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Domingo, 18 de noviembre de 2018
Tribuna Digital

4/11/2018

Diálogo con los artesanos sefardíes de las montañas de la alta Galilea

Luis Iribarren

A veces echo algo de menos en Jaca, echo de menos espiritualidad, echo de más demasiado cambio. Tanto ella como Sabiñánigo, la propia Aínsa, Benás, la Seu d’Urgell, Sangüesa o incluso poblaciones menores a las que no voy a poner nombre pero de todos conocidas, son un mini compendio de las leyes del suelo españolas, tienen una trama urbanística similar. Pasas a Francia y descansas de tanta ocupación uniforme del espacio, cada núcleo adaptado todavía con encanto a su propio relieve físico.

Todas estas ciudades e incluso pueblos de 200 habitantes han abandonado por complicada la gestión de sus cascos urbanos, que si alquileres de renta antigua, que si propiedades compartidas por emigrantes, que si tejados de 400 m2 caros de rehabilitar.

Con una excepción: el de Sabiñánigo como nueva creación racionalista cuyo núcleo parece más una Tel Aviv de la montaña, una ciudad fosforero-ferroviaria, un innegable engendro para bien a partir de un cruce de caminos.

Pero el resto de ciudades, como las más grandes pero en que se nota menos por mayor posibilidad de acción presupuestaria, padecen sus cascos históricos, los tienen abandonados por complejos excepto en algunos puntos como el que representa el proyecto de plaza Mayor de Jaca, que correctamente se podría denominar Plaza de la Franquicia.

Ese mal de muchos pirenáico y de cualquier capital comarcal, pensemos en Monzón, Barbastro o Calatayud… conlleva un defecto de relación con la historia. La generación de la postguerra ha marcado un gusto por renovar, por machacar adobes o tejados de loseta, ahora carísimos, para estar cómodos y a gusto a lo Le Corbusier incluso en Graus.

Entonces, la artesanía alimentaria que tan bien se exhibe en la Feria de Biescas, la de alfarería como en Naval o la de otro tipo, solo funciona como parque temático.

Una potente política cultural choca de bruces con esa realidad de demasiada innovación que representa que cada pueblo pueda contener diez tipos de aceras diferentes, cuando el espléndido ejemplo de la introducción del ajedrezado jaqués en la calle del Obispo debería ser una referencia universal en Jaca. O los toques de ladrillo en Monzón, o el azulete en localidades de mayoría mudéjar-judeoconversa.

El norte de Israel, Galilea, a partir de Tiberíades, Nazareth o Cafarnaúm es un potente foco de atracción religiosa que deviene paisajística. Tampoco Aragón es manco recibiendo personal por ese motivo.

Sin embargo, encontrar un pueblo como Zafed-Safad donde sefardíes de origen andaluz y aragonés restauran Torah para todo el mundo, mantienen la artesanía de aldabas, llamadores y hierros desde el siglo XIV, no solamente es un factor que se echa de menos incluso en Sos o Alquézar, decorados a su pesar, sino que se podría convertir en yacimiento de empleo en la propia ciudad de Jaca y otras con su resplandeciente historia.

Se trata de ponerla en valor de forma cotidiana, no sólo a través de recreaciones históricas.

 


* Licenciado en Derecho
10
comentarios
  • 10|Mariví dijo
    La planificación y ordenación urbana se está haciendo de una forma que nada tiene que ver con la disposición territorial anterior, se realiza de una forma que tiene que ver con las nuevas construcciones. Una pena.
  • 9|Antonio dijo
    El problema es que conseguir que tu edificio, casa o lo que sea mantenga su antigüedad, con sus características típicas es carísimo, porque lo tienes que hacer tú, no hay ayudas como en otros lugares.
  • 8|Tamarite dijo
    Dan pena algunos de ellos, con ocupaciones de inmigrantes que no viven en las mejores condiciones, algo se debería hacer
  • 7|Pepín dijo
    Acabaríamos con muchos males endémicos: la falta de empleo y la despoblación
  • 6|Gorka dijo
    La vida de artesano no es rentable, como no lo es tampoco recuperar una vivienda y restaurarla tal y como era en esa época, algo de ayuda de las administraciones no vendría mal
  • 5|Teresita Martínez dijo
    sí, podría servir de empleo en la propia ciudad
  • 4|Ignacio Melero dijo
    a ver si resurgen las escuelas talleres para poder seguir haciendo esas artesanías de hierro y posibilitar que se restauren las casas
  • 3|Félix dijo
    Y qué bonito sería recuperar todas esas tradiciones
  • 2|Rona dijo
    Algo está claro, los pueblos hace tiempo que han abandonado sus cascos históricos y siguen la ordenación urbana que les da la gana
  • 1|Richard dijo
    Es una verdadera pena que no se haga nada al respecto, me parece algo muy importante tanto por el empleo que se puede crear a nivel turístico como de escuelas talleres
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