aragóndigital.es
Síguenos en... Facebook Twitter Canal Youtube RSS Versión móvil Goggle + Aragón Digital
Jueves, 14 de diciembre de 2017
Tribuna Digital

30/9/2017

La incongruencia nacional

José Ignacio Martínez Val

Una vez más, y lo suelen hacer dos veces cada siglo, las élites catalanas quieren romper la unidad política de España. Su único objetivo, obtener el poder absoluto en su región, razón por la cual cualquier otro poder importuna y molesta. Y ese otro poder se llama España, máximo enemigo de (su) Cataluña. Pero claro, esto no se puede vender así a la población, queda feo, hay que buscar agravios y supuestos ataques previos de España hacia Cataluña que justifiquen odio y desapego e incluso una reacción violenta y desairada por parte de los pobres catalanes, siempre oprimidos por un Estado invasor, intransigente y anticatalán.

España, como mero concepto, es algo odioso para un nacionalista pues implica unión, solidaridad, igualdad y fraternidad entre las regiones que la forman; la existencia de un sentimiento común de pertenencia a España ataca el protagonismo y poder de los líderes regionales quienes pasarían de ser líderes supremos a ser personajes secundarios. En definitiva, España es una noción (y nación) que los nacionalistas aborrecen de inicio no pudiendo soportar ni permitir que sus súbditos abracen la idea de pertenecer a ella con normalidad, razón por la cual es necesario e imprescindible inocular en la población odio y rechazo a España. Y para ello, es fundamental dominar la educación y los medios de comunicación, narrándose una realidad tergiversada y manipulada con el único objetivo de tener una población adoctrinada en contra del enemigo imaginario común: España.

Siendo así las cosas, es fácil concluir que jamás se va a fomentar por los propios nacionalistas un diálogo serio y honesto con el objetivo de que Cataluña se sienta integrada y parte de España, pues eso conllevaría su muerte política (y económica). El llamado problema catalán, por tanto, no  radica en la existencia de una España opresora e injusta con Cataluña que sea merecedora de más autogobierno sino, lisa y llanamente, en la intención de unas élites catalanas de independizarse de ella y punto (siendo la época autonómica que vivimos desde el 75 una mera fase previa), no pudiendo arreglarse este conflicto, tristemente, con diálogo alguno.

Éste es el doloroso panorama que tenemos pero ¿y qué se ha venido haciendo desde el resto de España para combatir este modus operandi de los nacionalistas, quienes solo aspiran y desean descoyuntar la nación? Nada. El Estado, haya sido gobernado por la izquierda o la derecha, ha permitido que el tumor se instale y se extienda sin control hasta llegar a las puertas de la metástasis concediendo más y más poder a una Generalidad que siempre ha aspirado a independizarse de España (dale a un niño caprichoso y llorón más dinero para que deje de llorar y a ver qué consigues con los años).

A la derecha se le puede achacar su desidia, pasividad, complejo y cobardía en aplicar políticas más agresivas contra el nacionalismo antiespañol para evitar que se les tildara de “fachas” pero, ¿qué ha hecho y, peor, que está haciendo la izquierda? A ésta, que teóricamente defiende la igualdad y solidaridad entre los pueblos, debería resultarle interesante y defendible la idea de España como país que integra en uno las regiones históricas de la Península Ibérica si bien, sorprendentemente, no les parece así. De hecho, no sólo no se han aliado sino que, insólitamente, apoyan y están más cerca de los que defienden la desigualdad, la ruptura, el cortijo, la separación y el odio entre compatriotas e iguales; de los que rechazan la fraternidad entre españoles y de los que hacen del egoísmo y la cicatería su causa y objetivo vital. Es decir, la izquierda, en España, defiende lo contrario de lo que marcan sus principios de solidaridad e igualdad (y el sentido común) entre los pueblos.

¿Y por qué lo hacen? Podemos resumirlo en tres razones: Franco, infantilismo democrático e intereses propios (poder a la postre). En relación a Franco, como éste defendía la unidad de España, la izquierda no lo hace y ya está, por principio, sin valorar que para un país es algo positivo, como en una gran familia, estar unido, orgulloso y defender lo propio. En segundo lugar, existe una ingenuidad natural en la izquierda que es pensar que dialogando se puede llegar a un entendimiento con los nacionalistas (a quienes todavía les trata como víctimas del régimen franquista y, por ello, merecedores de atención y cuidados extras y, lo peor, privilegios). Jamás. Éstos van a lo que van, a generar distanciamiento, odio, desagravio,…, yéndoles la vida (y el sueldo) en ello y solo aceptarían cualquier propuesta muy ventajosa, nunca definitiva, por supuesto, que implicara que el Estado se colocara en posición genupectoral hacia ellos. Y tercero, en un país desunido, inculto y fragmentado es más fácil dominar, controlar e inocular al pueblo su ideología para gobernarlo.

Desolador.


Director de Martínez-Val Abogados
comentarios
Sin comentarios en la noticia
tu comentario
 

Muchas gracias por tu envío que ayuda a construir Aragón Digital entre todos. El material será revisado en breve para ser publicado cuanto antes. Para cualquier duda, comentario o sugerencia, contacta con nosotros.

Este espacio se rige por unas normas simples con objeto de permitir que cada uno exprese su opinión sin ofender a los usuarios. Por favor, téngalas en cuenta cuando contribuya con la suya.

La semana en imágenes
agenda
Últimos estrenos de cine
Envíanos tus noticias con fotos, vídeos...
Próximo premio: 1 ejemplar de "Parece mentira", de Juan del Val
José Luis Mateos Barrionuevo

José Luis Mateos Barrionuevo

Economía contra personas

En estos tiempos en los que no se habla más que de Cataluña (que es un problema muy grave y requiere toda nuestra atención), la situación en la que se encontraba España antes de este asunto era de auténtica crisis microeconómica. Es decir, lo que afecta a las personas.

Los blogs de nuestros colaboradores
Un paisaje, Una mirada
Por Ramón Tejedor
Macugnaga. Alpes italianos.
Desafía tu mente
Por Virginia Coscollar Escartín y Antonio Coscollar Santaliestra