La cajita de
los juegos
tradicionales
La tienda de
Tomás está
escondida. En
una callecita
sin salida, en
el Barrio de
Delicias, en
Zaragoza. Entrar
en su tienda es
adentrarse en
una cajita, en
el pasado, en
las entrañas de
la cultura
popular
aragonesa. Gran
cantidad de
juegos hechos a
mano, muchos de
madera, se
esparcen ante la
mirada del
curioso.
Bolos de Used o
de la Jacetania
para mujeres.
Cartetas o la
rana para
chicos. Tabla de
hoyetes o
galdufas
(peonzas planas
por arriba) que
Tomás pinta a
mano de vivos
colores. Todo
hecho por él en
sus ratos
libres, a escala
real o en
miniatura,
cuando no está
trabajando en la
fábrica. Un
mundo
desconocido por
muchos pero que
está al alcance
de cualquiera
que busque un
poco.
La afición por
el deporte
tradicional
aragonés ha
llevado a Tomás
a crear esta
tiendita, un
rincón donde uno
puede
refugiarse,
entre piezas con
una historia que
contar…, aunque
no podamos
escucharlas; y
otras que son
réplica de las
antiguas,
rescatadas del
olvido en la
nueva creación.
EL ORIGEN DEL
JUEGO Y LA
IGUALDAD DE
SEXOS
Hoy hombres y
mujeres
compartimos
placeres y
deberes, casi de
forma
equitativa. Pero
antes los
géneros
determinaban los
roles. Y, por
tanto, la forma
de emplear el
tiempo. Las
mujeres no
dedicaban sus
horas de ocio a
las mismas
ocupaciones, ni
lo hacían en los
mismos ratos que
los hombres.
El origen de la
mayoría de los
juegos es el
trabajo. “Si
ibas a la fragua
a herrar el
caballo y te
encontrabas allí
con un vecino,
en los tiempos
muertos solían
surgir pequeñas
competiciones.
Lo mismo cuando
estabas
guardando sacos
de simiente en
el almacén. Lo
que ahora son
piezas de juegos
son también, o
lo fueron
anteriormente,
herramientas de
trabajo”,
explica Tomás.
Las mujeres
jugaban después
de acabar con el
trabajo casero.
Salían a la
puerta de casa a
tejer, y
practicaban
juegos donde la
fuerza física no
es tan
necesaria. “La
barra aragonesa,
los bolos de
Used o la rana
no eran juegos
femeninos”,
aclara. Hoy día,
la equiparación
entre los sexos
hace que las
mujeres ya
compitan en
barra aragonesa
y otras
disciplinas
tradicionalmente
masculinas
dentro de la
Federación,
aunque sólo
desde hace dos
años.
El hecho de que
el varón haya
sido siempre el
que controlase
el dinero ha
hecho que,
tradicionalmente,
jugase más.
Porque el juego
se practica
siempre con
alicientes, la
mayoría de
veces,
económicos.
La mayoría de
juegos se
practican sólo
en ocasiones
puntuales. “La
gente que, como
yo, los
apreciamos y
practicamos,
participamos en
competiciones
(dentro de la
Federación
Aragonesa de
Juegos
Tradicionales),
o jugamos con
vecinos del
pueblo que
compartan esta
afición. Pero no
son actividades
que se
practiquen de
forma constante.
El tiempo que
las personas
tenemos para
jugar es muy
reducido. Se
suelen
desarrollar más
en fiestas
populares,
cuando la gente
está
desocupada”,
apunta Tomás.
Anteriormente
tampoco se
jugaba todos los
días, porque,
sobre todo en
los pueblos, las
labores
agrícolas y
ganaderas
ocupaban mucho
tiempo. También
hay juegos que
tenían su
momento
concreto. “Los
pulsos de pica,
por ejemplo, se
echaban después
del café pero
antes del baile,
ambos sagrados”,
comenta.
Es curioso
observar cómo
hay juegos
actuales que son
evolución de
otros antiguos.
Por ejemplo, los
tazos son
parientes
lejanos de las
“cartetas”
(cartas de
barajas dobladas
en cuadraditos).
Las canicas no
son evolución de
otro juego, sino
reciclaje del
antiguo cierre
de las botellas
de gaseosa o de
bebidas con gas.
Éstas llevaban
una bolita
dentro que
cerraba
perfectamente la
boca de la
botella. Los
niños las
rompían para
sacar las
bolitas, luego
llamadas
canicas.
Quizás donde más
se ha notado que
ya no jugamos
tanto es cuando
somos niños. Las
pistolas de
pinzas, las
canicas, el
“taco”, la
“goma” a que
jugaban las
niñas, etc, son
actividades que
hoy se han
sustituido por
la televisión,
el ordenador o
la videoconsola.
Los niños ya no
saben jugar a
subirse a los
árboles, o a los
indios… si no es
con un mando de
videoconsola en
las manos.
Tomás reconoce
que hay juegos
que ya no se
practican a
menudo, pero sí
puntualmente. En
Campo (Huesca)
sí que juegan a
algún juego
tradicional
durante todo el
año, aunque no
es lo habitual.
Pero “todo lo
que yo tengo en
la tienda está
vivo”, afirma.
Quien demanda
este producto es
gente muy
diversa. Desde
un Ayuntamiento,
para que sus
vecinos
practiquen con
la barra, o una
señora que los
quiere para
regalárselo a su
nieto. En
ocasiones, dice
Tomás, los
compran para
ellos mismos,
sobre todo en el
caso de personas
mayores, que
pretenden
recuperar con
los juegos los
momentos felices
de la niñez o
juventud. Dice
orgulloso que
tiene una tienda
“que quita años,
como un lifting”.
COMIENZOS
“Comencé a
relacionarme con
el deporte
tradicional por
un reto que me
hicieron.
Afirmaron que yo
no podría
practicar la
barra aragonesa
por la
dificultad que
entraña ese
deporte. Pero me
propuse llegar a
practicarlo
porque me gustan
los deportes de
fuerza”. Tomás
se encontró con
una disciplina
difícil, porque
no sólo hace
falta la fuerza
física para ser
bueno tirándola.
Cerca del 80% es
técnica; el 20%
restante es cosa
de fuerza.
“Poco a poco me
fui encontrando
con gente que
tenía las mismas
inquietudes que
yo, que me
enseñaban cómo
se practicaban
los deportes,
cómo se jugaba…Y
que, como yo, no
tenían intereses
lucrativos.
Simplemente
querían conocer
todo este mundo
por curiosidad”.
Tomás es también
director técnico
de la Federación
Aragonesa de
Deportes
Tradicionales y
con ella ha ido
por colegios y
pueblos
enseñando lo que
sabe.
Cuando, poco a
poco, otras
generaciones le
fueron tomando
el relevo en
esta “ruta
didáctica”,
decidió montar
la tienda. “Yo
había enseñado
lo que sé, pero
faltaba el
material para
ponerlo en
práctica”.
Tomás cuenta que
la labor de
recuperación de
esta tradición
deportiva ha
sido más difícil
por la escasez
de documentos.
Explica que la
Guerra Civil
supuso la quema
de numerosos
documentos de la
Iglesia,
institución que
durante mucho
tiempo ha sido
la que
controlaba gran
parte de la
información.
ARTESANÍA
AUTÉNTICA
A Tomás le duele
vender las
piezas, porque
las hace todas
él mismo, a
mano. Llevan su
tiempo, y ver
nacer a cada una
de entre sus
manos crea un
vínculo afectivo
con ellas. Son
piezas únicas,
afirma.
Sin embargo,
esto no aumenta
el precio al que
se venden los
juegos, porque,
como explica
Tomás, por el
trabajo que
supone hacerlos
“serían
impagables”.
Para vivir de la
artesanía debes
dedicarte a ella
las veinticuatro
horas del día. O
ser un “artista”
y venderlas al
precio que
realmente valen,
concluye.
A pesar de todo,
“no pierdo
dinero”, asegura
Tomás. Pero
tampoco le da
para vivir.
Trabaja en una
fábrica de
plásticos con
sus hermanos, de
donde salen sus
ingresos para
vivir. “La
tienda la tengo
por afición”,
aclara, y añade
que hay muchos
que, como él,
tiene otras
ocupaciones y
son artesanos en
su tiempo libre.
“UN CORCHO EN
EL AGUA”
Tomás está
convencido de
que si el juego
aragonés
tradicional se
valora más ahora
que antes no es
por moda
pasajera.
Siempre ha dicho
que es como “un
corcho en el
agua. “Si lo
tapas con una
piedra, las
corrientes la
pueden mover y
el corcho subirá
a la superficie.
Porque todo lo
que resurge,
algo tiene de
encanto”,
afirma. Pero se
queja de que
estos deportes
regionales no
reciben
prácticamente
ninguna ayuda
para pervivir, a
pesar de que
existe una
Ley
del Deporte de
Aragón.
Además, “las
piezas tienen
una experiencia,
que no pueden
contarnos, pero
que está ahí”,
apunta. Cuando
practicamos un
juego, hablamos
sobre la vida;
comentamos
sucesos o nos
interesamos por
la salud de los
que nos rodean”.
Y todo eso
empapa el
material de las
piezas,
creándoles una
capa más de
historia,
explica.
En realidad, el
juego, como
muchas cosas, es
otra forma de
relacionarnos.
Y, aunque en
ocasiones surjan
rivalidades
insuperables,
otras veces
sirve para
“romper el
hielo”. Tomás
cuenta que,
habiendo llegado
a Used para
practicar los
bolos, se
unieron a la
cita dos mujeres
que llevaban
años sin
hablarse y
conviviendo
puerta con
puerta. Aunque
fue sólo para
discutir sobre
el propio juego,
durante la
competición
rompieron la
barrera que las
había separado
por tanto
tiempo.
Él está
intentando, con
su proyecto
personal, que
esa historia y
esa forma de
relación no
muera. Quizás
porque sabe que
el pasado y la
memoria nos
hacen ser lo que
somos.
Anexo:
FEDERACIÓN
ARAGONESA DE
DEPORTES
TRADICIONALES.
PADRE MARCELLAN,
15 - 50015
ZARAGOZA.
TEL. 976730611 -
FAX 976730608 |
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