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Jueves, 14 de diciembre de 2017
Tribuna Digital
Víctor Manuel Pérez Martínez

10/5/2013

Viejos retos para una educación universitaria de calidad

¿Por qué quieres estudiar en una universidad? Es una pregunta muy concreta y es satisfactorio cuando tienes la oportunidad de intercambiar ideas con jóvenes que aspiran a ser universitarios porque traen con ellos la batalla interna entre la incertidumbre, la inocencia, la novedad, la libertad y la ilusión. La mayoría no se imaginan qué les espera en un campus universitario. Desde vivir la sensación de un espacio físico diferente al instituto a los debates, en algunos casos polémicos, sobre teorías, fórmulas o técnicas con un profesor que intenta convivir entre las actividades de gestión, el cumplimiento de objetivos académicos y el seguimiento a los estudiantes que cursan su materia. Incluyamos, además, vivir una etapa en la cual se deben asumir individualmente decisiones importantes en el ámbito académico, profesional y personal.

Pocos visualizarán en su primer día como universitarios que en las aulas, sean públicas o privadas, tendrán la oportunidad de madurar, asumir responsabilidades, convivir con personas que piensan y observan el mundo de una manera diferente. Un lugar para proyectos únicos y que poco o mucho tendrán que ver con el contexto competitivo del día a día de nuestra sociedad; por cierto, nada proclive a valorar el esfuerzo, premiar los aciertos, apreciar los éxitos y aprender de sus errores.

El debate público sobre la enseñanza universitaria algunas veces es ajeno a la cotidianidad de las aulas. Los únicos testigos, y protagonistas, son los alumnos con su profesor. Poco le interesa esta vivencia al discurso político demagógico y sin sentido. En las aulas de nuestras universidades hay debates de altura, prácticas, discusiones, análisis, proyectos emprendedores, reflexiones y acciones concretas que intentan aportar soluciones a los problemas que afectan a nuestra sociedad.

La vida universitaria es irrepetible por la carga emocional, intelectual y de trabajo que se genera. Visión diferente es la de quienes obtienen su titulación y recuerdan el primer día de la universidad; y los sucesivos. En algunos casos con melancolía pero casi todos con la sensación de vértigo al ser el momento de asumir la realidad del mundo externo. Percepción también diferente de quienes después de unos años se reencuentran con su alma máter. La distancia del primer día de clases y del día de la graduación hace valorar con un matiz particular aquellos años vividos.

Los estudiantes, profesores y responsables de la Universidad San Jorge hemos tenido en estas últimas semanas instantes para reflexionar sobre nuestra responsabilidad en estos tres contextos. Las jornadas de puertas abiertas han acercado a futuros estudiantes, la graduación de una nueva promoción hace que se plantee los retos hacia el futuro y los encuentros con antiguos alumnos han permitido evaluar, con la perspectiva que ofrece el tiempo, nuestra actuación en la sociedad después de cinco años de su primera promoción.

La universidad es un espacio social de convivencia, reflexión y conocimiento. Punto de partida para formar en otras competencias a quienes asumirán, tarde o temprano, con mayor o menor responsabilidad, el destino de proyectos o de organizaciones. Aún más importante, asumir un proyecto personal de vida en la complejidad de un mundo en el cual se requiere de referentes y valores para asumir las dificultades.

En una universidad hay hombres y mujeres con deseos de aprender a aprender a descubrir el mundo, hechos, ideas, técnicas, personas, conocimientos; a descubrirse a sí mismos y trabajar por una sociedad diferente. En una universidad hay profesores comprometidos con la formación integral de esos hombres y mujeres. Dispuestos también a aprender a aprender de la propia enseñanza y de la investigación; de la ilusión, del impulso, de la creatividad y de la perspectiva de sus alumnos. No podemos olvidar que en una universidad también hay un equipo humano de dirección, de gestión y de servicio comprometido con un proyecto formativo y una sociedad que le otorga esa responsabilidad.

En concreto, la experiencia de la docencia en cualquiera de los sistemas y al margen de ideologías políticas requiere de vocación y debe trascender más allá del debate político partidista. Es un compromiso con la sociedad, con el presente y el futuro de los jóvenes que tienen el ideal de cambiar el mundo. Identificar los sueños, expectativas, esperanzas de nuestros alumnos es, a mi modo de entender, el reto de una formación integral fundamentada en valores humanistas y cristianos. Es la estrategia para identificar puntos de encuentros que faciliten el avance en su formación teórica, técnica, humanista e integral.

La universidad tiene sentido en la medida que pueda aportar a la sociedad ideas y acciones para el cambio y la construcción de una sociedad más justa y humana.


Comunicador Social y Profesor en la Universidad San Jorge