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Sábado, 3 de diciembre de 2016
Cartas al director

9/1/2014

Un cateto de Zaragoza

En la nueva serie televisiva de Antena 3 "Bienvenidos al Lolita" algunas cosas chirrían bastante: la historia de desengaño amoroso,intento de suicidio y posterior paseo en moto de la colegiala suicida, que evidentemente es veinteañera, un tanto mayorcita para ir al colegio, con el atractivo camarero que le da calabazas. Otros sucesos poco sólidos son la historia de amor del cuarentón con la joven exnovia de su hijo o que el cabaret se llene de público gracias a otro intento de suicidio de otro personaje desde el tejado del local y retransmitido por la televisión. Por añadidura, en la película se anuncia que compra el negocio "un cateto de Zaragoza".

¿Somos catetos los zaragozanos? Parece que para los que viven en Madrid los que residimos en provincias seguimos siendo considerados catetos, como antaño, al menos por los guionistas de esta serie. El cateto en cuestión, interpretado por Luis Varela, no evita cantar de mala manera una jota en una reunión de comida, tópico más que sobado. Este cateto es en realidad de La Almunia de Doña Godina, según se dice en la película, lo que debería tranquilizarnos a los zaragozanos si fuese trascendente lo que se dice en las series televisivas, que no lo es por lo general.

Según la Real Academia Española, un cateto es un lugareño (alguien que vive en una población pequeña), un palurdo, persona tosca y grosera, propio de los habitantes de pueblos y aldeas. No es precisamente un halago que te señalen como un cateto, término siempre despectivo, siempre lanzado como insulto. Es una estupidez despreciar a los que no viven en la capital de un país, pero es costumbre muy arraigada.

Un columnista del ABC llamó catetos a los parlamentarios andaluces porque veraneaban en sus pueblos natales y afirmaba que viajar curaba el nacionalismo. Los catetos zaragozanos y de otras provincias, según dicha teoría, nos curaríamos de esa tara si viajásemos más o al menos si fuésemos a Madrid, que es lo que hace el personaje de la serie, que además se lleva a su tonto sobrino para que espabile. En Zaragoza era imposible que se espabilara.                 


Antonio Nadal Pería

Cartas al director