Tribuna Digital El cruel titiritero

El cruel titiritero

Aquellos a los que llamamos convencionalmente animales no se molestan en simular ser otro (excepto si están domesticados), y no necesitan aparentar lo que no son, tal vez sí parecer más grandes, como cuando mi gato se eriza, pero ese es un mecanismo de supervivencia y no de avaricia.

Aquellos a los que llamamos convencionalmente animales no se molestan en simular ser otro (excepto si están domesticados), y no necesitan aparentar lo que no son, tal vez sí parecer más grandes, como cuando mi gato se eriza, pero ese es un mecanismo de supervivencia y no de avaricia. Harto estoy de ver documentales en la tele, donde ningún animal mata más allá de lo que necesita para vivir, y en las noticias escuchar a políticos y economistas justificar la acumulación de enormes fortunas que provocan unas diferencias de recursos vitales que causan sonrojo.

Solemos ver en los animales no humanos diferencias sustanciales con nosotros porque nos atribuimos una dignidad superior a la de los mosquitos y las ratas. Pero si es cierto que nuestra especie, como los insectos y los roedores han diezmado a la humanidad a lo largo de la historia, entonces ya no estoy tan seguro.

No voy a sentenciar quiénes son los buenos y quiénes los malos, y que los malos siempre son los mismos y que unos hacen las cosas y otros se las atribuyen... pero sí diré que tenemos tendencia al pesimismo en diferentes grados, y a una fatalidad que no conoce límites, hasta terminar por sentirnos endebles marionetas pendientes de los hilos que maneja algún cruel titiritero.

Mi gato Rufo cree que yo creo que él está domesticado. Pocos gatos lo están. Por Rufo sé que nunca será tarde para nuestros aguerridos y jóvenes estudiantes, si una buena educación los provee de recursos para estudiar como cosacos a la vez que entienden la lógica del titiritero.
 


* Maestro de escuela