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Martes, 21 de noviembre de 2017
Sociedad

30/12/2011

"Los políticos están más preocupados en evitar que los jóvenes ensucien y hagan ruido con el botellón que en su formación"

Fernando Sopesens Serrano nació en Zaragoza en 1956. Es médico psiquiatra y cuenta con una amplia experiencia profesional como terapeuta. En su consulta ha recibido a todo tipo de pacientes y cree que la psiquiatría cada vez está menos discriminada. En los últimos tiempos ha tratado en profundidad el alcoholismo en los jóvenes.
Óscar Fernández Civieta
El psiquiatra tiene una amplia experiencia profesional como terapeuta

Zaragoza.- Fernando Sopesens Serrano es médico psiquiatra y cuenta con una amplia experiencia profesional como terapeuta en diferentes instituciones como el Sistema Nacional de Salud, el Teléfono de la Esperanza de Aragón, del cual fue miembro fundador, y el Hospital General de la Defensa.

Además, forma parte de varias sociedades psiquiátricas y colabora en diferentes proyectos de investigación y divulgación. Actualmente, ejerce su profesión en la Asociación Aragonesa Pro Salud Mental (Asapme) y en su consulta privada. Asimismo, es experto en redes sociales y adolescentes.

Pregunta.- ¿Cuáles son los problemas más habituales de la gente que recibe en su consulta?
Respuesta.- Los de patologías mentales, entendiendo por patología mental las enfermedades genuinamente psiquiátricas como las depresiones, los trastornos de ansiedad, las fobias, la esquizofrenia, las dependencias a sustancias o los trastornos de personalidad, es decir, todo lo que está dentro de las patologías psiquiátricas.

P.- ¿La situación económica actual puede provocar que más gente busque ayuda psiquiátrica?
R.- Ahora hay mucha información que avala que la crisis puede generar patologías mentales. Por mi experiencia, esta situación no redunda en este tipo de patologías. Cuando la gente tiene problemas tan serios como la hipoteca o no tener que comer cada día, lo que hace es sobrevivir como puede, con tristeza o no, con depresión o no, pero en lo que menos se piensa es en ir al médico, se piensa en sobrevivir. Épocas largas de paro o con grandes preocupaciones económicas pueden incidir negativamente sobre personas con personalidades vulnerables, pero si no fueran estos problemas serían otros los que provocarían estas patologías.

P.- ¿La gente sigue pensando que si alguien va al psiquiatra es que está loco?
R.- Afortunadamente esa mentalidad ha cambiado muchísimo y a los psiquiatras se nos discrimina menos. Yo hice la misma carrera o especialidad que puede hacer un ginecólogo o un urólogo, y trato enfermedades mentales que se derivan de las disfunciones químicas del cerebro. Hasta que no penetre en el tejido social la idea de que el cerebro, como un órgano más del organismo, también disfunciona y también tiene sus enfermedades, lo de ir al psiquiatra se quedará en la anécdota de la locura. La gente en esto ha adquirido cultura y a eso ha contribuido la divulgación que se ha hecho. Todavía hay cierto estigma, por cierto, por los medios de comunicación que hacen un maltratamiento de las noticias, sobre todo, de pacientes con enfermedad mental grave, que cuando cometen un delito aparecen en primera pagina, mientras que en el mismo periódico, en la pagina 16, hay delitos mucho peores. Contribuimos un poquito a difundir la idea de que la enfermedad mental hace peligrosas a las personas. Yo llevo 30 años entre enfermos mentales graves y nunca he tenido ningún percance, al contrario, me he sentido muy gratificado en el trato con personas que no son enfermos, sino que están enfermas.

Alcohol y jóvenes

Sopesens cree que la juventud actual ve en el consumo de alcohol la única forma de divertirse
Sopesens cree que la juventud actual ve en el consumo de alcohol la única forma de divertirse

P.- ¿Es preocupante el consumo de alcohol entre los jóvenes?
R.- Lo preocupante es que la juventud actual vea en el consumo de alcohol la única forma de divertirse. Es preocupante porque existe una crisis de imaginación y de creatividad alarmante, quizás favorecida por las nuevas tecnologías ya que el adolescente no sabe hacer un buen uso de ellas, pasa muchas horas con el ordenador o las maquinitas y cuando sale, sólo ve estímulo en el consumo de alcohol. Además, crece el número que consume alcohol y disminuye la edad de inicio. Los políticos no saben por dónde les da el aire, están más preocupados en que no hagan ruido y no ensucien con el botellón que en el verdadero problema de fondo que es enseñar al joven a que se comporte, a que sepa utilizar el tóxico que supone el alcohol y a que beba cuando está maduro. He leído que los grupos políticos decían que había que tomar medidas contra la suciedad y el botellón, pero lo que hay que hacer es tomarlas en la formación de los jóvenes.

P.- ¿Cuándo se convierte el consumo de alcohol en un problema?
R.- En el momento en que el tóxico controla al joven o cuando el joven padece los efectos propios del consumo en cantidades elevadas de un tóxico. Hay un problema de entrada y es que en España somos productores de alcohol, no lo vemos peligroso. Hay una cultura del vino, una cultura de ingesta de alcohol con la que se ha convivido. Hace años había jóvenes que se emborrachaban pero había un mejor saber beber. Ahora hay mucha más permisibilidad, hay mayor libertad y las personas que la ejercen no están preparadas para hacerlo. Luego también hay un desconocimiento del tóxico, el alcohol es una droga dura que puede crear una dependencia. A pesar de todas las campañas informativas, hay que darle más seriedad e importancia en los hogares, que los padres hablen, charlen, dialoguen, y que les enseñen desde pequeños a ser ciudadanos que se comporten como tal y no como vándalos.

P.- ¿Qué margen de culpa tienen los padres?
R.- Los jóvenes hasta los 18 años son responsabilidad de los padres, nos guste o no, lo critiquemos o no. Corresponde a ellos el que sus hijos lleven una existencia normalizada. Después es el joven el que carga con la responsabilidad de sus conductas en todos los sentidos, pero también en el de su salud. Con 18, el joven adquiere el derecho a votar, el derecho de tener libertad para decidir, pero también adquiere la responsabilidad de su salud y de comportarse cívicamente, y si no pues se aplican las medidas que vengan en la ley.

P.- ¿Entre los jóvenes pasa, como en los adultos, que se refugian en el alcohol después de una noticia dura, o simplemente es por diversión?
R.- La razón fundamental del consumo en los jóvenes es esa idea de pertenencia al grupo, la trasgresión de las normas, el participar casi en rituales; porque el botellón no deja de ser un ritual. Se junta la tribu, la banda, alrededor de las botellas y se lleva a cabo el sacrificio de beberse los vasos que sean o de charlar siempre con la ingesta de alcohol. Este tóxico modifica la personalidad, crea alteraciones físicas y todo ello mina la salud física y mental del joven. Puede pasar de todo: comas etílicos, chavales con problemas neurológicos, todo lo que se deriva de la ingesta de un tóxico que es duro e importante cuando se ingiere en cantidades excesivas.

El pisquiatra opina que hay una crisis de imaginación y de creatividad alarmante entre los jóvenes
El pisquiatra opina que hay una crisis de imaginación y de creatividad alarmante entre los jóvenes

P.- ¿Cómo se puede prevenir el alcoholismo entre los jóvenes?
R.- Hay que seguir informando a los jóvenes en casa, mentalizar a las familias de que mientras no se cumplan los 18 años son responsables y tienen que ejercer el principio de autoridad que está un poco denostado. Se echa a faltar la figura del padre autoritario y con afecto, el padre debe educar con afecto y firmeza. Hay que transmitir a los jóvenes que si quieren ser libres y quieren ejercer la libertad de pensamiento y de acción tienen que ser responsables de sus conductas. En la sociedad en la que vivimos si una conducta atenta contra la libertad de los demás se le castiga. Si queremos vivir en esta sociedad y jugar a que somos democráticos debemos cumplir estos principios

Otras drogas

P.- ¿Todo esto se puede extrapolar a otras drogas?
R.- Sí, sí, claro. Hay una sensación entre los jóvenes de no percibir el riesgo que entraña el consumo de cannabis, que al igual que el alcohol es un asesino silente. Poco a poco va deteriorando la percepción del individuo, lo que se conoce como las paranoias del porro, que es cuando empieza a creer que todo el mundo le observa o habla de él. Hay que tener en cuenta que en la relación con todos los tóxicos hay dos factores: el tóxico en sí y el terreno sobre el que se asienta, es decir, la persona. Hay personas más vulnerables y otras menos. Con todo tipo de tóxicos sucede lo mismo, una pequeña cantidad en alguien vulnerable puede hacer mucho daño y una cantidad mayor en otras personas puede no hacer nada. Pero los tóxicos siempre alteran la conciencia, de ahí que se haya disminuido mucho el grado de alcoholemia en la conducción, porque es verdad, cuando uno va con una caña o con dos no conduce igual.

P.- Entre los jóvenes parece que la gente que fuma mucho cannabis no son considerados drogadictos, ¿por qué ocurre esto?
R.- Será en la sociedad porque en la medicina sí. Todos los consumidores piensan que controlan el cannabis, sin embargo, provoca alteraciones cognitivas de atención, de memoria, de concentración y deteriora la personalidad, cambiando a esa persona de responsable a pasota que elude las responsabilidades. Hay un gran número de personas que empiezan a consumir cannabis y empiezan a fracasar en los estudios. Piensan que la culpa siempre es de los demás, pero realmente cuando dejan un mes de consumir se dan cuenta de que la percepción que tienen de la realidad cambia a mejor.

Fernando Sopesens ejerce su profesión en Asapme
Fernando Sopesens ejerce su profesión en Asapme

Malos tratos

P.- En lo que se refiere a los malos tratos, ¿cuándo hay una agresión siempre se puede considerar que esa persona tiene un problema de salud mental?
R.- No, no, yo creo que un 90% de los casos de violencia de género tienen detrás una historia de consumo de tóxicos y, sobre todo, de alcohol. El consumo de alcohol en grandes cantidades deteriora la personalidad y hace que la persona sea menos tolerante y más agresiva, además, llega un momento en que se puede convertir en violenta. Después hay casos en los que la persona es violenta y utilizan la violencia física como un medio de someter a la pareja y salirse con la suya, simplemente son personas malvadas. Luego hay situaciones que tienen que ver con las pasiones, personas que son muy pasionales, aman con mucha pasión y odian con mucha pasión, y en el odio se puede ser violento. Todos estos casos de malvados o de pasionales representan un porcentaje mínimo que no tiene que ver con el consumo de tóxicos. Si se junta el consumo de tóxicos con una persona malvada la mezcla es una bomba

P.- Si un hombre que haya pegado a su mujer llega a su consulta y dice que no lo entiende, que no sabe qué le pasó, ¿cómo actúa?
R.- Le ayudo, le hago ver de dónde viene su agresividad, hacerle ver la necesidad que tiene de ejercer la violencia y si la causa el consumo de alcohol sugerirle que deje de consumirlo. Es algo muy agradecido y satisfactorio porque cuando toma conciencia de su problema y deja de consumir alcohol o lo que consuma, su relación con la pareja y con el entorno cambia notablemente a mejor.

P.- ¿Cómo se resuelve el problema de los malos tratos?
R.- Al maltratador hay que identificarlo, las personas maltratadas deben denunciar, aunque por mi experiencia es muy fácil desde fuera decir: denuncia, vete, sepárate, pero hay que estar en la piel de esa persona para saber sus miedos, sus posibilidades, sus limitaciones y por qué no se hace. No cabe duda de que cuando se identifica a un maltratador hay que plantarle cara, tomar las medidas legales y si el maltratador voluntariamente reconoce que tiene un problema pues ayudarle y enseñarle a dejar de maltratar. 

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