan parte del carácter de Salillas. Y bajo esta personalidad puede entenderse que siempre haya antepuesto un buen contrato antes que la categoría donde actuar, como le ocurrió cuando dejó al Celta para firmar por el Lérida.

ÍDOLO VIGUÉS

“En Vigo era el gran ídolo del público. Pero llegó un momento en el que ya no actuaba con la frecuencia del principio. Por eso, y por lo suculento de la oferta, accedí a irme al Lérida, aunque fuese en Segunda A”.

En tierras ilerdenses coincidió con Mané, un entrenador que era muy popular entre los clubes catalanes de Segunda A y B, pero al que le faltaba el espaldarazo de asentarse en un banquillo de Primera. Salillas fue siempre titular con él. Y su opinión es doblemente positiva sobre el entrenador del Alavés.

“Mané sí que es un técnico de categoría. Sabe siempre lo que quiere, tiene todo muy claro y, aunque se puede equivocar, la palabra duda no tiene cabida en su diccionario particular. Ha sido el mejor entrenador que he conocido”.

Lérida se rindió a sus goles. Incluso, en el mercado de diciembre, el Valladolid quiso devolverle a Primera, pero el ariete de Alagón prefirió no cambiar de aires. “Me esperaba el Villarreal. En el primer equipo en tierras valencianas estuve muy a gusto la primera temporada, pero luego el entrenador se olvidó de mi”. Un ostracismo extraño, a pesar de que Salillas fue titular durante 34 partidos en la temporada anterior y se había convertido en el máximo anotador del equipo. “Por ese motivo, tuve que volver a replantearme cambiar de club”, dice el futbolista, y encaminar su futuro hacia el Levante, un equipo de Segunda.

El delantero aragonés olvida citar que los tres años de contrato que le ofreció el segundo club de Valencia también resultó decisivo para bajar de categoría. “Hombre, claro que hay que mirar el dinero; sin embargo, también se ve de otra manera cuando no estás jugando en un determinado conjunto. Yo me marché muy ilusionado al Levante, donde, además de ser el capitán y el máximo goleador, me convertí en un padre para todos mis compañeros y la referencia cariñosa de la hinchada”.

Renovado antes de concluir la pasada temporada, Salillas, sin embargo, no paró hasta que el presidente del Levante, pese a las críticas recibidas y al pago de 20 millones de pesetas, aceptó que se marchase al Castellón.

“Hay que valorar el tesón que pusieron los de La Plana para enrolarme en su plantilla. Me ofrecieron un buen contrato y un año más del que tenía en Valencia. Y a ver quién, a mi edad, rechaza esa prebenda”.

“EL DINERO NO ES MI OBSESIÓN”

Rechaza, no obstante, que el dinero sea su única obsesión: “Mira, si al final de esta campaña no me veo bien, renuncio al segundo año que tengo de contrato y me voy a vivir a mi Alagón natal, donde, a la postre, acabaré regresando. Ahora, sin embargo, y pese a que el Castellón no anda bien, yo ya llevo marcados cuatro goles en siete partidos”.

El ex jugador del Real Zaragoza sorprende cuando diferencia el juego existente en las tres primeras categorías del fútbol nacional: “La Segunda B es la más complicada de todas. Yo he jugado en todas y no hay color. Por eso yo no me sorprendo de que varios equipos de la parte alta de Primera hayan caído en la Copa frente a rivales de menor categoría”.

Fuera del capítulo deportivo, en el que no piensa seguir tras su retirada “tras acabar con el Castellón, seguro que me jubilo”, la peseta volverá, como para casi todo el mundo, a resultar vital para una existencia más o menos acomodada en lo económico. Aún sin total clarividencia, sólo tiene claro que “tendré dos años de paro”. Después, “los negocios marcarán mi nueva actividad. Ya tengo pequeñas cosas en marcha con algunos socios, inversiones en mi tierra y, sobre todo, una gran finca con caballos donde pienso llevar una vida mucho más tranquila que la que he conocido desde mi juventud.”.

El paso del tiempo le ha hecho variar un tanto sus aficiones: “Aunque aún tengo un deportivo y un todo terreno, y a pesar de que sigo cazando, la verdad es que ahora disfrutó mucho más del pequeño que acabo de tener, hace tres meses, con mi segunda esposa. Quizás, me estoy tomando la revancha de lo poco que, para lo que deseo, veo a la mayor”,

Más sosegado que nunca, Paco Salillas no quiere mojarse sobre el primer equipo de su tierra aunque afirma que “por ahora, está teniendo de todo”. No obstante, su criterio lanza un aviso tras la vuelta de Rojo: “segundas partes, y más en fútbol, casi nunca acaban bien”.