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Viernes, 3 de septiembre de 2010
RAÍCES DE ARAGÓN
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 Boliches, un clásico
entre los juegos
tradicionales
 

 

 

 

La cajita de los juegos tradicionales

La tienda de Tomás está escondida. En una callecita sin salida, en el Barrio de Delicias, en Zaragoza. Entrar en su tienda es adentrarse en una cajita, en el pasado, en las entrañas de la cultura popular aragonesa. Gran cantidad de juegos hechos a mano, muchos de madera, se esparcen ante la mirada del curioso.

Bolos de Used o de la Jacetania para mujeres. Cartetas o la rana para chicos. Tabla de hoyetes o galdufas (peonzas planas por arriba) que Tomás pinta a mano de vivos colores. Todo hecho por él en sus ratos libres, a escala real o en miniatura, cuando no está trabajando en la fábrica. Un mundo desconocido por muchos pero que está al alcance de cualquiera que busque un poco.

La afición por el deporte tradicional aragonés ha llevado a Tomás a crear esta tiendita, un rincón donde uno puede refugiarse, entre piezas con una historia que contar…, aunque no podamos escucharlas; y otras que son réplica de las antiguas, rescatadas del olvido en la nueva creación.

EL ORIGEN DEL JUEGO Y LA IGUALDAD DE SEXOS

Hoy hombres y mujeres compartimos placeres y deberes, casi de forma equitativa. Pero antes los géneros determinaban los roles. Y, por tanto, la forma de emplear el tiempo. Las mujeres no dedicaban sus horas de ocio a las mismas ocupaciones, ni lo hacían en los mismos ratos que los hombres.

El origen de la mayoría de los juegos es el trabajo. “Si ibas a la fragua a herrar el caballo y te encontrabas allí con un vecino, en los tiempos muertos solían surgir pequeñas competiciones. Lo mismo cuando estabas guardando sacos de simiente en el almacén. Lo que ahora son piezas de juegos son también, o lo fueron anteriormente, herramientas de trabajo”, explica Tomás.

Las mujeres jugaban después de acabar con el trabajo casero. Salían a la puerta de casa a tejer, y practicaban juegos donde la fuerza física no es tan necesaria. “La barra aragonesa, los bolos de Used o la rana no eran juegos femeninos”, aclara. Hoy día, la equiparación entre los sexos hace que las mujeres ya compitan en barra aragonesa y otras disciplinas tradicionalmente masculinas dentro de la Federación, aunque sólo desde hace dos años.

El hecho de que el varón haya sido siempre el que controlase el dinero ha hecho que, tradicionalmente, jugase más. Porque el juego se practica siempre con alicientes, la mayoría de veces, económicos.

La mayoría de juegos se practican sólo en ocasiones puntuales. “La gente que, como yo, los apreciamos y practicamos, participamos en competiciones (dentro de la Federación Aragonesa de Juegos Tradicionales), o jugamos con vecinos del pueblo que compartan esta afición. Pero no son actividades que se practiquen de forma constante. El tiempo que las personas tenemos para jugar es muy reducido. Se suelen desarrollar más en fiestas populares, cuando la gente está desocupada”, apunta Tomás.

Anteriormente tampoco se jugaba todos los días, porque, sobre todo en los pueblos, las labores agrícolas y ganaderas ocupaban mucho tiempo. También hay juegos que tenían su momento concreto. “Los pulsos de pica, por ejemplo, se echaban después del café pero antes del baile, ambos sagrados”, comenta.

Es curioso observar cómo hay juegos actuales que son evolución de otros antiguos. Por ejemplo, los tazos son parientes lejanos de las “cartetas” (cartas de barajas dobladas en cuadraditos). Las canicas no son evolución de otro juego, sino reciclaje del antiguo cierre de las botellas de gaseosa o de bebidas con gas. Éstas llevaban una bolita dentro que cerraba perfectamente la boca de la botella. Los niños las rompían para sacar las bolitas, luego llamadas canicas.

Quizás donde más se ha notado que ya no jugamos tanto es cuando somos niños. Las pistolas de pinzas, las canicas, el “taco”, la “goma” a que jugaban las niñas, etc, son actividades que hoy se han sustituido por la televisión, el ordenador o la videoconsola. Los niños ya no saben jugar a subirse a los árboles, o a los indios… si no es con un mando de videoconsola en las manos.

Tomás reconoce que hay juegos que ya no se practican a menudo, pero sí puntualmente. En Campo (Huesca) sí que juegan a algún juego tradicional durante todo el año, aunque no es lo habitual. Pero “todo lo que yo tengo en la tienda está vivo”, afirma.

Quien demanda este producto es gente muy diversa. Desde un Ayuntamiento, para que sus vecinos practiquen con la barra, o una señora que los quiere para regalárselo a su nieto. En ocasiones, dice Tomás, los compran para ellos mismos, sobre todo en el caso de personas mayores, que pretenden recuperar con los juegos los momentos felices de la niñez o juventud. Dice orgulloso que tiene una tienda “que quita años, como un lifting”.

COMIENZOS

“Comencé a relacionarme con el deporte tradicional por un reto que me hicieron. Afirmaron que yo no podría practicar la barra aragonesa por la dificultad que entraña ese deporte. Pero me propuse llegar a practicarlo porque me gustan los deportes de fuerza”. Tomás se encontró con una disciplina difícil, porque no sólo hace falta la fuerza física para ser bueno tirándola. Cerca del 80% es técnica; el 20% restante es cosa de fuerza.

“Poco a poco me fui encontrando con gente que tenía las mismas inquietudes que yo, que me enseñaban cómo se practicaban los deportes, cómo se jugaba…Y que, como yo, no tenían intereses lucrativos. Simplemente querían conocer todo este mundo por curiosidad”. Tomás es también director técnico de la Federación Aragonesa de Deportes Tradicionales y con ella ha ido por colegios y pueblos enseñando lo que sabe.

Cuando, poco a poco, otras generaciones le fueron tomando el relevo en esta “ruta didáctica”, decidió montar la tienda. “Yo había enseñado lo que sé, pero faltaba el material para ponerlo en práctica”.

Tomás cuenta que la labor de recuperación de esta tradición deportiva ha sido más difícil por la escasez de documentos. Explica que la Guerra Civil supuso la quema de numerosos documentos de la Iglesia, institución que durante mucho tiempo ha sido la que controlaba gran parte de la información.

ARTESANÍA AUTÉNTICA

A Tomás le duele vender las piezas, porque las hace todas él mismo, a mano. Llevan su tiempo, y ver nacer a cada una de entre sus manos crea un vínculo afectivo con ellas. Son piezas únicas, afirma.

Sin embargo, esto no aumenta el precio al que se venden los juegos, porque, como explica Tomás, por el trabajo que supone hacerlos “serían impagables”. Para vivir de la artesanía debes dedicarte a ella las veinticuatro horas del día. O ser un “artista” y venderlas al precio que realmente valen, concluye.

A pesar de todo, “no pierdo dinero”, asegura Tomás. Pero tampoco le da para vivir. Trabaja en una fábrica de plásticos con sus hermanos, de donde salen sus ingresos para vivir. “La tienda la tengo por afición”, aclara, y añade que hay muchos que, como él, tiene otras ocupaciones y son artesanos en su tiempo libre.

“UN CORCHO EN EL AGUA”

Tomás está convencido de que si el juego aragonés tradicional se valora más ahora que antes no es por moda pasajera. Siempre ha dicho que es como “un corcho en el agua. “Si lo tapas con una piedra, las corrientes la pueden mover y el corcho subirá a la superficie. Porque todo lo que resurge, algo tiene de encanto”, afirma. Pero se queja de que estos deportes regionales no reciben prácticamente ninguna ayuda para pervivir, a pesar de que existe una Ley del Deporte de Aragón.

Además, “las piezas tienen una experiencia, que no pueden contarnos, pero que está ahí”, apunta. Cuando practicamos un juego, hablamos sobre la vida; comentamos sucesos o nos interesamos por la salud de los que nos rodean”. Y todo eso empapa el material de las piezas, creándoles una capa más de historia, explica.

En realidad, el juego, como muchas cosas, es otra forma de relacionarnos. Y, aunque en ocasiones surjan rivalidades insuperables, otras veces sirve para “romper el hielo”. Tomás cuenta que, habiendo llegado a Used para practicar los bolos, se unieron a la cita dos mujeres que llevaban años sin hablarse y conviviendo puerta con puerta. Aunque fue sólo para discutir sobre el propio juego, durante la competición rompieron la barrera que las había separado por tanto tiempo.

Él está intentando, con su proyecto personal, que esa historia y esa forma de relación no muera. Quizás porque sabe que el pasado y la memoria nos hacen ser lo que somos.

Anexo:

FEDERACIÓN ARAGONESA DE DEPORTES TRADICIONALES.
PADRE MARCELLAN, 15 - 50015 ZARAGOZA.
TEL. 976730611 - FAX 976730608

   
 
 

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