Tribuna Digital Lo porvenir

Lo porvenir

Ahora que ya no se espera, que todo lo queremos a la voz de ya. Ahora que, presumiblemente, somos capaces de reducir la distancia con lo que ha de llegar, con ese futuro que alienta este nuestro presente, aunque nada más sea para convertirlo en excusa de adorno, en divertimiento y solaz con dulce apellido…

Ahora que ya no se espera, que todo lo queremos a la voz de ya. Ahora que, presumiblemente, somos capaces de reducir la distancia con lo que ha de llegar, con ese futuro que alienta este nuestro presente, aunque nada más sea para convertirlo en excusa de adorno, en divertimiento y solaz con dulce apellido…

Ahora que se multiplican las filas frente a las administraciones de lotería tras ese décimo anhelado de la suerte, y buscamos en el calendario un hueco para esas celebraciones, comidas o cenas de trabajo, de amigos, o de cualquier excusa es buena; ahora digo, puede ser el momento para pensar en el futuro que nos está viniendo a cada paso, por encima de un presente que amenaza, en muchas ocasiones desde la cruda realidad, la generación de esperanzas renovadas.

Quien más quien menos, a lo largo de los próximos días, lanzará brindis y proyectará deseos. Tal vez, uno de los más repetidos sea el que sentimos sobre lo que entendemos por prosperidad inmediata, ceñida a un periodo muy concreto, el del año venidero en cuestión. Deseamos un tiempo venidero próspero, que nos posibilite crecimiento, mejoría personal y familiar, incremento patrimonial o salud como mínimo. Y todo ello, en perspectiva personal y de entornos próximos o cercanos.

Sólo que, el mundo que habitamos, resulta cada vez más la aldea global anunciada, en los años sesenta del pasado siglo XX, por el señor McLuhan; por consiguiente un mundo  más interconectado, y por ello más corresponsable.

Así que, a lo porvenir, habrá que aplicar la relación directa con lo por viniendo, que es gerundio, y que se refiere fundamentalmente al presente que vamos construyendo, o destruyendo, vaya usted a saber. Y analizarlo no está de más.

Como casi todo en la vida, depende de cómo se afronte el momento presente, el hoy; de las esperanzas que lo insuflan, del acierto en la toma de decisiones, o de la espera que la alimenta y los valores que la sustentan. También de los apoyos con que uno cuenta y de las compañías con quien se camina. Y por supuesto, también, de un poco de suerte. Pero para no confiar en exceso en la diosa fortuna, conviene recordar aquello de que “la fortuna ayuda a los audaces”, que decían los clásicos. Para que lo porvenir no nos pille de brazos cruzados y sirva, como suele ocurrir cuando las cosas vienen mal dadas, para lamento de agoreros.
 


* Periodista
 
Turismo y cambio climático