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Domingo, 25 de junio de 2017
Sociedad

27/8/2005

Los defensores del aragonés piden tiempo para formar maestros y juristas de cara a la Ley de Lenguas

Los colectivos defensores de la lengua aragonesa solicitan cursos reglados de formación para la normalización administrativa de la fabla. La Ley de Lenguas prevé este proceso en los municipios del Alto Aragón, pero faltan recursos humanos que guíen ese proceso. De ahí que los especialistas pidan una aplicación paulatina de la futura ley.
Tomás Santos

Zaragoza.- “No hay ahora mismo personas capacitadas suficientes para llevar a cabo una normalización burocrática de la lengua aragonesa”. Quien así habla es Carlos Abril, profesor del Ligallo de Fablans de L’Aragonés, una de las organizaciones más activas en defensa de la lengua aragonesa desde Zaragoza. Abril ejerce como portavoz de una reivindicación esgrimida desde los colectivos de defensa de la fabla, que consideran imprescindible la futura Ley de Lenguas pero ven insuficientes los recursos actuales para llevarla a cabo.

Al menos, en lo que se refiere al aragonés. El colectivo Chuntos por l’aragonés, que reúne al referido Ligallo, el Consello d’a Fabla Aragonesa y la asociación Nogara, defiende la necesidad de habilitar un cuerpo de conocedores de la lengua capaz de traducir textos legales y administrativos, fundamentalmente municipales y jurídicos. Y capaz, además, de divulgar la lengua tanto en el sistema escolar como entre adultos e instituciones públicas y privadas.

En eso consiste, explica Abril, la “normalización” de una lengua bajo el paraguas de la futura ley. De ahí que los defensores del aragonés soliciten al Gobierno de Aragón que ponga en marcha cursos reglados que permitan a hablantes actuales, a personas tituladas y a interesados en la lengua tener competencia lingüística para la traslación sobre el papel de lo que instará la Ley de Lenguas. Este texto, pendiente de aprobación definitiva en el próximo ejercicio parlamentario, dará protección e impulso a la fabla en las zonas aragonesas en las que se habla ahora, fundamentalmente en el Alto Aragón.

“En la Escuela Oficial de Idiomas ya hay cursos de capacitación de lengua catalana”, recuerda Carlos Abril, quien espera, en nombre de las organizaciones defensoras del aragonés, un trato similar para esta lengua directamente derivada del latín. Sólo así se creará un cuerpo de practicantes capaz de asegurar esa normalización administrativa en todos los pueblos en los que convive el castellano con diversas formas de fabla.

Los hablantes de aragonés se dividen en dos tipos, los patrimoniales, maternos, fundamentalmente adultos de avanzada edad en los municipios a lo largo del Pirineo y acostumbrados al castellano en su trato con la Administración. Y los nuevos hablantes, urbanos y con una mayor formación académica a los que, sin embargo, les es necesario un mayor conocimiento de las variedades locales y también del lenguaje educativo y administrativo. Entre ambos, no más de 20.000 habituales.

Para empezar, treinta profesionales

Así lo confirma Chusé Inazio Nabarro, presidente del Consello y portavoz de Chuntos por l’Aragonés. Nabarro defiende un “trabajo paulatino, progresivo” de implantación educativa y administrativa de la lengua, entre otras cosas para hacerla familiar, que coincida con cada una de las variedades locales. “Es un trabajo muy delicado, asegurar que la población haga suyo el lenguaje oficial que se va a encontrar. Hay gente, funcionarios de carrera y titulados naturales del Alto Aragón, capaces de comenzarlo”. Pero hace falta tiempo para darles más apoyos humanos, afirma Nabarro.

El miembro del Consello d’a Fabla cree que para el curso 2006-2007 ya se podría comenzar a normalizar la lengua aragonesa como asignatura de primaria y secundaria. Nabarro estima en una treintena el número de profesores que podría comenzar a impartir fabla en las aulas del Alto Aragón; algo más de tiempo costará implantar textos administrativos. “Aunque también se puede comenzar ya. Ello dependerá de lo que prevea el Gobierno de Aragón”.

Un censo nuevo

Esta futura ley supone también, a juicio de los especialistas en el aragonés, la oportunidad de llevar a cabo un censo “científico y serio, bien documentado”, de la cantidad de personas conocedoras de la lengua en toda la Comunidad. Se tiene medianamente cuantificada su pervivencia como instrumento de comunicación en el Pirineo. Pero se sabe también de la existencia de un “cuerpo oculto” de altoaragoneses residentes sobre todo en las ciudades de Zaragoza y Huesca.

El Ligallo de Fablans y el Consello d’a Fabla aseguran tratar de manera cotidiana con buen número de estas personas, que ya no practican la lengua pero que sí la conocen y recuerdan por proceder de zonas y valles pirenaicos. “Sería bueno sacar a la luz este patrimonio lingüístico”, finaliza Nabarro, pues ayudaría en este proceso de normalización contemporánea de la primera lengua del Reino de Aragón.

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