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Martes, 24 de octubre de 2017
Tribuna Digital

2/6/2017

Los enfermos mentales: ¿enfermos de tercera división?

José Carlos Fuertes Rocañín

Eran las 9.30 horas del sábado pasado de esta calurosa primavera zaragozana cuando sonó mi teléfono personal. Al otro lado la voz de una mujer joven me pedía ayuda. Su madre estaba muy mal y no había sido posible ni que ella, la enferma, fuera a un psiquiatra, ni tampoco había conseguido que un psiquiatra fuera a su casa. Fin de semana y el problema se le iba de las manos.

Yo soy, creo, uno de los pocos psiquiatras que en Zaragoza hace en ocasiones consulta domiciliaria a la antigua usanza, y tras los comentarios de la joven entendí que este era un caso que necesitaba una asistencia psiquiátrica urgente.

La consulta que me solicitaba era para una mujer de 50 años que desde hacia tiempo “hacía cosas muy raras”, metiéndose en muchos líos, enfrentándose a los vecinos, con problemas legales cada vez serios. En fin, que, según me dijo su hija,  había llegado a una situación insufrible al no comer a penas y a no salir de casa desde hacía varios meses por miedos y temores infundados.

Cuando llegué al domicilio me encontré con una mujer realmente angustiada, inquieta, desconfiada, recelosa, que aunque había sido avisada de mi llegada, ella repetía constantemente no saber nada. Vi también a un niño de unos 8 años, hijo de esta mujer, y a su pareja actual que esperaba anhelante mi llegada.

Tras una breve exploración inicial, pronto me di cuenta de que estaba ante cuadro psicótico y que era necesario su ingreso urgente. Ingreso, por cierto, que la médico de atención primaria, erróneamente, le había dicho horas antes que solo podía ordenar un psiquiatra, y como estos, los psiquiatras, en el sistema público de salud no se desplazan al domicilio, pasaban los días agravándose incomprensiblemente la situación.

El problema con los enfermos mentales graves es que nadie quiere “poner el cascabel al gato”, que nadie o casi nadie, está dispuesto a llevar sobre sus hombros tan pesada carga, salvo la familia más directa. El enfermo mental sigue, por desgracia, siendo un enfermo muy incómodo, de segunda, o mejor, de tercera división, a pesar de pagar sus impuestos como el resto de los ciudadanos y, por supuesto, faltaría más,  ser absolutamente inocente de portar el trastorno psíquico que le aqueja.

A los seres humanos, en general, no nos gusta aquello que no controlamos, y huimos de todo lo desconocido porque nos genera inquietud, y la enfermedad mental grave es el paradigma de todo ello. Claro, eso no sería un problema real si los que tienen el poder lo usaran para reconducir la situación; es decir, si los políticos oyeran a los técnicos y dieran un impulso definitivo para modificar la legislación vigente como venimos pidiendo desde hace varios años.

Nadie cuestiona que la enfermedad mental puede ser, a veces, más compleja de manejar que las otras. Y tampoco se pone en duda que estamos lejos de poder saber sus causas últimas y tener marcadores biológicos fiables para un diagnóstico de certeza. Todavía queda también un largo camino para poder prevenir los trastornos de la mente y hacer tratamientos causales y no solo sintomáticos. Pero a pesar de ello, y por muy “incómodos” y “problemáticos” (aspectos estos más que cuestionables si se hacen bien las cosas) que el enfermo psiquiátrico pueda ser, son también personas dignas y merecedoras de todo respeto y apoyo.

Lo ocurrido en nuestra ciudad el pasado sábado y que ha motivado la presente reflexión es, por desgracia, harto frecuente. Es imperioso modificar el sistema normativo y legislativo para que el tratamiento involuntario y urgente del enfermo psíquico no sea tan rocambolesco, sino que se convierta en una práctica tan normalizada como el que se pone en marcha ante un infarto de miocardio o en el caso de una fractura de pelvis.

En salud mental todavía estamos padeciendo los prejuicios y clichés obsoletos que han existido, sobre todo, lo que hace referencia a la mente enferma, relacionando a estos enfermos con conductas de agresividad, simulación, falta de esfuerzo personal, vicios, perplejidad, violencia y un largo e ignominioso etcétera.

El enfermo mental grave, sobre todo en la fase aguda de su padecimiento, no tiene una percepción real de lo que le está pasando y, por lo tanto, adolece del bien supremo de la libertad. Es por ello por lo que requiere tutela y, a veces, un tratamiento e ingreso involuntario y urgente. Para ello, en un estado de democrático y derecho son precisas normas claras que impidan los abusos, pero también que garanticen los derechos de los más débiles, en este caso del enfermo psiquiátrico.


*Médico Psiquiatra y Vicepresidente de la Sociedad Aragonesa de Psiquiatría Legal y Ciencias Forenses
13
comentarios
  • 13|Cabriola dijo
    Interesante artículo y una muestra más de lo necesario que es modificar la legislación. Valiente comentario. Animo Dr Fuertes.
  • 12|Luisa Marco dijo
    enhorabuena por su gran trabajo y por su ayuda a las personas enfermas
  • 11|Javichu dijo
    Muy buen ejemplo, lo mismo que hay un protocolo en caso de infartos, lo mismo debería ser para los brotes psicóticos
  • 10|HOLY dijo
    Me parece muy bien la labor que desempeña, y el no dejar al amparo de la nada a un enfermo así, creo que todos los médicos deberían amar su profesión como usted lo hace
  • 9|Beatriz dijo
    cierto, el enfermo mental sigue siendo muy incómodo, quizás porque en la atención primaria no se pueda seguir un protocolo efectivo
  • 8|Tere Azcona dijo
    Qué mundo más complejo, hasta los que parecemos sanos debemos tener en cuenta se nos puede ir la olla en cualquier momento
  • 7|Gero dijo
    Eso dice mucho de un doctor, muchas profesiones son vocacionales, da igual que sea domingo, sábado o martes, ahí está el médico para cuidar de su paciente
  • 6|Charo dijo
    Tenemos muchos prejuicios todavía con los enfermos mentales, además de que desde luego sí que existe una desatención en el ámbito sanitario
  • 5|Chummy dijo
    A otro nivel, pero parecido ocurre con la gente que tiene depresión, difícil de entender por el entorno familiar y de amigos y no te digo más en el laboral
  • 4|Ignacio G dijo
    Tremendo es lo que pasa con estos enfermos, en fin, ya se sabe que cuando no hay sangre de por medio parece que no se está enfermo
  • 3|Rafa dijo
    Además hay que añadir el hándicap de que es difícil que una persona a la primera de cambio se le diagnostique como enfermo mental, en fin
  • 2|Jaime dijo
    Me parece que es la dura realidad con la que tenemos que convivir, y así esto es lo que toca
  • 1|Rocío G. dijo
    No lo podía haber dicho con palabras más claras, eso es lo que pasa en el actual sistema sanitario público español
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