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Sábado, 20 de diciembre de 2014
Tribuna Digital

17/6/2013

Dos modelos de agricultura

Javier Lorén

Tradicionalmente hasta los inicios del s. XIX, la agricultura se encontraba bajo el paradigma de lo que hoy denominamos “Agricultura ecológica u orgánica” (A.E.). No se utilizaban fitosanitarios, salvo el cobre, el azufre, y poco más. A las plagas bíblicas, como la langosta, se las “excomulgaba” o se hacían plegarías para que desaparecieran, ya que no había manera de controlarlas. La fertilización se llevaba a cabo con el estiércol y los restos de cosecha. No se contaminaba el medio ambiente porque apenas se utilizaban máquinas de motor de combustión, ni se hacían vertidos. Y el medio tenía capacidad de autodepuración. La población era eminentemente rural, con acceso a alimentos de proximidad si el clima y los suelos lo permitían.

Cuando, actualmente se habla de agricultura ecológica, no se está hablando de nada nuevo, aunque lógicamente ha incorporado aquellas tecnologías que encajan con los reglamentos europeos de agricultura ecológica. Es decir, ha evolucionado, como no podía ser de otra manera.

La ciencia a lo largo del s. XX, dotó a los agricultores de medios para producir más y asegurar sus cosechas frente a plagas y enfermedades. Los fertilizantes minerales, especialmente los nitrogenados, ayudaban a obtener mayores producciones y más regulares que los estiércoles. Por otra parte, tampoco había suficiente estiércol para abastecer todas las tierras agrícolas. Ni lo hay ahora. La aplicación de estiércol curado mejora las cualidades físico-químicas y biológicas de un suelo y por tanto su potencial productivo. Es indudable. Siendo esto importante, no se debe olvidar que las plantas toman el nitrógeno en forma nítrica (preferentemente) o amoniacal (ej. Los cítricos), y por lo tanto a la planta le da igual el origen del nitrógeno. Otra cosa son las connotaciones medioambientales, por su coste energético, de la obtención de los fertilizantes nitrogenados.

Con la revolución verde, el desarrollo de la agricultura fue muy significativo. Sentó las bases de la agricultura moderna, donde las mejoras en genética, sistemas de riego, maquinaria, fertilización, protección de cultivos, conservación de los alimentos, etc., contribuyeron a aumentar las cosechas y por lo tanto a dotar de alimentos suficientes para una población que crecía exponencialmente. La agricultura actual es capaz de proveer de alimentos a toda la población del planeta. Pero para ello hace falta voluntad política y una distribución adecuada de los alimentos, para que no haya ningún ciudadano de la Tierra que pase hambre. Y por supuesto, que a veces, se nos olvida: agricultores y ganaderos.

En las últimas décadas han surgido con intensidad movimientos que abogan por los alimentos ecológicos. Sin duda, hay una población creciente que los demanda, por distintos motivos, estableciéndose 4 tipos de consumidores (Magrama 2011): aquellos que abogan por una vida más natural y respetuosa con el medioambiente (32%); los que se apuntan a la moda (26%); quienes se consideran ecologistas (21%) y finalmente los que se preocupan por su salud (21%). En este mismo estudio, basado en encuestas, se constata que entre los consumidores de productos ecológicos hay más mujeres y jóvenes.

La A.E. es saludable para el medioambiente (minimización de vertidos y emisiones gaseosas de fitosanitarios) y también para nuestra salud ya que suministra alimentos sobre los que no se han aplicado fitosanitarios de síntesis. Aplica la rotación de cultivos, abonados verdes, tiende a utilizar variedades autóctonas, establecen los cultivos de acuerdo con el medio ecológico, etc.

En el futuro, el control biológico ayudará con una tecnología cada vez más eficiente – feromonas, parásitos y depredadores de plagas, etc., a minimizar el uso de fitosanitarios. Pero deberá haber medidas de control alternativas, porque el agricultor y la humanidad no se pueden permitir el lujo de perder cosechas por plagas y enfermedades. Y la alimentación, entre otros factores, ha contribuido al aumento de la esperanza de vida del ser humano, sobre todo en países desarrollados.

El mejor sabor que tienen para algunos los alimentos ecológicos no deja de ser un aspecto subjetivo. Así, cuando se trata de variedades tradicionales o autóctonas pudiera considerarse que son mejores. Esto puede ser cierto en unos casos y en otros no. Entre las antiguas y las actuales variedades hay productos de excelente calidad organoléptica, pero también los hay de calidad deficiente. Muchas veces las técnicas de cultivo son las que contribuyen a que un alimento sea más apreciado o menos por el consumidor. En la A.E. técnicas de cultivo como las rotaciones, abonado verde, uso de variedades autóctonas, ciclos de cultivo muy incardinados con el medio ecológico, etc, pueden contribuir a ello.

Hay un hecho que no alberga ninguna duda entre los técnicos. Cualquier producto agrícola, con un período corto de vida postcosecha, es mucho más saludable si se recolecta en el momento óptimo de madurez. Pero no hemos de olvidar, que hay que manipularlos, y a veces, transportarlos a miles de kilómetros. Momento óptimo de sabor y aroma, son incompatibles con transportes a largas distancias. Aunque en esto también estamos mejorando a pasos agigantados. Un tomate insípido cogido del campo en su estado ideal de madurez, deleita más nuestro paladar que la variedad con más sabor del planeta, recolectada precozmente para su transporte a largas distancias.

La A.E. apuesta por el comercio de proximidad y la estacionalidad de los productos, lo que garantiza una madurez más adecuada en el momento de la recolección y por tanto un producto con mejores características organolépticas.

Valor nutricional de los alimentos. Diversos estudios (Universidad de Stanford. EE.UU.) han mostrado que no hay diferencias significativas entre los contenidos nutritivos de los alimentos ecológicos y convencionales, aunque si hay pequeñas diferencias en la concentración de fósforo y algún otro nutriente. Poco más. Desde un punto de vista nutricional, una naranja orgánica es tan sana como una tradicional (Rubio, M.A. Secretario de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición).  Otros autores (Instituto Federal de la protección de los consumidores de Alemania, indican que las frutas y hortalizas ecológicos contienen más minerales y oligoelementos). Pienso que el valor nutricional no es un elemento que se pueda argumentar como diferenciador de un modelo u otro de agricultura.

Los consumidores podemos preguntarnos por qué son más caros los alimentos ecológicos. La explicación es sencilla: los costes de producción son más elevados y en algunos cultivos, las producciones inferiores a la agricultura convencional. Por tanto, ese diferencial debe asumirlo el consumidor. Además, se trata de productos demandados en mercados europeos con mayor poder adquisitivo y dispuesto a pagar más por ellos.

Me parece interesante el crecimiento de la agricultura ecológica en nuestro país, aunque actualmente siga representando un porcentaje pequeño respecto del conjunto. Hay un nicho de mercado dispuesto a pagar un diferencial de precio por estos productos y además hay agricultores dispuestos a asumir las dificultades que este modo de cultivo entraña para satisfacer a estos consumidores.

En cualquier caso, conviene no olvidar que la gran mayoría de los alimentos que tomamos proceden de la agricultura convencional. Una agricultura cada vez más concienciada con la salud de las personas y más respetuosa con el medioambiente, que a partir de 2014 estará obligada a producir bajo la metodología de Gestión Integrada de Plagas, dictada por la Unión Europea.

Finalmente, la aparición de nombres sobre los tipos de producción, a juicio de quien escribe, crea confusión entre los consumidores, ya que para un ciudadano no es fácil distinguir: alimento de denominación, de origen, IGP, de producción integrada, de ecológica, de C’alial, etc.


* Presidente de COITA y subdirector de la EUPLA
10
comentarios
  • 10|León Marín dijo
    Si no manipularan tanto los productos no tendríamos que preocuparnos de las normativas
  • 9|Chusé dijo
    La verdad es que vale más la pena comer un producto que viene directamente de la huerta que comer lo que te venden en el súper que no sabe a nada
  • 8|Victor dijo
    Las plantas no saben de que procedencia es el mineral, solamente absorbe ya sea orgánico o sintético. por lo tanto ambos son alimentos buenos para la salud siempre cuando el balanceado de los fertilizantes sintéticos sean adecuados.
  • 7|Tere dijo
    Se tienen que poner cartas en el asunto, no se puede vender algo como ecológico a un precio desorbitado y creerse que es lo más sano
  • 6|Manuel F. dijo
    No creo que los alimentos ecológicos tengan mejor sabor, tienen quizás mejor aspecto, pero a mí dame una lechuga más mustia y de la huerta de Magallón que me la como mejor que una de invernadero
  • 5|Fermina dijo
    Ahora los alimentos tienen mil denominaciones, la verdad
  • 4|Héctor dijo
    Anda que no se nota el sabor, lo que tenía que estar es más regulado que vete a saber lo que comemos
  • 3|Florencio dijo
    Con lo ricas que son las lechugas sin más sin tratar y de la huerta del abuelo
  • 2|Alejandro Gracia dijo
    No hay color con el sabor de los productos de casa a cómo saben los del súper, nada de nada
  • 1|Vicente dijo
    Siempre se han sulfatado los alimentos, porque si no se los comían los bichos, pero de ahí a tanta porquería que comemos...
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