Los fantasmas de Laura

Los fantasmas de Laura

-Hola, guapa. Ya era hora que llegaras. -Dice una voz a su espalda. -Bueno, no pasa nada, ahora ya estás aquí.

-Perdona, no tengo tiempo para hablar contigo. Tengo que hacerme la cena y poner una lavadora.

-¿Tantas cosas? Mejor no lo hagas, ya es tarde. -Dice una segunda voz.

-El fantasma de la pereza tiene razón, ven siéntate en tu sofá. Sola.-Contesta la primera voz.

Laura respira hondo. Empieza la lucha diaria. En esta ocasión los fantasmas de la soledad y la pereza han sido los primeros en aparecer. No se va a rendir, va a plantarles cara. Sin decir nada, camina hasta la cocina y enciende un fuego de la vitrocerámica.

-Es tarde, estás cansada, deja eso. Siéntate en el sofá y habla con el fantasma de la soledad, hazle caso. Seguro que tiene muchas cosas que decirte.

Ella le ignora. Está decidida. No es un fantasma fuerte y sabe que podrá con él. Además, tiene hambre y en la lavadora no cabe ni un calcetín, así que mientras la carne se fríe, pone el programa corto. Ve como el fantasma se aleja. Le promete volver cuando el centrifugado acabe.

-Dos filetes de carne. Claro, para que vas a cocinar más, total, para ti. Qué pena ¿No? Cenar sola. -Laura le ignora a tiempo que escucha cómo se acerca otro fantasma.

-¿Recuerdas hace unos meses? Entonces no cocinabas sólo para ti. También lo hacías para Carlos. Qué bonito era. Hacer su cena favorita y esperar a que cerrara la tienda para comer juntos. Entonces eras feliz. Igual que cuando llegabas a casa y tenías la compra hecha. Ahora la tienes que hacer tú, porque él ya no está. El muy cabrón te dejó por otra. Tu compañera de trabajo, a la que acogiste en esta misma casa cuando lo dejó con el novio. ¿Lo recuerdas? Si, claro que lo recuerdas, esas cosas no se olvidan.

-Y si en algún momento lo olvido, ya me lo recuerdas tú ¿Verdad fantasma del pasado? Vete a la mierda y déjame cenar tranquila. -Laura empieza a perder los nervios.

-Hazle caso, quiere estar sola. Cenar sola. Pensar sola. ¿Qué haces? Ya veo, pones la televisión para intentar alejarme, pero no lo vas a conseguir. Porque vas a ver la tele sola.

-Sin nadie que te abrace como lo hacía Carlos. Especialmente cuando veíais una película de terror. ¿Lo recuerdas? Esas noches hacíais el amor hasta que te dormías agotada. Qué bonito era. No cambies de canal, deja esa serie. Era vuestra serie favorita. La empezaste a ver por él, porque te dijo que le gustaba mucho. Tú al principio no le encontrabas sentido, pero ahora tienes curiosidad. ¿Por qué cambias? Si ya sabes que no echan nada a estas horas.

El teléfono móvil de Laura suena con un mensaje. Es su amigo Pedro, con el que ha quedado por la tarde. Le pregunta si ha llegado bien a casa. Le contesta entre lágrimas y agradece que no pueda ver su cara en ese momento. El fantasma de los recuerdos se aleja con una sonrisa de oreja a oreja. Ha conseguido lo que quería, la ha hecho llorar. Así le gusta verla, sufriendo, porque de esa manera no tendrá que buscar otra persona a la que atormentar.

-Pero... ¿Qué haces? Deja el móvil. ¿Con quien hablas? Así no puedes estar sola.

-Hablo con un buen amigo, una persona que me está ayudando mucho en estos momentos en los que tú y los demás os empeñáis en amargarme la existencia. No te necesito para nada, puedes irte. Adiós.

-De eso nada, monada. Yo me quedo aquí, viendo cómo lavas el plato de la cena sola. Porque aunque hables con tu amigo, él no está aquí. Esta habitación la compartimos tú y yo... y el resto de fantasmas. Mira, ya viene el de la tristeza, te ha visto llorar y se ha puesto contento.

-Qué asco de vida tienes. Un trabajo en el que nadie te valora, una familia a la que apenas ves a causa de la distancia, un ex novio que ahora estará por ahí follándose a tu vieja amiga, esa zorra a la que tienes que ver todos los días. ¿Y qué me dices  tu sueldo? Apenas te da para pasar el mes. Era mucho mejor antes, cuando compartías gastos. Y eso por no hablar de las amistades, que mas de una te ha dado la espalda cuando le has dicho que estabas triste. Y el casero, que te quiere subir el alquiler. Tu vida es una mierda.

Laura hace todo lo posible por no escuchar la voz de la tristeza. Decide llamar a su amigo, sabe que de esa manera se irán todos los fantasmas.

-¿Qué te pasa pequeña? ¿Por qué lloras?

Ella se lo cuenta todo. Le habla de sus fantasmas y de lo que le cuesta cada día enfrentarse a ellos. Le cuenta su victoria contra el de la pereza y su derrota contra el de los recuerdos. Él intenta animarla, le hace ver lo fuerte que es, le dice que no debe estar triste porque Carlos se haya ido sino todo lo contrario. En la distancia, consigue que abra los ojos y vea todo lo positivo que tiene a su alrededor. Ella se resiste, no está del todo convencida. Añora la vida que tenía antes, en la que estaba su ex y no estaban los fantasmas. Con gran esfuerzo, Pedro consigue que vea que ese no era el camino a la felicidad, porque sólo era humo. Y le dice que cuando consiga vencer a todos los fantasmas, será mucho más fuerte y feliz. Al fin y al cabo, si ha podido con uno, podrá con todos. Sus palabras están llenas de un optimismo que consigue transmitir a través del hilo telefónico.

Laura ya está en la cama. Después de colgar el teléfono vio al fantasma de la pereza que se esfumó en el momento que ella empezó a tender la lavadora. Del resto de fantasmas no había ni rastro porque sus lágrimas habían dado paso a una gran sonrisa. El sueño hace que el libro que tiene entre las manos caiga al suelo al quedarse profundamente dormida. No es consciente, pero ha vencido otra batalla y mañana le costará un poquito menos.