Allá donde estés, no te olvidaré

Allá donde estés, no te olvidaré

Aquél día, cuando me metí en el coche, sentí una punzada de dolor. Tu nieto notó que me pasaba algo. Le dije que no era nada. Minutos después, tus bisnietos nos hicieron centrar la atención en ellos.

Nos volvíamos de tu ciudad natal como otras veces, después de una visita de varios días. Las obligaciones y el fin de las vacaciones nos obligaban a ello.

Meses después, llegaron las navidades. Unas fechas ese año marcadas por los viajes de tu nieto. Estabas en el hospital. Tú, un hombre fuerte y sano, estaba en sus últimos días. Todo había sido muy rápido y los médicos sólo daban una explicación, eras mayor.

Cuando sonó el teléfono aquélla noche supe quien era. Te habías ido. Un escalofrío recorrió mi espalda al recordar esa mirada de hace varios meses en la que me dijiste con claridad que no nos íbamos a volver a ver. Esa mirada, ese presentimiento, se quedará conmigo mientras viva. Fue un placer conocerte. Hasta siempre.