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Domingo, 21 de abril de 2019
Colaboraciones
3/10/2002

La vuelta al Midi D´Ossau

Ramón Tejedor
Los llanos de Bious
Los llanos de Bious
Vamos a empezar nuestro recorrido en el lago de Bious Artigues (1400 m). Para llegar hasta allí, lo más sencillo es cruzar con nuestro automóvil a Francia, por la carretera A-136, por el Puerto del Portalet, a 7 kilómetros de la estación de esquí de Formigal. Unos 12 kilómetros, en dirección Laruns, se encuentra el desvío en el que se toma la pequeña carretera de montaña a Bious Artigues, en la vertiente norte del Midi.

El Midi es una montaña de origen volcánico, como la no muy lejana cumbre de Anayet, en la vertiente española. Su roca, una especie de andesita, es de una gran calidad, lo que convierte sus diferentes vertientes en un paraíso de la escalada. A pesar de no llegar a los tres mil metros de altura –tiene 2884 m– y carecer de glaciares, es una de las montañas más conocidas y también más codiciadas por los escaladores, contabilizándose un centenar de vías de acceso, algunas de extrema dificultad.

La vuelta al Midi d’Ossau nos va a introducir en una diversidad de parajes y nos va a permitir apreciar todas las caras de esta joya telúrica de la naturaleza, una catedral de roca donde las chimeneas, torres, aristas y paredes, asombran a cada instante y donde con el paso del día, la luz de sol nos descubre perfiles diferentes. El sendero que seguimos está perfectamente balizado y es una de las excursiones preferidas por los pirineístas franceses para realizar en una sola jornada. Del aparcamiento, junto al lago Bious Artigues, sale el camino por su orilla derecha orográfica. Pronto llegamos a los llanos de Bious, a través de un espléndido bosque de hayas multicolor en este otoño radiante, que no deja reposar ni un minuto a nuestras cámaras fotográficas. Desde aquí, el Midi, cuya silueta cambia a cada instante, proyecta la sombra de su muralla norte sobre los más altos abetos.

Vertiente de Peyreget del Midi D`Ossau

Encontramos en estos pastizales rebaños enormes de ganado vacuno y equino. Nada más atravesar la frontera franco española nos ha sorprendido el gran contraste entre el aprovechamiento ganadero a uno y otro lado de la misma. La ganadería de montaña tiene aquí un importante peso específico y, en consecuencia, la transformación artesanal e industrial de sus derivados se ha traducido en una multiplicidad de productos que se venden a lo largo de la carretera: quesos, miel, patés, etc. se ofrecen al viajero, quien es consciente del esfuerzo, en este lado de los Pirineos, por un modelo de desarrollo sostenible que pone en valor los recursos naturales, en una simbiosis inteligente entre conservación y aprovechamiento de esos recursos. Así se entiende la oposición en estos valles, singularmente en el vecino de Aspe, a la construcción de vías carreteras de las llamadas de gran capacidad, a pesar de la construcción del nuevo túnel de Somport, y la apuesta por un desarrollo que conjuga lo agroganadero, con el turismo ecocultural.

HACER POSIBLE EL DESARROLLO SOSTENIBLE

Contemplando estos rebaños, en este singular entorno, reflexiono sobre la importancia que para la preservación de los ecosistemas de montaña tiene todo lo que llamamos desarrollo sostenible. Quizás pronunciamos, en ocasiones, con excesiva alegría estos dos vocablos sin meditar seriamente sobre su alcance. A veces pienso que estas palabras han pasado a formar parte del vocabulario de lo “políticamente correcto”, que han sido absorbidas en el lenguaje institucional y político por ideologías contrapuestas, incluidas las conservadoras. Se utiliza como recurso discursivo que se sabe ya comúnmente aceptado, pero que en muchos casos no es sino retórica malgastada por parte del responsable de turno, que nada hace más allá de su enunciación, cuando no ampara actuaciones y decisiones que prostituyen la esencia del concepto. En 1987 el “Informe Brundtland” de Naciones Unidas, definió el desarrollo sostenible como aquél que “satisface las necesidades presentes sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras de satisfacer las suyas”.

El Balaitús desde Peyreget

El desarrollo, según este enfoque, no equivale al crecimiento económico con carácter genérico: exige que el crecimiento beneficie a todos de forma equitativa, a escala planetaria y abarcando las futuras generaciones; y que la calidad de vida y el bienestar se obtenga de forma perdurable, asegurando la habitabilidad del planeta a largo plazo.

Difícilmente se reducirá la contaminación y el despilfarro de los recursos naturales (materias primas, agua, suelo, energía…) si algunas prácticas siguen siendo consentidas –incluso subvencionadas– gracias al contexto normativo, económico y cultural dominante. Por ejemplo, las tecnologías más contaminantes seguirán prevaleciendo si sus precios siguen resultando inferiores a los precios de las alternativas más limpias; y ello sucederá mientras los precios de las primeras no incorporen los costes de sus efectos sobre la salud humana y los ecosistemas, a los que hoy no concedemos un valor monetario; al menos, hasta que no se ponen, desgraciadamente, de manifiesto.

El cambio de actitud debe abarcar al conjunto de los ciudadanos, a partir de una mejora de la información y de la formación, así como de la potenciación de la participación y de la responsabilidad cívica. La transición desde el modelo actual de desarrollo –donde una mayoría amplia se considera beneficiada por el incremento general del bienestar material, sin apreciar correctamente los costes asociados al mismo– hacia un modelo más sostenible, donde la calidad de vida y el uso racional de los bienes y servicios prime sobre el consumo sin límite de bienes materiales, resultará un proceso difícil. Pero es una apuesta necesaria (si no queremos destruir progresivamente la base humana y material de nuestro progreso), y es viable (algunos países la están ya poniendo en práctica, obteniendo incluso beneficios económicos gracias a la mayor eficiencia de los procesos productivos y al desarrollo de nuevas tecnologías).

La vertiente de Pombie del Midi

Dicha transición se caracteriza por una intensa experimentación colectiva, por el aprendizaje y el reajuste permanente en la gestión de problemas ciudadanos complejos. Para ello, es imprescindible profundizar en la participación social y en la descentralización administrativa; los poderes públicos tienen que favorecer la deliberación abierta para la búsqueda consensuada de soluciones, la responsabilización y la movilización de todos los ciudadanos, en suma, comportamientos mucho más conscientes y cívicos. El avance hacia un desarrollo más sostenible supone un reforzamiento de la ciudadanía y una revolución ética, que obliga incluso a replantear la forma habitual de ejercer la política y de entender el bienestar.

HACIA EL PEYREGET

El sendero asciende paulatinamente hasta el pequeño lago de Peyreget. Llegados a este punto nos dirigimos en dirección este, hacia el collado del mismo nombre, por un tramo empinado entre el canchal. Desde aquí optamos por subir, en menos de media hora, a la próxima cumbre de Peyreget (2487 m) para poder observar mejor la vertiente sur del Midi, con la accidentada arista que baja desde el Petit Pic, una de las puntas de este complejo macizo que se va agrandando en magnitud conforme descendemos hacia el refugio de Pombie (2031 m). Este refugio es la base tradicional para la mayor parte de los escaladores que visitan el Midi d’Ossau, pues se encuentra a menos de dos horas del aparcamiento situado en las inmediaciones del puerto del Portalet.

El Midi desde el col de Suzon

En dirección norte, desde el refugio, bajo la muralla de roca de esta especie de castillo natural inexpugnable, se llega hasta el col de Suzon (2127 m), donde empieza la llamada vía normal de subida al Midi. Esta vía de escalada, muy sencilla, consiste en una sucesión de fáciles chimeneas, por las que se progresa rápidamente hasta el punto más alto. Sólo se requiere atención ante la concentración de personas que se produce en fines de semana y otras fechas señaladas. En este collado no puedo dejar de recordar a los pioneros que hace muchos años, con escasos recursos técnicos pero con enorme fuerza de voluntad y corazón, subieron por primera vez a estas montañas, y en el caso del Midi, a Guillaume Delfau, que un 3 de octubre de 1797, acompañado de un pastor del valle de Aspe hizo la primera ascensión de la que queda constancia escrita, por esta vía que parte del col de Suzon. Imagino el arrojo y determinación, con el calzado y vestimenta de entonces, para encaramarse por estas paredes verticales, rumbo a un mundo desconocido, por un itinerario incierto. E imagino asimismo la cara de sorpresa de Delfau y compañía cuando al llegar a la cumbre encontraron en ella un hito de piedras, signo evidente de que una persona anónima –posiblemente un pastor– subió antes que ellos, ¿cuándo?, sin que ninguna gloria quepa atribuir al desconocido escalador pues de él ignoramos absolutamente todo.

El regreso hasta Bious Artigues lo hacemos por el frondoso valle de Magnabaight, donde nos reencontramos con el magnífico bosque de hayas y abetos, por encima del cual aún tenemos tiempo de admirar, una vez más, los contrafuertes de este macizo tan especial que el propio Guillaume Delfau llamara “el más grande y más formidable roquedo que haya sido medido en los Pirineos”.
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