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Jueves, 23 de noviembre de 2017
Cartas al director

18/5/2017

Para mi querida nabata

De ti sólo nos queda tu nombre. Almadieros en Navarra, Nabateros chesos y da Galliguera o riers en Catalunya, así como todos los gancheros que te acompañan. Querida nabata ¿quién en su sano juicio podría pensar que un pantano sería tu tumba?

Los hombres que te construían y las mujeres que les ayudaban (por aquel entonces era oficio de hombres, hoy no) eran hombres y mujeres libres, aventureros montañeses y trabajadores incansables, que navegando ríos imposibles y asumiendo riesgos extremos suministraban la madera necesaria a todos los pueblos y ciudades de la cuenca del río al que pertenecemos. Es decir, de todos los ríos.

Se de primera mano el esfuerzo que conlleva este oficio, pues lo he aprendido con la intención de que no caiga en el olvido y con el firme propósito de llevar madera del pirineo hasta Tortosa, surcando nuestro motor de vida. Nuestro río.

He cortado sargas en la mengua de enero, las he retorcido y remallado. Las acopladeras son doble recias que las demás sargas y sirven para unir los trampos y para pasar un tano es mejor hacerlo con la ayuda de otro montañes.

Las sargas siempre a remojo y la bota plena, pues después de retorcer y remallar 7 u 8 acopladeras tus manos están rojas. Sudas, aunque hace frío y te escuecen las manos. Las ampollas del día anterior revientan y se hacen callos. No pasa nada, trago de la bota y a por otra acopladera. Es mi oficio, SOY NABATERO.

Aún tenemos miles de vergueras que retorcer y remallar. Teniendo en cuenta que para construir una nabata necesitamos unas 12 acopladeras y 50 sargas, empiezo a hacerme una idea de la cantidad de personas del llano y de la montaña que sobrevivían dedicándose a éste ancestral oficio. Hoy por hoy nos quedamos sin gente. ¿Qué está pasando?
Nabata querida, el vocabulario que te rodea es único. Eres más importante de lo que creías. Capitol, Remeras, Remallar, Ropero, Barandáu, Zancarron, Cencella, Mortesas; Acopladeras… Todas estas palabras y muchas más, desconocidas para muchos he interiorizadas para otros son más porciones de tu legado.

Por no hablar del exquisito regalo que a mi juicio debería ser el mejor oficio del mundo. Un nabatero era capaz de unir el Pirineo con el Delta del Ebro y a su paso beneficiar a todas las poblaciones. Un nabatero utilizaba todos los recursos naturales eficientemente, sustentaba a su familia y vertebraba todo el territorio sin necesidad de carreteras. Utilizaba, amaba y cuidaba las primeras autopistas de la historia, las autopistas fluviales. Sus Ríos.

Una nabata hacía ella sola lo que hoy queremos hacer y no sabemos. Una nabata unía pueblos y valles, ríos y sotos, ciudades y personas, mar y montaña. Muchísima gente trabajaba por y para ti querida nabata. Fuiste motor del desarrollo para todo el país y de todos los países.

Si a día de hoy, tu precioso nombre hubiese caído en el olvido, ya no quedaría nadie capaz de entender lo que significa realmente vivir en la montaña. Ya no quedaría esperanza alguna para reinventarnos.

Por tu esencia, por todo lo que representa tu nombre, por la fuerza y valentía necesarias para continuar y no desaparecer. Por la emoción que me embarga al escribirte esta carta. Por la dignidad de los pueblos que se niegan a desaparecer y por la dignidad de todos aquellos náufragos del destino que desaparecieron por culpa de políticas hidráulicas hoy en día obsoletas.

NO AL PANTANO DE BISCARRUES

NO AL PANTANO DE YESA

SÍ A LA VIDA


David López Ripalda

Cartas al director

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