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Lunes, 15 de octubre de 2018
Teruel

21/9/2009

La línea Teruel a Alcañiz, el tren que no llegó a nacer y que nadie quiere dejar morir

Los restos de la historia del ferrocarril que hubiera unido Teruel con la capital del Bajo Aragón se dejan ver por todo el trayecto de la N-420. Años de esperanza y esfuerzo se coartaron por una guerra, dificultades económicas y falta de voluntad política. Ahora, un proyecto aboga porque estos vestigios no se derrumben en el olvido.
Ana María Torres Villamón
Escultura de "El Sueño" del puente de la Venta
Escultura de "El Sueño" del puente de la Venta

Teruel.- Una vía verde o un proyecto turístico conjunto es la única oportunidad que los restos que dejaron las obras inacabadas del tren Teruel – Alcañiz tienen para no convertirse en un cúmulo de ruinas. Una infraestructura que se pretendía construir en cuatro años se quedó en desilusión para los habitantes de los 164 kilómetros de este trayecto.

Tal y como ha explicado el historiador y profesor, Serafín Aldecoa, esta infraestructura “no estaba previsto que quedara aislada, sino que hubiera formado parte de un corredor que salía desde Baeza y que hubiera llegado hasta Francia, algo similar a lo que ahora defiende Teruel Existe”. Aldecoa también ha afirmado que “esta vía hubiera unido dos tramos muy separados en distancia, pero incluidos en la misma provincia y que, si este proyecto hubiera finalizado, ahora estarían más próximas en todos los sentidos”.

Las obras de este ferrocarril se iniciaron en 1927, aunque ya se anunciaron un año antes con un proyecto que contemplaba 275 kilómetros. Este tramo pasaba por las localidades de Tortajada, Villalba Baja, Cuevas Labradas, Peralejos, Alfambra, Perales del Alfambra, Orrios, Fuentes Calientes, Cañada Vellida, Mezquita de Jarque, Valdeconejos, Escucha, Palomar de Arroyos, Cstel de Cabra, Cañizar del Olivar, Gargallo, Los Olmos, La Mata de los Olmos, Alcorisa, Foz Calanda, Calanda, Castelserás y Alcañiz. El ingeniero encargado de la obra fue Bartolomé Esteban.

El primer parón de las obras se produjo en 1930, después, los trabajos se reiniciaron y estuvieron activos hasta 1932, momento en que se produjo la segunda interrupción que no fue la definitiva y que permitió mantener la esperanza a los más de 2.000 trabajadores que estaban empleados en los distintos trazados que se habían iniciado por todo el trayecto. La parada definitiva llegó en 1935 y las causas, según ha comentado Serafín Aldecoa, fueron varias, “por un lado, la falta de recursos económicos de la empresa encargada de la obra, con las posibles irregularidades en las cuentas, que no se investigaron por la llegada de la Guerra Civil, que fue otro de los obstáculos que impidieron que esta infraestructura se construyera y, finalmente, el desinterés político y la escasa rentabilidad que se preveía para este trayecto que iba a acoger, en principio y mayoritariamente, el tráfico de mercancías”.

Muchas de las estaciones están en ruinas, e incluso corren peligro de derrumbe

Cientos de asalariados que poblaban distintas localidades de la zona y de personas que habían inmigrado hasta estas tierras para trabajar en la construcción del ferrocarril se quedaron sin trabajo, Aldecoa ha afirmado que “muchos de ellos pasaron hambre y por periodos de miseria que se sumaban a las duras condiciones de trabajo que tuvieron que afrontar en los periodos de trabajo”. Entre estas dificultades que estos empleados pasaron, el historiador experto en sindicalismo en la Segunda República ha explicado que “se incumplía la jornada laboral de ocho horas; en 1931 echaron a la calle a más de 360 obreros y el sueldo era de 0.5 pesetas la hora”.

El paso de la Guerra Civil dejó tras de sí un rastro amargo para la zona, que veía rotas sus esperanzas. Edificios a mitad de construir o casi en ruinas, puentes construidos, caminos allanados, pero sin traviesas, ni raíles. Vestigios de lo que pudo haber sido y, que todavía hoy luchan por no caer al suelo, ni en el olvido.

Perales del Alfambra está rehabilitando su estación para convertirla en un albergue

Una oportunidad

Un proyecto de recuperación del entorno natural consiguió arreglar parte de los caminos que formaron esta ruta y que van desde Teruel, hasta el municipio de Alfambra. Su alcalde ha explicado que en esta actuación iniciada en 2002, “acometimos una limpieza de túneles y caminos, eliminamos piedras y residuos y despejamos todo este trayecto, sin embargo, consideramos que este proyecto debía realizarse a otro nivel que iba más allá de las competencias de un ayuntamiento”.

La opción que se está barajando desde hace unos meses es la de conseguir que Teruel y Zaragoza se unieran a través de una nueva vía verde gracias a un proyecto que, desde el Ayuntamiento de la localidad turolense de Alfambra y desde la comarca Comunidad de Teruel se ha propuesto al Gobierno de Aragón. Esta idea está promoviendo la creación de una vía verde que comunique estas dos ciudades pasando por los municipios que en su día soñaron o vieron pasar efímeramente el ferrocarril.

El trazado elegido es el que hubiera unido Teruel y Mequinenza por tren, con paso por Alcañiz, y que enlazaría con el que se utilizó entre Utrillas y Zaragoza para transportar el carbón desde las Cuencas Mineras.

Ahora, cuando ya está terminada la Vía Verde entre Ojos Negros y Sagunto, Villamón entiende que es el momento adecuado para retomar este proyecto. Por eso, insiste al decir que “hemos instado al Gobierno de Aragón para que plantee la posibilidad de crear una ruta similar entre Teruel y Zaragoza compuesta por dos tramos. Teruel – Escucha y Utrillas – Zaragoza”.

Camino marcado por donde hubiera pasado el tren

Según ha comentado, con este proyecto intercomarcal e interprovincial “se dinamizaría el turismo y se llenarían las casas rurales que se han creado en casi todos los pueblos, se crearían actividades paralelas que permitirían dar más valor más global a los recursos que hay en toda esta zona”.

Además, ha destacado que gracias a esta iniciativa se restauraría el patrimonio vinculado con la antigua vía del tren que nunca llegó a pasar por estos municipios y que, según Villamón, “supuso un sueño frustrado para sus habitantes”. Las estaciones de estilo Modernista que están abandonadas y que ahora pertenecen al ADIF, al que, alcaldes de distintas localidades se han dirigido para solicitar su uso. Según ha dicho, “sólo los prestarían temporalmente, durante 10 ó 15 años, en forma de arrendamiento”. Si estos espacios se declaran vía verde, entonces ADIF tendría que ceder al Gobierno de Aragón la utilidad de toda la vía que compone este trayecto.

El municipio de Perales del Alfambra está recuperando su estación. Desde hace dos años, este entorno se está rehabilitando a través de un taller de empleo de albañilería dirigido a mujeres que trabajan para convertirlo en un albergue juvenil. Este proyecto contempla la construcción de una piscina climatizada y de un campo de fútbol. Éste último ya está terminado.

En una localidad próxima a Perales, Alfambra, se pueden ver varias esculturas, una situada junto a las ruinas de las estaciones, en la que un grupo de personas hechas de metal, esperan llegar el ferrocarril. Tres kilómetros más adelante y sobre el conocido como puente de La Venta, otra figura de un tren lleno de pasajeros, lo atraviesa en dirección a Alcañiz. Esta idea, que arrastra un enorme simbolismo, la propuso otro historiador vinculado con la zona, Juan José Barragán.

Éste es otro de los sueños frustrados que Teruel arrastra desde su pasado y que nunca fue una realidad. Ahora esta quimera lucha por resurgir de otro modo. Los actuales habitantes de la zona esperan no volver a caer en el olvido y que estos espacios puedan servir para revitalizar un territorio que ve unido a su paso la N-420.

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