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Jueves, 14 de diciembre de 2017
Sociedad

20/7/2006

Desde Japón hasta Zaragoza: La incipiente fiebre de la muñeca Blythe

Nació en 1972 en Estados Unidos y tras un año de vida se dejó de fabricar porque daba miedo a los niños. Casi 20 años después, Gina Garan, una fotógrafa americana, elaboró un libro con sus imágenes. Desde su edición, miles de personas han adquirido una Blythe. Las tres únicas zaragozanas que la tienen, cuentan su pasión por ella.
Fátima Artesero
Las Blythe se han convertido en un objeto de coleccionismo
Las Blythe se han convertido en un objeto de coleccionismo

Zaragoza.- Cuando se empieza, no se puede parar. En eso están de acuerdo estas tres zaragozanas, Neima Pidal, Marta Ferrández y Marta Quílez que, por casualidad, conocieron a Blythe, compraron una y ya van por su sexta adquisición en el caso de la primera aficionada a esta muñeca, que se comercializó en Estados Unidos en el año 1972 y que fue retirada del mercado porque daba miedo a los niños. La causa era que sus grandes ojos cambiantes de color gracias a una anilla en la parte trasera de su cabeza hacían de ella algo poco atractivo para el gusto infantil. Así que no fue hasta 1997 cuando Gina Garan, una fotógrafa estadounidense, la rescató e hizo un libro con sus fotos. De esa experiencia nació “This is Blythe”, un libro que causó furor y que hizo que la muñeca se convirtiera en modelo publicitario, maniquí para Donna Karan o muñeca millonaria, por la que se llegó a pagar 10.000 dólares.

Ahora, y tras la resurrección de manos de Garan, Blythe se fabrica en Japón, país donde es un auténtico ídolo y un objeto de culto, no sólo de jovencitas. En España, hace varios años que llegaron, y hoy en día encontramos a tres “blytheadictas” en Zaragoza, que cuentan su experiencia: cómo conocieron a Blythe y cómo ahora, no pueden separarse de ella.

Un buen mercado on-line

Neima Pidal ya va por su sexta Blythe

Marta Ferrández es una corredora de seguros de 31 años, pero en sus ratos libres le gusta volverse niña otra vez y jugar con su muñeca preferida. A Yamila, como se llama su muñeca, la conoció por medio de un “fotolog”, una especie de bolsa de fotos en Internet en la que se pueden encontrar imágenes de todo tipo. Entre ellas, estaba esta muñeca y desde que la vio la conquistó. Tras varios meses viendo fotos de Blythe en la red, decidió que había llegado la hora de hacerse con una. No tuvo que esperar mucho, porque su novio se la encargó y se regaló un día, ése menos pensado.

Desde entonces, Yamila se convirtió en su niña mimada, le compró un vestido de leopardo y la convirtió en su viva imagen, eso sí, un poco más atrevida. A Yamila le siguió otra más, esta vez americana y más barata, unos 40 euros, frente a los 100 que suele costar una de estas muñecas.

Lo bueno de estas Blythe, cuenta Ferrández, es que se pueden comprar con lo básico y convertirlas en lo que uno quiera, modificaciones que hacen las propias aficionadas. “Yo de momento a sólo le he cortado el pelo, le he lijado la cara para quitarle brillo y le he cosido un gorrito. No me atrevo a más. Pero a la americana, la voy a customizar por completo”. Todas las "blytheadictas" terminan por cambiar el aspecto de la muñeca que compran en los catálogos que circulan por Internet, por eso, en la red, existe todo un mercado en el que se compra y vende de todo para estas muñecas de ojos grandes.

Ropa, zapatos, pelo, ojos de colores e incluso cuerpos más flexibles se pueden encontrar a precios bastante altos (un par de ojos vale 4 euros), aunque todo depende de la puja que uno logre en E-bay, compañía experta en las apuestas y mercadillos virtuales, y en cuya página web se puede encontrar todo lo referente a Blythe si se desea empezar en esta fiebre un tanto “freaky”, como la definen algunos.

Así que con un poco de insistencia y dinero se la puede volver del revés. Lo más habitual es que las muñecas se parezcan a sus dueñas, todavía muy pocos hombres se atreven con esta afición, o que saquen un lado oscuro o atrevido que ellas no se atreven a mostrar en público. Neima Pidal y Marta Quílez, las otras dos aficionadas, confiesan que cada modelo de Blythe tiene algo de ellas. “Para mí, cada una de ellas es un trocito de mi personalidad”, asegura Pidal.

En torno a Blythe hay un auténtico negocio, y caro. Por eso, las aficionadas hacen pedidos conjuntos para ahorrar un poco, sobre todo entre amigas, que, por supuesto, contactan en los foros. En la actualidad hay dos blythesforos accesibles para las fans españolas, uno en inglés y otro en español, llamado “kittyvintage.com” y compuesto por más de 200 personas en el que se intercambian conocimientos de cómo maquillarlas, vestirlas… Y por supuesto, vender su merchandising.

Neima Pidal, fotoperiodista de 27 años, es una experta costurera que vende sus mini diseños para Blythe en Internet. “Primero empecé comprando diseños a otras personas, pero como me sentía culpable gastando dinero en una muñeca a mis 27 años, decidí invertir para poder gastar. Así que compré telas, empecé a coser y con las prendas que he vendido en Internet he comprado muchas cosas para mis seis muñecas”.

Marta Quílez muestra orgullosa sus muñecas

De nuevo en peligro

El éxito de esta muñeca tiene mucho que ver también con su aspecto y fotogenia, de hecho, ha sido protagonista de la campaña de Sony en Japón y se está preparando una película en la que Blythe será la protagonista. Marta Quílez y Neima Pidal descubrieron, al igual que Ferrández, la muñeca por Internet. Pero, aparte de para su disfrute personal, también la utilizan para trabajar. Quílez es una diseñadora gráfica de 22 años y confiesa sacarle partido. “Yo, sitio al que voy, sitio al que me llevo a mis muñecas. Les hago fotos y luego hago montajes fotográficos con ella”.

De Pidal, las Blythes también son compañeras de viaje, pero ella aspira a hacer con ella algo más, un proyecto fotográfico. “Me encanta su fotogenia. Según como se ponga parece enfadada, sorprendida… Me fascina que un ser inanimado pueda transmitir como un humano. Por eso estoy preparando una exposición en la que la muñeca será la protagonista, en una mezcla entre fantasía y realidad”.

Precisamente estos dos aspectos son las dos características que más potencian las aficionadas a esta muñeca, que llevan una vida normal y que luego, como niñas, juegan de alguna manera con Blythe. “Nosotras somos como los que coleccionan maquetas o cochecitos. Es una afición, sin más”, aseguran las tres. De momento, son pocas las personas que conocen a Blythe, pero se comenta que tal vez se conceda la licencia en España, cuando ahora de momento, sólo existe en Japón. Ellas se muestran contrarias a que esto ocurra, porque aseguran que dejará de ser una afición, de alguna forma, exclusiva. Sin embargo, reconocen que pronto, tristemente, la chica de los ojos grandes acabará estando en manos de todo el mundo. Tiempo al tiempo.

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