Jugando a papás y mamás

Jugando a papás y mamás

Laura, cansada, mira desde la cama del hospital la cuna donde su bebé descansa. Hace tan sólo tres horas que ha venido al mundo y por su carita de cansado ella intuye que le han hecho muchas cosas las dos horas que ha estado abajo, con los médicos. Ahora están solos. Bueno, no del todo.

La señora de la limpieza se encarga de dar a la habitación ese olor a limpio tan característico de los hospitales. Sabe que cuando se vaya ella entrarán su marido, su suegra, su madre… y alguien más que haya podido llegar cuando la señora entró con el gran cubo blanco lleno de agua.

Ahora disfruta de unos minutos de intimidad con su pequeño, que duerme ajeno al mundo en el que ha nacido. En un par de días su vida será un caos. Papás primerizos, que si dale el pecho cada tres horas, dicen unos, que si cuando él te lo pida, dicen otros. No le cojas que se acostumbra, cógele ahora que es pequeño y se deja. Tápale la cara que hace frío, deja que le de el sol en las mejillas…

Laura sabe que no sabe nada de bebés, pero desde el primer momento en el que vio dos rayitas en el predictor algo se le despertó. Intuye que es el instinto maternal. Ese instinto que le va a ayudar a decidir en cada momento lo que es mejor para el pequeño.

Un último vistazo a la habitación y la señora de la limpieza se despide dándole la enhorabuena. Se acabó su momentito de relax.

– Pero chica, no le dejes dormir que luego por la noche no te dormirá.

El primer consejo viene de una tía de su esposo. Hace dos minutos que se ha ido la mujer del cubo blanco y ya desea que vuelva.