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Sábado, 21 de abril de 2018
Tribuna Digital
José María Ariño Colás

8/12/2017

Por una ciudad más habitable

A nadie se le oculta que el ciudadano de a pie debe ser el más beneficiado de los cambios en el diseño y estructuración de las grandes ciudades. En una ciudad como Zaragoza hay que valorar con la mayor objetividad posible y sin el filtro subjetivo de las preferencias políticas los logros que se han llevado a cabo en este sentido en los últimos tres lustros. Pocos recuerdan ya esa Zaragoza atestada de tráfico por sus calles más céntricas, con muy pocos kilómetros de carril bici y con casi ninguna calle peatonal. Porque, a pesar de las polémicas, discrepancias y diferencias de criterio, Zaragoza se ha convertido en los últimos años en una ciudad europea en el mejor sentido de la palabra. De todos modos, hay que reconocer que todavía queda mucho camino por recorrer, ya que no sólo hay que cuidar la parte más céntrica de le ciudad sino que hay que empezar a mirar hacia los barrios y las zonas más descuidadas.

Si el impulso de la Expo de 2008 supuso un espaldarazo para la recuperación de las riberas del Ebro y del recinto de Ranillas, casi diez años después hay todavía muchas asignaturas pendientes para que la capital de Aragón sea más habitable. En realidad, son tres los pilares sobre los que se está asentando esa transformación de la ciudad: la peatonalización de algunas calles del centro - como la calle Alfonso -, la puesta en funcionamiento de la línea 1 del tranvía y la ampliación de la red de carriles bici. Esto ha supuesto una importante reducción del tráfico rodado por el centro, una disminución de la contaminación y una apuesta clara por el bienestar del ciudadano.

Respecto a la peatonalización de algunas calles, todavía hay mucho que mejorar. Aún nos preguntamos por qué no se ha decidido ningún alcalde a remodelar la calle Don Jaime I. Por no hablar de lo favorable que sería para el ciudadano transformar en peatonales el Coso Bajo o la plaza de los Sitios. Hablar del tranvía siempre nos lleva a recordar la polémica que suscitó la construcción de la línea 1, que bate año tras año el récord de pasajeros. Los que criticaron el proyecto están ahora callados y satisfechos, a pesar de que la gestión no ha sido la adecuada. Lo mismo ocurre con los carriles bici, que rondan ya los 130 kilómetros. ¿Quién critica actualmente estos tres pilares que contribuyen día tras día a equiparar nuestra ciudad con otras centroeuropeas?

No sé cuáles van a ser las transformaciones de Zaragoza en los tres próximos lustros ni quiénes van a ocupar los puestos de responsabilidad municipal. Pero lo que está claro es que, gobierne quien gobierne, no deberían perder de vista estas mejoras tan evidentes. Para ello hay que dialogar y llegar a un consenso que dé el visto bueno a la línea 2 del tranvía, que uniría el barrio de Delicias con los de Las Fuentes y San José y complementaría el servicio que está prestando la línea actual. A pesar de los problemas económicos, vale la pena seguir adelante con un proyecto tan ambicioso. La peatonalización de otras calles – no sólo del centro – también debería seguir adelante. Aunque en un principio las obras suponen una molestia para los vecinos y comerciantes, a medio plazo lo agradecen tanto unos como otros. Y, paralelamente a estos proyectos, sería conveniente ampliar el servicio Bizi y completar los carriles que todavía están en estudio, por ejemplo en la futura reforma de la avenida de Cataluña. Todo un reto para los nuevos equipos de gobierno de la ciudad y un beneficio para el ciudadano.


Profesor de Secundaria