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Viernes, 24 de noviembre de 2017
Sucesos

14/11/2017

Un fotógrafo aficionado, condenado a cuatro años y medio de cárcel por abuso sexual y corrupción de menores

La Audiencia de Zaragoza ha condenado a cuatro años y medio de prisión a un fotógrafo aficionado, de 44 años, por abuso sexual y corrupción de menores. Los magistrados ven probado que el hombre hizo tocamientos a una menor durante una sesión de fotos y llegó a frotar su pene contra sus nalgas.
Rocío Solanas Sánchez
La sentencia se puede recurrir al Tribunal Supremo
La sentencia se puede recurrir al Tribunal Supremo

Zaragoza.- La Sección Primera de la Audiencia Provincial de Zaragoza ha condenado a cuatro años y medio de prisión a un fotógrafo aficionado, de 44 años, por abuso sexual y corrupción de menores. Le obliga además a indemnizar a la víctima con 3.000 euros.

A la víctima, que tenía 16 cuando sucedieron los hechos, se le había diagnosticado un trastorno de adaptación con alteración mixta de emociones y conducta, lo que la hacía "especialmente vulnerable", reza la sentencia. Después de unas sesiones abandonó el tratamiento, y cuando fue examinada por el médico forense, en marzo de 2016, se encontraba curada.

Los hechos ocurrieron en 2013, cuando el acusado, Roberto C. S., estaba a punto de cumplir 40 años. Propuso a la madre de la menor que esta fuera su modelo para una sesión fotográfica de brackets. Sesión que se realizó, en el domicilio del procesado, el 1 de mayo de ese año y por la que Roberto C. S. pagó 50 euros a la madre de la menor.

Roberto C. S. solicitó hacer otra sesión de fotos, esta vez como modelo de calcetines, y la madre aceptó. La victima posó vestida de cintura hacia arriba y en ropa interior de cintura hacia abajo (en braga tipo tanga) y, tras hacer varias fotos, el acusado le pidió que se desnudara de cintura para arriba "y que posara de forma insinuante. Cosa que hizo la victima", reza la sentencia.

La tercera sesión de fotos se realizó el 16 de julio de 2013, también en el domicilio del acusado. Este le dijo que posara "como modelo de dibujos manga" y le enseñó varias fotografías que mostraban lo que debía hacer (una chica desnuda tocándose los genitales, otra desnuda con las piernas abiertas...). La víctima "mostró su disconformidad", pero el procesado "la convenció diciéndole que empezarían poco a poco y que muchas no se harían, así como que con sus sobrinas había hecho fotos en esas posturas". 

El procesado le puso unas gafas negras que le impedían ver y comenzó la sesión de fotos. Esta vez puso el disparador automático de la cámara, se situó junto a la victima y, "con el fin de satisfacer sus deseos sexuales, le tocó los pechos y el culo, estando la victima medio desnuda y callada al sentir miedo", reza la sentecia.

Seguidamente, Roberto C. S. le indicó que se sentara en una silla vestida y, con las gafas negras y unos cascos de música puestos, se fuera desnudando. "Cosa que hizo". Después le dijo que se pusiera a cuatro patas para, a continuación, "frotar su pene contra sus nalgas". Después le quitó las gafas y le dio un consolador con un preservativo diciéndole que lo chupara y, seguidamente, le dijo que debería ahora hacerlo con las gafas y los cascos puestos y estando la victima con ambos objetos colocados, "rozó con los labios la punta del mismo, después de vacilar sobre si lo hacía o no". Al finalizar le entregó 50 euros de la segunda sesión.

El 25 de julio de 2013 se llevó a cabo otra sesión de fotos en el mismo lugar. El procesado indicó a la víctima que se cambiara de ropa en la misma habitación delante de él. También le entregó unas gafas negras con celo negro diciéndole que se las pusiera para no ver nada y resultarle menos violento enseñar su cuerpo. Le dijo que se quitara el sujetador y se subiera la blusa, cosa que hizo la víctima. Según consideran probado los magistrados, en esa sesión el procesado la tocó varias veces los pechos con la excusa de colocarle las prendas. En esta sesión el procesado le hizo a la víctima varias fotos en las que mostraba sus pechos desnudos y su pubis. Fotos que guardó en su ordenador.

La sentencia se puede recurrir al Tribunal Supremo.

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