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Estoy divorciada y tengo un hijo adoptado con el que la relación es tensa (tiene 13 años), con el matricidio de Zaragoza tengo miedo de que me suceda a mí. ¿Cómo actúo contra su rebeldía?

Cada niño que llega a su nuevo hogar lleva consigo su propia historia y vivencia personal según la edad de adopción. Por ello, suelen ser susceptibles de presentar ciertas características emocionales y del comportamiento que hay que conocer y saber orientar ya que, con el paso del tiempo, puede entorpecer una vinculación familiar adecuada.

No es extraño que se den conductas desafiantes a lo largo de un ciclo evolutivo “normal” de cualquier niño. La rebeldía es una característica particular de los preadolescentes. Hasta el hijo más cariñoso y cercano puede mostrarse, de pronto, arisco hacia sus padres porque inconscientemente necesitan poner a prueba vuestro amor hacia ellos.

Cuando llegan a la adolescencia se produce un cambio importante que afecta a su manera de relacionarse, volviéndose más rebeldes y contestones. Tienden a cuestionar todo lo que se les dice, la comunicación con sus padres se vuelve cortante, protestan por casi todo, desobedecen e incluso se oponen a cumplir las normas establecidas por los padres.

Te pongo al corriente de todo este panorama para que tengas constancia de cómo es el comportamiento de un niño a esa edad independientemente de que sea adoptado o no. De esta forma, y partir de este margen de “normalidad” que te he expuesto, puedas valorar por ti misma en qué punto se encuentra tu hijo y en que nivel tu relación con él. Por otro lado, el matricidio no es un acto que esté íntimamente relacionado con el perfil de un niño adoptado, pues que se haya dado un caso no significa que tu hijo, por el mero hecho de ser rebelde, se vaya a ver envuelto en este tipo de situaciones tan extremas.

Tu hijo está en una fase muy complicada en la que ni él mismo es capaz de conectar con ese cambio emocional por el que está atravesando. Las variaciones en su estado de ánimo son comunes, pero lo importante es que tú le marques límites en lo que realmente consideras necesario y que no des demasiada importancia a lo que tú estimes sea secundario.

No obstante, si esta conducta persevera en el tiempo o ya estás ante una situación de insultos, hostilidad grave o resistencia física con agresividad, entonces podemos estar ante un trastorno clínico y es necesario acudir a un especialista para que te oriente en el caso, ya que de no abordarse éste de forma rigurosa y eficaz, tu hijo podría verse involucrado no solo en problemas familiares sino también en asuntos sociales y legales.
 

Mi consejo: Si supones que no estás ante una situación de riesgo, simplemente con la propia educación que tú le inculques a tu hijo unida al apoyo y respaldo escolar verás que poco a poco reconduciréis estas manifestaciones de rebeldía, propias de la edad, hacia conductas más estables y normalizadas, ya que aquellas irremediablemente forman parte del proceso de madurez.

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