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Miércoles, 24 de abril de 2019
Sociedad
17/10/2011

"Tenemos escuelas del siglo XIX, con profesores del siglo XX y con muchachos del siglo XXI"

Marta Gascón Jiménez
El padre Ángel Astorgano ha trabajado desde hace más de 30 años en defensa de la identidad y la calidad de la escuela católica

Zaragoza.- La Oficina Internacional de la Educación Católica (OIEC) organiza cada cuatro años un congreso mundial para promover valores éticos y morales en el campo de la enseñanza. En su decimoséptima edición, este Congreso Mundial de la Educación Católica será celebrado en Zaragoza, del 18 al 21 de octubre. Bajo el lema “La Escuela, un lugar de esperanza para los Derechos Humanos”, la sede central de Cajalón y sede operativa de la Nueva Caja de Aragón reunirá a expertos de todo el mundo que debatirán sobre las mejores líneas de actuación para adaptarse a los jóvenes de hoy en día y generar en ellos confianza hacia el futuro.

El secretario general de la OIEC, el padre Ángel Astorgano, ha trabajado desde hace más de 20 años con adolescentes y ha sido testigo de un cambio en la juventud. Lo importante, asegura, es renovarse y disipar ese clima de desconfianza y de falta de ilusión en el futuro que existe hoy en día debido a la multitud de crisis que está sufriendo la humanidad.

Pregunta.- Ocupa usted un cargo importante dentro de la Oficina Internacional de la Educación Católica. ¿Cuál ha sido su trayectoria profesional?
Respuesta.- He trabajado fundamentalmente en la escuela. Fui salesiano en Bilbao y mi trayectoria se ha centrado en coordinar y delegar en esta zona, donde he trabajado, sobre todo, en formación profesional, orientación educativa y acreditación de calidad de los centros. Estuve en el cargo de secretario general de la Organización de Escuelas Católicas en España de 1993 a 2001, momento en el que pasé a ser elegido secretario general de la OIEC.

P.- En ese papel de orientador que usted ha jugado, ¿cómo ha visto el cambio de una época a otra en cuanto a la actitud de los jóvenes?
R.- En los últimos diez años, la juventud ha dado pasos para asentarse ante realidades nuevas, con lo cual han pasado a ser jóvenes nuevos. Los adolescentes de hoy tienen poco que ver con los adolescentes con los que yo traté en los años 80. Estos jóvenes tienen hoy varias escuelas, las cuales les informan, educan y conforman como lo que son. Esas escuelas son la familia, el colegio, la calle, los amigos, la televisión, los medios de comunicación, Internet y las redes sociales, por destacar los más comunes. En estos últimos, los adolescentes viven más gozosamente su calidad de jóvenes.

P.- ¿Resulta difícil trabajar con jóvenes?
R.- El reto de hoy en día es conseguir estar cerca de ellos, cerca de la juventud, guiarles para que admitan a los demás en su compañía. Las personas que viven a su alrededor son personas de las que van a recibir ayuda y a los que también van a ayudar.

P.- ¿Qué papel juega la OIEC en la educación a nivel mundial?
R.- La OIEC agrupa y coordina los colegios y con ello se intenta ayudar y orientar sobre la tarea educativa de hoy, que tiene sus novedades. Nuestra escuela católica tiene que insistir en dos aspectos: su identidad, la escuela católica es una más de los muchos tipos de escuelas que existen en el mundo, pero debemos de ser conscientes de que no debemos descafeinar nuestra oferta educativa, ya que nuestra escuela tiene un proyecto educativo pastoral que ofrece a los muchachos la religión como una forma de vivir; y su calidad, hemos alcanzado un nivel de aceptación y valoración por parte de la sociedad y de la familia importante, pero hay que introducir elementos de evaluación y diagnóstico para renovar y mejorar aquello que podamos hacer mal.

En la web del congreso se anuncia la presencia de Sean Covey

P.- ¿Cómo trabajan en su relación con la escuela hoy en día?
R.- Si queremos responder al hoy de los jóvenes y al hoy de la sociedad, tenemos que centrarnos en renovarnos y hacer escuelas de hoy. Tenemos escuelas del siglo XIX, con profesores del siglo XX, con muchachos del siglo XXI. Esto es lo que hay que romper. No es fácil, porque no es sencillo acomodar tiempos diferentes, pero ciertamente tenemos que hacer el esfuerzo. Y cuando en ese esfuerzo hay ilusión, motivación y emoción existe lo que llamamos vocación. Es vocación de estar junto a los jóvenes que están creciendo, de ayudarles a crecer libremente para que sean grandes hombres y mujeres y construyan un mundo mejor y de guiarles a estar más cerca entre ellos y también más cerca de Dios.

P.- ¿Cómo consiguen que todos estos siglos coexistan de forma exitosa?
R.- Yo creo que los siglos son diferentes, pero la vida que vivimos es para todos. Yo puedo ser del siglo pasado, pero tengo que vivir en el siglo XXI. Tengo que actualizarme y esforzarme por ponerme al día. Esto no significa seguir modas y tendencias del momento, sino adaptarse y captar las necesidades de la convivencia humana de cada tiempo. Hoy en día coexistimos diferentes etnias, religiones y culturas pero juntos podemos diseñar un mundo mejor, y así es como podemos hacer que todas las épocas y visiones coexistan con éxito: si nos ponemos de acuerdo en las dificultades, y si cada uno pone la aportación positiva que todos tenemos, podemos engendrar un proyecto que revitalice todas las edades y los pensamientos de las culturas.

P.- ¿Qué pretenden conseguir a través del Congreso Mundial para la Educación Católica?
R.- Lo concebimos como un momento de reflexión a partir de lo que entendíamos que está viviendo el mundo. Si preguntamos qué es lo que preocupa ahora a la sociedad, hay una palabra que aparece constantemente: crisis. Crisis económica, social, nacional, de relación de estados, de valores, de familia. Crisis es una palabra griega que significa lucha, situación de “no tranquilidad”. Entonces, en una situación de multitud de crisis simultáneas, parece que pudiera cubrirnos un clima de desconfianza y de falta de ilusión en el futuro, ya que vemos casi todos los caminos muy cerrados. Siendo esa la realidad, nosotros nos planteamos qué es lo que podíamos hacer para generar ilusión y esperanza y conseguir que nuestro mundo sea mejor, sea más de convivencia.

P.- Como usted dice, en una época en la que la palabra crisis predomina sobre todas las cosas, ¿cree que existe también una crisis de valores?
R.- En esta situación de crisis, la escuela puede y debe ser un lugar donde sembrando semillas de esperanza en el futuro tengamos frutos de emoción, de ilusión y de confianza, sin duda valores que ahora están poco extendidos en la población. Por eso hemos cogido ese lema: la escuela, lugar de esperanza; y lo hemos concretado en lugar donde trabajar la esperanza a través de los Derechos Humanos.

P.- Después de 17 ediciones, este evento ha adquirido cierta trascendencia internacional, ¿qué efectos ha tenido hasta el momento, tanto en los lugares donde se ha celebrado como fuera de ellos?
R.- Yo he vivido los tres últimos congresos: en 1990 fue en Dakar, en 1994 fue en Roma, en 1998 fue en Jaipur, en 2002 fue en Brasilia y en 2006 iba a ser en Líbano, pero se suspendió por motivos de seguridad, ya que estaban en guerra. En todos ellos hemos tratado temas diferentes, y siempre hemos intentado generar una línea de reflexión y de respuesta a las necesidades del mundo. Nuestro trabajo ha sido intenso, por lo que podemos decir que los efectos han sido positivos: en muchos países, la escuela católica es prácticamente el único lugar educativo donde coexisten diferentes religiones y culturas. Esto supone lugares de convivencia muy ricos para la educación de las personas.

Para el padre Ángel Astorgano el reto es acercarse a los jóvenes 

P.- ¿Cómo se organizan los planes de acción entre congresos?
R.- Trabajamos para que la reflexión que hacemos cuando organizamos un congreso sea durante los siguientes cuatro años la línea a seguir en nuestros planes de acción. Las líneas de actuación que sigamos los próximos años serán debatidas durante el congreso: trabajaremos sobre la esperanza y sobre el refuerzo de la identidad y calidad. Además hemos añadido un elemento nuevo que es la red social de la escuela católica, el cual va a ser propuesto ante la asamblea en el congreso de Zaragoza. Hay que renovarse, ya que el mundo te exige adaptarte a él.

P.- La motivación en el entorno de la educación es muy importante, ¿qué aportará al congreso la presencia de Sean Covey?
R.- Yo creo que la presencia de la fundación FranklinCovey es muy importante, ya que es una fundación que ha trabajado intensamente y con un gran reconocimiento mundial y que últimamente ha trasladado ese trabajo al campo de la educación. Vamos a tener dos conferencias relacionadas con esta temática: “Educar por la ilusión y la emoción” y “The leader in me”, cuyo ponente será el propio Sean Covey. Los elementos que aquí se tratan son novedosos y hay que incluirlos en la educación de una manera decidida, ya que la emotividad y la afectividad son pilares básicos y deben ser el motor de la acción. 

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