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Jueves, 14 de diciembre de 2017
Cultura

24/8/2011

"Me gusta que la gente toque las esculturas y participe de ellas"

Cuando algo tiene que ser, será. Y eso es lo que le pasó a José Antonio Barrios cuando, a sus 39 años, la vida le dio la vuelta y dejó su trabajo para dedicarse a la que era, y es, su gran pasión: la escultura. Desde entonces, ha desarrollado una gran carrera utilizando tan sólo tres ingredientes esenciales: imaginación, cariño y trabajo.
Verónica de Castro Alonso
Los instrumentos musicales de cuerda son parte indispensable de las esculturas de Barrios

Zaragoza.- Ha expuesto en Japón, Estados Unidos, Irlanda o París, entre otros muchos sitios, pero José Antonio Barrios sigue siendo el mismo escultor del primer día, la misma persona que trabaja porque le gusta lo que hace y porque es lo que quiere hacer. Para Barrios el objetivo de sus esculturas no es otro que el de llegar a la gente, por lo que sus obras se pueden ver tanto en una galería de arte de prestigio en cualquier rincón del mundo, como en una sala de la calle Delicias de Zaragoza.

Barrios nació escultor y, aunque le costó 39 años dedicarse por completo a la que era su pasión desde pequeño, al final llegó el momento en el que varias circunstancias favorables coincidieron y Barrios tuvo la oportunidad de dejar su trabajo en la Opel y hacer de la escultura su forma de vida. Ahora, José Antonio Barrios es un escultor reconocido de fama internacional que sigue trabajando y mantiene sus raíces en su casa: Aragón.

Pregunta.- ¿Cómo se llega a ser escultor?
Respuesta.- De esto se nace, de todo se nace. Nacemos con unas condiciones y las desarrollamos o no las desarrollamos. Yo he tenido la gran suerte de que he podido desarrollarlas y las sigo desarrollando. Es algo que se lleva desde niño. Yo jugaba con arcilla y con la madera. Es más, mi madre me decía que siempre estaba tallando y haciendo cosas. La vida te lleva por un camino y llega un momento en el que te planteas y te preguntas qué es lo que has venido a hacer aquí. Entonces se dieron las circunstancias para dar el salto a la escultura. Además, he tenido la suerte de que la gente es “rara”, le gusta lo que hago e incluso hay algunos que lo compran, así que perfecto.

P.- No tiene que ser fácil empezar de cero en el mundo de la escultura. ¿Cómo consiguió hacerse un hueco?
R.- Es difícil, todo es difícil y vivir es difícil. Siempre he sido una persona muy positiva y siempre me he dicho que si lo están haciendo otros, ¿por qué yo no voy a poder? El truco es mucho trabajo, mucha imaginación y mucho cariño hacia lo que haces. Yo “me desnudo” cada vez que hago una escultura para mostrar lo que llevo dentro. A partir de ahí, si eres auténtico y la gente agradece tus obras, las admira y las disfruta, no hay nada más.

P.- ¿Qué escultura ha significado más para usted?
R.- Todas las esculturas las he hecho porque me ha apetecido, incluso en el caso de los encargos, en los que te guían un poco la escultura. Siempre he hecho lo que he creído que tenia que hacer y todas las esculturas tienen mucho cariño y un significado. Por ejemplo, hay esculturas que me han acompañado a muchos sitios y la figura que hice para el jardín del Príncipe Felipe también tiene un significado especial para mí. Pero todas y cada una de ellas son interesantes y queridas.

P.- Y, por ejemplo, en el caso de los encargos, ¿ha habido alguna vez que se haya quedado en blanco?
R.- Más de una vez, lo que pasa es que mi técnica es el sueño y la imaginación. Hay veces que estoy trabajando en una obra que no me sale y después de un sueño, o de una pesadilla, ha tomado forma. Así que se puede decir que trabajo día y noche. Cuando algo me ha costado un poco más me he puesto a trabajar y trabajando es la mejor forma de sacar las cosas.

Muchas esculturas de Barrios tienen movimiento

P.- Muchas de sus esculturas son instrumentos de cuerdas y otras muchas representan a palomas. ¿Qué significados tienen ambos elementos para usted?
R.- Para mí es muy importante la paz y la armonía. Siempre intento agradar y transmitir sentimientos positivos, es mi forma de ser y no podría hacer otra cosa. No puedo preparar algo que transmita odio o cosas no positivas. Con la música es lo mismo, porque para mí la música también evoca buenos sentimientos. Yo mismo me considero músico, soy un analfabeto de la música porque no sé leer un pentagrama pero las notas me resultan conocidas. En los años 70 formaba parte de un grupo de rock en Zaragoza y tocábamos música que no se llevaba entonces, como underground, jazz o blues. Mi camino no es hacer lo que la gente quiere. Yo tengo que hacer lo que yo tengo que hacer. Si gusta bien y si no también.

P.- Una de las características principales de sus esculturas es que alguna parte de las mismas se puede mover. ¿Cuál es el objetivo de este movimiento?
R.- Me gusta que la gente toque las esculturas y participe de ellas. Me gusta que todo el mundo las mueva y que con esos movimientos les den otro sentido. Hacer que la gente reaccione y toque las esculturas es también parte de mi obra. Me gusta que la gente participe de la escultura.

Por ejemplo, y como anécdota, puedo decir que no he disfrutado más en mi vida que cuando me visitaron unos invidentes. He disfrutado al ver cómo ellos veían las obras con sus manos, cómo las tocaban y cómo me decían cosas que ni yo mismo veía en las esculturas.

Proceso de creación

P.- Y respecto a los materiales, la madera y el metal son indispensables para tus obras. ¿Por qué?
R.- Utilizo la madera porque es uno de los mejores materiales para comunicar y es un material cálido, agradable de tocar y de contemplar. El hierro y la piedra son algo más duros pero últimamente trabajo alabastros, bronces, hierros, metales, etc. En cuanto a la madera, cuando piensas en un tema o en una escultura tienes que pensar mucho en qué y cómo lo vas a desarrollar, si con madera de sabina, de olivo o con cualquier otra madera porque todas son dignas y bonitas de trabajar.

P.- ¿Y cómo se pasa de la idea a la escultura?
R.- Es un proceso sencillo. Consiste es pensar qué es lo que quiero interpretar y cuál es la idea que tengo en la cabeza. A partir de ahí dibujo en el papel o directamente en la madera. Hay veces que estoy tallando o trabajando y me viene una idea. Dejo de lado la obra con la que estoy y sobre el tablón plasmo la nueva idea que me ha venido. Siempre trabajo con varias ideas a la vez porque cuando me canso de tallar, me pongo a lijar, y si me canso de lijar me pongo a tallar. Funciono así porque la pieza comunica lo que yo hago con ella. Es decir, si estoy cansado, o si estoy mal o si no disfruto, lo tengo que dejar. Dejo una cosa y continúo con otra.

Las piezas se empiezan y se terminan, pero no sé el tiempo que tardo en hacer una pieza porque de una idea salen los problemas. Además, no soy matemático ni estricto porque nunca he buscado la perfección, porque sé que no existe, y las piezas muchas veces te llevan a otro sitios, las reflexionas y cambias su equilibrio.

José Antonio Barrios tiene su taller en Zaragoza

Exposiciones

P.- Cuando expone en España o fuera del país, ¿las obras se las lleva desde Zaragoza?
R.- Siempre. Mi cuartel general esta aquí. En 1993 me llegaron a ofrecer afincarme en Irlanda sin pagar impuestos y con un taller a mi disposición pero no acepté. Mi patria, mis energías y mi gente también me ayudan a hacer obras y están aquí, en Zaragoza.

P.- De las exposiciones de sus obras, ¿con cuál se quedaría?
R.- Con todas, pero París es París. Es el sitio por excelencia donde nos juntamos muchísima gente de todo el mundo que compartimos la misma actitud de crear y de hacer cosas, ya seamos pintores o escultores. París es el caldo de cultivo del arte europeo, es un sitio donde me encuentro a gusto. Pero también me encuentro a gusto en cualquier sitio en el que me llaman, porque siempre he ido a donde me han llamado. Igual me da Japón que Figueruelas.

P.- ¿Y dónde le gustaría exponer o tener una obra?
R.- En Zaragoza no tengo ninguna obra en la calle, hay dos pero son privadas. Sin embargo, tengo cinco en Madrid y también en Tokio, Inglaterra y Francia. Me gustaría tener alguna en Aragón pero tendrá que llegar ese día. Es una cosa que si ha de venir, vendrá. Todo lo que me ocurre en mi vida es porque llega. También he presentado proyectos e intentado conseguirlo pero, por lo que sea, no ha pasado. No estoy aquí altivo esperando a que vengan a verme. Estoy en la calle y con la gente.

Si algún día tiene que llegar algún sitio de prestigio llegará. Pero de prestigio entre comillas porque para mí tiene tanto prestigio exponer en la calle Delicias como en La Lonja. Tanto una cosa como la otra son igual de válidas. No tengo ese afán por exponer.

P.- ¿Qué tiene Barrios en el horizonte?
R.- París está pendiente, porque hace un par de años que no voy y lo estoy echando mucho de menos. También me han llamado de Tokio. Pero Tokio está muy lejos y yo ya estoy mayor, por lo que me estoy planteando mandar las obras y que desde allí se encarguen de la exposición.

Muchas veces, Barrios plasma sus ideas sobre la madera

P.- Parece que la crisis no ha llegado a su taller.
R.- Uno está en crisis toda la vida y siempre sales crecido y reforzado y, si no es así, malo. Creo que los artistas siempre estamos en crisis, al menos eso se ha dicho siempre, porque mucha gente ha pintado un cuadro en una servilleta para poder comer.

Lo que no es normal, y con estas palabras hay que tener cuidado, es el “endiosamiento” de mucha gente. No quiero ser ni más ni menos que nadie pero hay gente que se endiosa, o le endiosan, y pierden la realidad. Dios me libre de que a mí me ocurra, porque la realidad tiene que ser lo que tú conoces y lo que tú sientes.

Que te paguen muchos millones por un cuadro y te creas el mejor es muy peligroso y ha sido la razón por la que mucha gente ha fracasado. Esto ocurre porque lo importante es llegar a la gente y no importa ni el status ni el “estar por encima de”. Mi filosofía es que no hay que estar por encima de nada ni de nadie. Para mí, las personas son mucho más importantes que mi carrera. Me llamen de donde me llamen voy, me da igual dónde sea. Yo hago las cosas para que las vea la gente. 

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