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Viernes, 24 de noviembre de 2017
Tribuna Digital

30/10/2017

Eremitas del tercer milenio

Vicente Franco Gil

A pesar de la vorágine globalizada que surca pertinazmente entre los mundanales estratos que conforman la sociedad, hay quienes se entregan, con plena vocación y sano juicio, a la vida contemplativa. Los eremitas, ermitaños o anacoretas, son parte de aquellos que consagran su existencia enteramente a Dios. Actualmente, en la enriscada localidad zaragozana de Purujosa, D. Francisco Barrionuevo, sacerdote perteneciente a la diócesis de Tarazona, es un eremita que habita “oficialmente” en la cueva de la ermita de la Virgen de Constantín.

Prácticamente desde el siglo III, la Iglesia arrastra ese peculiar misticismo que hoy es más que una realidad constatada. Desde sus orígenes, en Egipto y en la cuenca mediterránea hasta nuestros días, la savia que nutre la pía sobriedad de estas personas para encontrar plenamente a Dios se integra con la oración, la soledad, la penitencia y la pobreza.

Coyunturalmente la vida eremítica goza de una sólida vigencia, la cual desplaza cualquier brote de prosaica ficción anclada en el pasado. Asimismo, este especial ascetismo que perdura en el tiempo, declina la mera nostalgia de aquellos relatos que narran, con el simple afán de ser “bestsellados”, el intrincado contenido de sus historias noveladas. 

El abandono de D. Francisco, el cenobita reseñado, es de tal magnitud que vive absolutamente de la Providencia, de lo que voluntariamente le llega gracias a la caridad que mueve a sus congéneres. La intimidad, la austeridad y la confianza sobrenatural que circunscribe su cotidianidad, aportan una luz renovada a un mundo que pugna habitualmente entre discordias, ansiedades y egolatrías. El silencio diario es el que alimenta el dinamismo de cada jornada, orientándolo con rumbo a la perfección evangélica.

Las primeras poblaciones de Purujosa, población ubicada en las faldas del Moncayo, datan de la prehistoria. Esta villa, que destaca por ser la más pequeña del mundo en la que, sin embargo, hay semáforos, ahora también queda acentuada al compartir su entorno con la total dedicación de un ermitaño cuya labor se desarrolla entre el más estricto rigor ascético, y cuya meta no es otra que glorificar a Dios con el objeto de conseguir la salvación del mundo.

Las sociedades modernas, a veces tan abiertas y tan plurales, tan ávidas de emociones fuertes, quizá no han reparado en la gran aventura y en el fascinante desafío que supone encontrase con Dios y consigo mismo en medio de la soledad. Esta forma de vida frugal y virtuosa, lejos de provocar excentricismos fundamentalistas, estimula la esfera espiritual y rejuvenece a su vez la dimensión ontológica del ser humano.

La libertad, ese don tan preciado que nos capacita para elegir aquello que nos conviene, es además la llave que nos permite entrar por los senderos misteriosos de la vida. En este caso, la de un eremita, no es cómoda a los ojos de los apetitos humanos, de la tibieza espiritual o del aburguesamiento acomodaticio. Bien al contrario, exige disciplina, autocontrol y, sobre todo, un sistémico abandono en las manos de Dios.

En uno de sus comentarios, S. Antonio Abad decía: "Vi todas las redes del enemigo desplegadas sobre la tierra y pregunté gimiendo: ¿quién puede pasar a través de estas trampas? Entonces escuché una voz responderme: la humildad". En pleno siglo XXI, entre el vanguardismo tecnológico y el acelerado progresismo económico y social, también podemos hacer uso de la humildad para que, conscientes de nuestras limitaciones y sabedores de nuestras necesidades, busquemos un oasis de paz interior, quizá no tan drástico como el eremita, para alcanzar diariamente un anhelado y personal encuentro con el Creador, pues a pesar de encontrarse en lo oculto, Aquel enjuga delicadamente con el almíbar de su ternura, las lágrimas de nuestro tránsito terrenal.


* Licenciado en Derecho
16
comentarios
  • 16|Montse dijo
    Si no hubiera personas dedicadas a la oración constante y a la reparación espiritual de tantos males acaecidos en el mundo, ¡ qué sería de nosotros! Gracias a todas ellas.
  • 15|Anselmo dijo
    Los perro-flautas tampoco trabajan y los tenemos metidos en muchas instituciones cobrando a espuertas. Eso si que es penica, sí.
  • 14|Isidoro dijo
    Más de uno/a se llevará una sorpresa al morir y ver cara a acara a quien tanto ha negado en vida. Aún hay tiempo de reaccionar, y rectificar.
  • 13|Jordana dijo
    Las sociedades evolucionan tanto apartándose de Dios que cada vez hay más abortos, eutanasia, promiscuidad, proxenetas, explotación infantil, hambre....y todo en nombre de la libertad. Venga yaaaaaa
  • 12|Sofía dijo
    Jesucristo no es imaginario, fue un personaje histórico y el Evangelio constata lo que dijo e hizo, sobre todo milagros. Otra cosa es que miremos para otro lado.
  • 11|Jesulín dijo
    También me parece surrealista estar horas y horas machacándose en el gimnasio y con dietas brutales para tener un cuerpo siempre limitado y efímero. Y mira si hay surrealistas por la calle, co.
  • 10|María Jesús dijo
    A la gravedad tampoco se le ve, pero a nadie se le ocurre tirarse al vacío desde un décimo piso, lo digo porque al parecer muchos piensan que lo que no se ve, no existe. A Dios, si se quiere, se le ve en muchos sitios, es cuestión de delicadeza visual.
  • 9|manolo dijo
    me mata que la gente dedique, plenamente, su vida a un Dios al que jamás han visto y que a alguien le salió de la cabeza, vuestro Dios no os impide morir, ni os impide sufrir enfermedades ni que a la gente de vuestro alrededor le pasen cosas malas, la sociedad evolucionará cuando empiece a creer más en sí misma que en alguien imaginario
  • 8|wei dijo
    o sea el fin de una vida tranquila y de reflexión es que Dios se nos acerque? creo que la gente es plenamente consciente de que eso no va a ocurrir.........
  • 7|GF dijo
    cada cual que haga su vida como le dé la gana si no afecta ni hace daño a nadie, ahora aun habrá que dar explicaciones
  • 6|Herminia dijo
    A mi me parece una elección de vida preciosa.
  • 5|critico siempre dijo
    Yo no entiendo la generosidad de la gente ante aquellos que eligen voluntariamente, y en su derecho están, dedicarse a los misteriosos caminos del Señor y no trabajar.
  • 4|juncal dijo
    Purujosa siempre es noticia por cosas surrealistas como esta o por el tema de los semáforos jajajja
  • 3|javierin dijo
    La verdad es que es una forma de vida más, y como todo, hay que respetarlo... aunque, cierto es que yo no lo comparto.
  • 2|asensio dijo
    Muy Hippy me suena a mi eso de la vida contemplativa, a trabajar como los demas!
  • 1|belen dijo
    Y menos mal que existe la caridad humana y hay personas que de verdad deciden ayudar a su prójimo!
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