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Lunes, 22 de octubre de 2018
Tribuna Digital

13/6/2018

La historia interminable

Antonio Coscollar Santaliestra

Muchos adultos recordamos que de niños, tratando de saber quiénes éramos y dónde estábamos, escribíamos en una hoja de papel nuestro nombre seguido del de nuestra calle, número, tal vez escalera, piso, barrio, ciudad, país, continente europeo, planeta Tierra, sistema solar… Pero enseguida sentíamos que esa lista era tan imponente como breve, pues solo faltaban dos términos para completarla: Vía Láctea y universo.

¿Y el universo dónde está?, nos preguntábamos. Qué sensación de vértigo nos producía el deseo de responder a esa pregunta, tanto que dejó abierta para siempre la puerta que nos condujo a la primera experiencia del abismo, pues el universo estaba envuelto por el vacío, por la Nada.

Hace mucho tiempo, una niña, alumna brillante, me preguntó si había alguna diferencia entre “el mundo” y “el universo”, más allá de que el mundo es el planeta que habitamos. Para salir del trance glosé algunas citas de mi admirado Borges, como que la “máquina del universo” es harto compleja para la simplicidad de los hombres o que, como el mundo de Alonso Quijano, “nuestro mundo” está construido por los libros leídos y las películas vistas, tanto o más que por los recuerdos vividos. Y así es, ya que nuestros recuerdos, ensoñaciones y fantasías pertenecen a ese mundo nuestro, mientras que el universo no es más que una parte de él, el ámbito de estudio de las ciencias naturales. No es posible conocer éste si no despegamos desde una plataforma de lanzamiento construida en aquél.

Michael Ende en "La historia interminable" explica muy bien la diferencia. El mundo de la imaginación y la fantasía del protagonista, el niño Bastian, vive amenazado continuamente por la Nada. Según Ende, ese combate sucede en nuestra imaginación, en nuestra mente. Más allá, la Nada trata de socavar todas nuestras fantasías.

Que los adultos dejen de soñar es un drama, pero impedir que los niños lo hagan es una tragedia. Esta hecatombe se pone en marcha, dijo Víctor Hugo, no solo cuando los gobernantes dejan de cumplir con su deber, sino también cuando los gobernados lo consienten. He aquí una muestra de culpable solidaridad. Hay en nuestro país muchos niños viviendo en el umbral de la pobreza. Garantizar sus libertades no es suficiente, si antes no garantizamos su existencia.


* Maestro de escuela
9
comentarios
  • 9|Mirella dijo
    El camino se hace el andar, como se suele decir
  • 8|Melero dijo
    somos muy insignificantes, pero nuestro mundo nos lo labramos nosotros mismos, ni más ni menos
  • 7|carli cor dijo
    Un fantástico artículo, gracias porque existan profesores como usted a los que no solo le importan las matemáticas o escribir bien unas comas (que por supuesto es importantísimo!!) sino también enseñar a los niños más allá de lo tangible
  • 6|wenceslao dijo
    totalmente de acuerdo con el articulista. en que no hay que cortar los sueños de nadie y que se debe hacer algo con lap obreza infantil
  • 5|Galapago dijo
    la pobreza de los niños es una problematica real que estamos pasando por alto, y no puede seguir así la cosa
  • 4|Sofía dijo
    Soñar es lo más bonito en esta vida, sin sueños, ¿para qué existir?
  • 3|ReBeCa dijo
    Muy de acuerdo con el comentario de Dani U. Nos preocupamos de chorradas cuando no somos más que motas de polvo en la inmensidad del universo
  • 2|VERO DELMONTE dijo
    La historia intemrinable es un libro que da muchas lecciones, lectura totalmente recomedable
  • 1|Dani U. dijo
    Muchas veces me pongo a pensar en lo insignificantes que somos en comparación con la magnitud que tiene el universo. Viene muy bien cuando te "comes" la cabeza con nimiedades. No somos nada.
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