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Jueves, 19 de octubre de 2017
Tribuna Digital

7/10/2017

Tumultos actuales y recuerdos en Aragón

Jorge Garris Mozota

Lo que está ocurriendo hoy en España no deja de ser surrealista, esperpéntico, impactante y sobrecogedor; y por qué no decirlo, enmarcado en un guion de una obra de tragicomedia, pero efectivamente, está ocurriendo.

Consideraciones de tipo político o sociopolítico aparte, o dentro de un nivel mayor de transformaciones geopolíticas en la actual UE, permítaseme hoy recordar experiencias, vivencias y recuerdos de un aragonés, al margen de planteamientos y análisis más profundos, que buscan interpretar los acontecimientos actuales.

Aragón y Cataluña han tenido una evidente relación secular, pero no vamos ahora a tratar de los manidos asuntos sobre la interpretación de la Historia, las titularidades de los Archivos históricos y su control, las lenguas y dialectos, los símbolos heráldicos y demás temas que son acometidos por expertos en las materias, y que en numerosos casos no logran escapar de la polémica y  la falsedad; nos acercaremos en esta ocasión a las personas.

Existen numerosos y aclaratorios estudios acerca de lo que fue la emigración aragonesa hacia Cataluña que comenzó a ser importante hacia las primeras décadas del siglo XX, aunque los movimientos migratorios a caballo del desarrollo de la industria textil catalana, la “Inglaterra del mediterráneo”, ya eran importantes en las últimas del siglo XIX.

Por diferentes motivos ligados casi siempre al desarrollo económico, favorecido por el proteccionismo, el emprendimiento empresarial y por los siempre interesados movimientos de capital, Cataluña se fue convirtiendo  aún más en una sociedad ya no multicultural sino intercultural. A colación de lo anterior, se destacan los estudios demográficos de expertos que afirmaban que en el año 2000, los dos tercios de la sociedad catalana era de origen inmigrante. De hecho, y siguiendo las mismas fuentes, cerca de la mitad de los aragoneses que vivían en otras CCAA lo hacían en Cataluña, sobre todo en la ciudad de Barcelona y su periferia; fue importante en los años 20 del siglo pasado, con claros repuntes en los años sesenta y setenta.

El medio rural aragonés, al igual que en otras partes de España, tuvo un claro protagonismo en el éxodo hacia esa “Cataluña rica”. Sin duda, su mano de obra coadyuvó al mantenimiento del sistema productivo y al orden social que se fue fraguando allí.

Como en todo proceso migratorio, aquellos pioneros tuvieron desiguales experiencias, y tras ellos vinieron los siguientes, en muchos casos de los mismos pueblos de origen y con vinculación familiar. Y no siempre se completaba la emigración rotatoria sino que muchos decidieron quedarse en su lugar de llegada, establecerse y comenzar la añorada nueva vida.

Fuimos muchos los testigos de, como también suele ocurrir en procesos migratorios, de las segundas y terceras generaciones, que veraneaban en los pueblos de la geografía aragonesa, cuando venían a disfrutar de los orígenes de sus abuelos. Y también en aquellos años, éramos testigos de la paulatina “catalanización” de sus mentes, conductas y la creación de identidades excluyentes.

El razonamiento parecía lógico. Ellos habían emigrado a un lugar más rico y avanzado; unos habían prosperado más, otros menos, pero en definitiva se situaban en un plano superior con respecto a los “aldeanos baturros” que seguían habitando esos lares, los que precisamente no habían tenido necesidad económica de emigrar como ellos.

Por supuesto, y ya en aquellos años, la realidad se encontraba sometida al marketing político y  a la desaforada propaganda. Recuerdo las interminables discusiones acerca del origen del reino y la bandera de Aragón, del “catalán” hablado en la Franja, de la represión del Estado, de regiones ricas, europeas y otras pobres y atrasadas, etc., etc. Los años pasan de forma inexorable, algunas conductas y posicionamientos se extinguen, otros llegan a evolucionar de forma imprevisible.

A finales del siglo XIX, el francés  Gustave Le Bon, publicó dos exitosos libros: “La leyes psicológicas de la evolución de los pueblos” y sobre todo “ La psicología de las masas”, en los que, sin ninguna fecha de caducidad, se pueden leer y comprender las herramientas de trabajo en pos de la manipulación de la población, entre otros asuntos, a través de la creación de “fuertes identidades” sazonadas de toda la parafernalia simbólica y cánticos tribales.

Y lo anterior está visto que no falla, o de que casi nunca lo hace, si se sabe hacer bien y se cuenta con los medios y apoyos necesarios.

En estas semanas hemos visto la primera parte de la nueva película, habrá que esperar a  visionar la segunda
 


* Geopolítico e Historiador
6
comentarios
  • 6|Sofi dijo
    Y lo peor es que reclaman un territorio gente que no es de ese territorio
  • 5|Vicen dijo
    Sacamos lo peor de nosotros cuando hablamos de política
  • 4|Kike dijo
    Los conflictos siempre surgen por la propiedad, por lo que tenemos o no tenemos
  • 3|Jimeno dijo
    Muchas veces no nos acordamos de dónde procedemos y reclamamos lo que no es nuestro
  • 2|Jaime dijo
    las clases adineradas catalanas tienen mucho que ver con todo esto
  • 1|Merche dijo
    La segunda parte de la película no pinta pero que nada bien
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