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Lunes, 23 de octubre de 2017
Tribuna Digital

14/4/2017

El esperado "nuevo" comienzo de Europa

José R. Garitagoitia

La colina Capitolina, entre el Foro y el campo de Marte, era el centro religioso y político de la antigua Roma. Hoy alberga el ayuntamiento de la Ciudad Eterna donde el 25 de marzo de 1957 se firmaron los Tratados de la Comunidad Económica Europea y de Comunidad Europea de la Energía Atómica. Junto con el Tratado de la CECA (París 1951) son el embrión de la actual Unión Europea. Sesenta años después los líderes de la UE volvieron a ese lugar emblemático para celebrar el aniversario, y también para fijar las bases de un proyecto renovado que no termina de arrancar. A lo largo y ancho de Europa va calando la idea de una refundación. Como es sabido, son cinco las posibilidades que —de una manera aséptica, sin tomar posición— señaló el presidente de la Comisión ante la Eurocámara el pasado 1 de marzo: seguir como hasta ahora; centrarse en el mercado único; asumir varias velocidades; que la UE haga menos, pero mejor; o avanzar hacia la integración completa.

Seis décadas después de aquella primavera de 1957, Europa se muestra prematuramente vieja. Las respuestas unilaterales de algunos estados ante las crisis planteadas (como el drama migratorio, el auge de los populismos y un contexto internacional agresivo) muestran el retroceso del principio apuntado por Schumanen en su Declaración de 1950: las "solidaridades compartidas", clave para el nacimiento y posterior desarrollo del proyecto. Hoy apreciamos una creciente dificultad para llegar a soluciones comunes en temas principales. El más largo periodo de paz disfrutado en el Viejo Continente, acompañado por un desarrollo económico, cultural y social sin precedentes, se ve ensombrecido por síntomas de fatiga y desconcierto. 

El "Libro Blanco" presentado por Juncker pretende "abrir un debate" con los ciudadanos sobre el futuro de Europa. No se trata de algo nuevo. En el arranque del nuevo siglo, el Consejo Europeo de Laeken (2001) instituyó una Convención con la misma finalidad, y establecer prioridades. Fruto de sus trabajos, el Tratado Constitucional fue firmado con toda solemnidad, en el mismo Capitolio, por los jefes de Estado y de Gobierno (2004). Pronto surgieron problemas en el proceso de ratificación, con el rechazo de Francia y Holanda en sendos referéndum (2005), y quedó definitivamente aparcado. El Tratado de Lisboa ocupa su lugar desde 2009. La Declaración de Berlín (2007), en el 50º aniversario de los Tratados de Roma, también llamó la atención sobre la necesidad de "adaptar la estructura política a la evolución de los tiempos".Tras las últimas elecciones europeas (2014), en su discurso programático ante el parlamento como nuevo presidente de la Comisión, Juncker presentó una declaración de intenciones titulada con el mismo mensaje: "Un nuevo comienzo para Europa". Y hace sólo unos meses la Cumbre de Bratislava (septiembre 2016) convocó a los líderes europeos para espolear, una vez más, la reflexión.

Como se ve, en los últimos años no han faltado llamadas de atención sobre la crisis de la UE, al tiempo que la sensación de estación final del proyecto está cada vez más arraigada. Los ciudadanos británicos votaron por el Brexit a finales de junio, y en las elecciones de Holanda la UE ha superado el susto: se ha puesto freno al populismo que durante meses se apuntaba ganador. Francia está llamada a las urnas dentro de pocas semanas, y en otoño les toca votar a los alemanes. La posición que decidan marcará tendencia. Dejando atrás al Reino Unido, los 27 que permanecen en el club tendrán en sus manos los destinos de la nueva UE, con diagnósticos y propuestasdiferentes. En un momento tan decisivo, en lugar de liderar una propuesta, con el "Libro Blanco" el presidente de la Comisión ha optado por situar a los estados y ciudadanos ante sus responsabilidades con el horizonte puesto en 2025. Para entonces habremos empeñado en reflexiones un cuarto de siglo.

En este contexto, las elecciones al Parlamento Europeo previstas para 2019 se perfilan como un momento clave. Las fuerzas políticas deberán posicionarse, y los ciudadanos tendrán que elegir. El futuro se mueve entre la falta de ambición política (dejar las cosas como están) y acelerar la integración a todos los efectos. En medio quedan opciones en principio más acordes con una mayoría de ciudadanos, y las posiciones de sus gobiernos. La cumbre (a cuatro) de Versalles, celebrada hace unas semanas, ha respaldado una Europa de varias velocidades, compatible con una devolución de competencias a los Estados, y el refuerzo de las que retendría Bruselas. ¿Va por aquí la solución? La necesidad de reformas en el actual funcionamiento está clara, pero es difícil vencer el escepticismo sólo con el retorno competencial. Por otra parte, la "unión a la carta" -en la que se pueda decidir el grado de compromiso- llevará a profundizar las diferencias entre estados, y supondrá mayor dificultad para gestionar un sistema asimétrico, con el consiguiente aumento de burocracia. El Grupo de Visegrado (Polonia, Hungría, República Checa y Eslovaquia) ya se ha mostrado en contra.

El reto, nada fácil, es presentar un proyecto común atractivo, con niveles diferentes de integración, que más allá de los procedimientos y balances de poder ponga el acento en los valores que llevaron a su fundación, y no tanto en los intereses particulares. Ofrecer un relato que muestre con claridad las ventajas, muy superiores a los inconvenientes. Aquel 25 de marzo de 1957 fue significativa la intervención del representante francés. Muestran las crónicas que, en contraste con el tono optimista de sus colegas de Italia, Alemania, Bélgica, Holanda y Luxemburgo, el ministro Christian Pineau dio la nota discordante en la solemne reunión: señaló las dificultades y obstáculos que se deberían superar para lograr una Europa unida. Visto en perspectiva, una minucia comparada con la tarea que tienen por delante los 27 para definir e impulsar el largamente anunciado "nuevo" comienzo de Europa.


*Doctor en Ciencias Políticas y en Derecho Internacional Público
11
comentarios
  • 11|Ñesca dijo
    Algunos trndremos que luchar por este proyecto, aunque otros tantos no quieran
  • 10|Ey dijo
    anda que no nos queda pro aprender
  • 9|Doña Lupe la de los pavos dijo
    la ue está llena de herramientas desaprovechadas o mal utilizadas, como la PAC que es un buejtro por el que se van chorrocientos millones cada añoo
  • 8|Gerardo Bes dijo
    los de centro europa que son los que más tienen que agradecer ahora vienen dadno mal. A ver si cambia esto
  • 7|Olga Jimenez dijo
    lo del libro blanco de Junker solo tiene una lectura: por fin se contempla deshacer todo este tinglado. Y eso ya no sé si a estas alturas es bueno o malo
  • 6|Verónica Domar dijo
    los fundadores de la UE hoy creo que no la reconocerían, Porque seguro que espararían que hubiera avanzdo y solo ha ido a peor
  • 5|mANU CHAO dijo
    Se ha estancado, no. La han estancado por miedos y reticencias inútiles. Tal y como está el mundo o te juntas con más gente o mal plan
  • 4|Quique G. dijo
    Pues sí, pagando precios de Francia con un salario de casi de Senegal
  • 3|Kasparovich dijo
    Con un poco de suerte, la UE se disuelve y nos dejan a todos en paz. Porque telita la que nos metieron con el euro
  • 2|Verlanga dijo
    elecciones en 2019? Yo creo que la gente ya ni se acuerda de eso. Ya verás qué plan presenta los de Podemos! Presentar otra vez al Iglesias??
  • 1|Enrique Trastamara dijo
    la UE se la han cargao a base de bien, con falta de solidaridad y con decisiones que han dejado fuera a la ciudadanía. Así no se hace
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