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Sábado, 1 de noviembre de 2014
Sociedad

25/5/2009

“Los mejores maestros y pedagogos son los padres”

El colegio San Antonio de Padua ha celebrado su 30 cumpleaños. Los niños han cambiado a lo largo de estos años, y desde este centro siempre se han inculcado valores de respeto y una formación completa a los alumnos. Su director, el Padre Miguel María Andueza, se muestra optimista ante el futuro. “Los alumnos nos sorprenden día a día”, indica.
Isabel Ara López
El Padre Miguel María Andueza es director del colegio San Antonio de Padua

Zaragoza.- Hace 80 años que los capuchinos llegaron a Torrero para contribuir en la educación de los chavales del barrio. Ahora, tras tantos años de alumnos, profesores y formación, están inmersos en celebraciones. Y es que este aniversario coincide con el 30 cumpleaños de la construcción del colegio San Antonio de Padua, que dirige el Padre Miguel María Andueza. Mucho han cambiado las cosas desde entonces. “Antes los niños jugaban con neumáticos en el recreo”, explica este capuchino. Ahora, el centro inculca valores de respeto y una formación completa e integral a los más de 600 alumnos que tiene este curso. Y a los 3.000 que han pasado por su aulas en estos 30 años de andadura. “El balance no es positivo, es muy positivo”, resalta el Padre Miguel María.

Pregunta.- Los actos de celebración del 80 aniversario finalizan con un homenaje a los capuchinos, ¿qué se quiere reconocer?
Respuesta.- Queremos reconocer estos 80 años de presencia capuchina en el barrio de Torrero. Es de justicia agradecer la entrega de muchas personas en la sombra, en el silencio, que han dado su vida, muchos años humildemente dedicados a la enseñanza, a la formación de tantas y tantas personas que han pasado por aquí. No me atrevo a calcular cuántas personas, pero creo que unos 3.000, 642 este año.

P- ¿Qué diferencias hay entre los alumnos de antes y de ahora? ¿Es muy grande el cambio generacional?
R.- Hay mucha diferencia. Hoy en día la formación en los colegios es cada vez más difícil porque son otras generaciones. Antes, eran personas más sumisas, teníamos más facilidad para comunicarnos… Aunque, por otra parte, hoy es bueno que los niños y los jóvenes sean espontáneos, y la conexión que tenemos con los padres ayuda muchísimo. La Asociación de Padres es muy importante en los colegios, pero en las tutorías, individualizando la formación de cada uno, es donde se ha ganado mucho y la conexión es muy grande.

P.- Necesario, también, un plan de calidad como el que tiene el centro.
R.- El Plan de Calidad que llevamos en estos años nos exige una serie de intercambios, de diálogos con los progenitores, encuestas a los padres, a los alumnos, a los profesores…Todo eso es enriquecedor para saber la opinión de no sólo los que estamos aquí dentro, al frente del colegio, sino del resto de la gente de la calle. De las encuestas a los alumnos extraemos datos muy importantes: cómo es el alumno, si aprovecha bien el tiempo, el carácter, el temperamento, sus compañías… Porque en estos momentos, la calle es la Universidad pública, pero esta universidad está muy deteriorada, muy enfermiza, y los padres tienen que estar muy encima de ellos. Por eso en el colegio hacemos lo que podemos de cara a la formación porque la educación se debe a la familia, y si en ella no hay educación aquí sustituimos algo, pero los mejores maestros y pedagogos son los padres.

El Padre Miguel María Andueza ha enseñado a los alumnos los secretos de la Torre de San Antonio

P.- ¿Y cómo ha variado el sistema educativo en estos años?
R.- Va avanzando. No hay una estabilidad porque, además, el sistema educativo va cambiado en función de quién gobierna y eso es algo delicado. Hacen una ley y luego otra… Nosotros pensamos que estamos formando hombres para el futuro, y deben recibir una buena educación a todos los niveles. Aquí, en este colegio, franciscano capuchino, queremos que los muchachos salgan con ideas claras, que sean gente noble, honrada, con estilo y un talante distinto a otros centros. Éste es un colegio franciscano capuchino que tiene el ideal llevar el carisma de San Francisco, que es el saludo, paz y bien. Se trata de acercar todo ello a esta sociedad donde hay tanta violencia. San Francisco descubrió la paternidad universal y, como consecuencia, todos somos hijos, y por tanto, hermanos.

P.- Las funciones de maestro y director también se han modificado.
R.- Sí, hay una conexión mayor. Entre nosotros se ve que hay un diálogo muy fluido y muy transparente. Como director, todos los días me reúno con las directoras técnicas de Primaria y Secundaria, y con los distintos mandos, como el secretario de Estudios… Son distintas personas las responsables, ya no es sólo una. En las cosas materiales se ha mejorado mucho; disponemos de un cañón en todas las clases, ordenador, pizarras digitales e incluso estamos pensando en interactivas. Todo eso enriquece y hace que la gente de la calle esté más atenta de cara a matricular al niño en un centro u otro.

P.- ¿Y qué ocurre con el respeto de los alumnos a profesores? ¿Se está perdiendo?
R.- Siempre habrá casos. Este colegio es de integración. Tenemos buena fama de acogida. Aquí hay buena aceptación a todas las personas. Todo esto ha supuesto un intercambio entre ellos, y ha ayudada a que los profesores, además, aprendieran más de cerca el enfrentarse a ciertas dificultades. Además, el Ministerio nos manda alumnos rebotados de otros colegios, y como aquí tenemos personal de apoyo y personas muy especializadas en orientación de cara a personas disminuidas o problemáticas, se hace un esfuerzo inaudito. Los alumnos, una vez superado el problema, se ven contentos y todo esto es muy gratificante. En el fondo, es una alegría tremenda, es una recompensa muy grande esa conciencia de que he hecho un bien y que se ha ayudado a esas personas.

P.- ¿Cómo ha contribuido el centro a la educación de los niños de este barrio?
R.- Nos hicimos presentes en Torrero en 1929. Comenzó en la avenida América, en el convento había 100 niños donde los frailes les daban de comer de balde. Luego se fue expandiendo por las calles Monterregado y Alicante. Ya en 1970, como en Monterregado no se cumplían con las leyes nuevas de Educación, se pensó en hacer un colegio nuevo. Así, en 1979 se hizo este edificio donde antes había huertas en las que se cultivaban toda la clase de verduras para los estudiantes capuchinos y frailes. La altura de los profesores es exquisita; tienen un interés muy grande y mucha vocación .Tenemos extraordinario plantel de jóvenes profesores que saben trabajar en equipo; ellos cada día están más motivados y gracias a ellos esto sale adelante. Además, el Plan de Calidad ha sido una prueba de fuego, porque han trabajado los fines de semana y muchas horas extras… Por todo ello, el año pasado nos dieron el sello europeo, que ya es mucho.

P.- En Monterregado los niños jugaban con neumáticos en el recreo, ¿a qué juegan ahora?
R.- ¡Incluso las madres les tiraban bocadillos por las ventanas, porque estudiaban en unos bajos! Hoy aquí es diferente porque tenemos un polideportivo donde ellos hacen gimnasia y distintas actividades, fútbol, baloncesto…

Los estudiantes han visitado la Torre de los Capuchinos

P.- ¿Cómo es el balance de todos estos años?
R.- Positivo no, muy positivo. Muchas veces parece que vamos a arrojar la toalla ante las dificultades que hay pero, sin embargo, al final vemos que hemos hecho algo muy positivo. Cuando salen del colegio, los chicos de 16 y 17 son ya pequeños hombres, hechos y derechos, y pasan los años y te siguen saludando con mucho cariño, incluso los que has llegado a poner más firmes. Por eso el tiempo empleado ha sido muy positivo.

P.- Y el futuro, ¿cómo se presenta?
R.- Somos muy optimistas, aunque ha habido dificultades. Realmente, no tenemos que inventar nada porque todo está inventado, y los caminos están bastante claros para nosotros. Cada día los alumnos nos sorprenden de una forma u otra, y eso agudiza nuestra intuición, nuestra manera de portarnos, nuestra pedagogía….Y, sobre todo, el contacto cada vez mayor con los alumnos, con los profesores, los padres…. Esa convivencia une muchísimo. Además, el factor joven que tenemos aquí da una alegría y gran sentido lúdico que a mí me encanta. 

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