Destino

Destino

-Buenos días, señor Destino. ¿Podemos pedirle un favor?

-Pero... ¿Quiénes sois? ¿Cómo me habéis encontrado? ¿Os ha visto alguien entrar?

-Yo soy Juan y ella es María. Le hemos encontrado con mucho esfuerzo. Y no, nadie nos ha visto entrar. ¿Qué hay de ese favor?

El hombre mayor se pasa la mano por la gran barba blanca mientras observa a los dos jóvenes que tiene delante. A ella se le ve tímida pero decidida. Sabe donde está y lo que quiere. El chico es más alto que ella y mira fijamente al hombre. No se va a ir de la habitación hasta que no consiga el favor que han ido a pedirle. Destino lo sabe. Hace mucho que no recibe visitas, así que va a alargarla un poco.

-Bueno, ¿Y cuál es ese favor? -Pregunta como si no lo supiera.

-Queremos estar juntos. -María toma la palabra.

-Jajajaja. Pero yo no me dedico a eso, el encargado del amor es Cupido.

-Pero lo nuestro no es amor. -Juan toma la palabra de nuevo. -Amor nos sobra, pero cada vez que intentamos estar juntos, algo pasa. O no quiere ella, o no quiero yo, o pensamos que lo mejor es ser sólo amigos, o Cupido nos flecha y nos fijamos en otra persona. Mire, señor Destino, estamos cansados. Nos queremos mucho. Después de años hemos conseguido coincidir viviendo en la misma ciudad, ninguno tiene el corazón roto u ocupado, no tenemos miedo a que la amistad se dañe. Por favor, concédanos el favor de dejarnos vivir una historia de amor. Aunque sólo sea por un tiempo, nos demos cuenta que es mejor que seamos amigos y recordemos el tiempo que estuvimos juntos como el más bonito de nuestra vida. Queremos saber qué se siente al despertar al lado del otro, queremos besarnos, tocarnos, acariciarnos sin despertarnos justo después. Porque eso duele, duele saber que ha sido un sueño, sólo un sueño.

-Es muy bonito todo lo que dices, pero me gustaría saber que opina ella. ¿Quieres a Juan?

-Mucho. Muchísimo. No se puede imaginar cuanto. He llorado cuando él salía con otras mujeres, cuando me decía que me quería y yo no podía responderle lo mismo porque tenía pareja o el corazón roto. He sufrido mucho cuando le tenía cerca y no podía besarle porque sólo éramos amigos, cuando me decía que estaba enamorado y era de mi, pero no lo sabía y pensaba que era de otra mujer. He buscado en otros hombres la capacidad que tiene de transmitirme su amor, de mostrarme su apoyo, de estar para mí cuando ni yo misma estoy. Lo que me da, mas lo que me hace sentir, unido a lo que siento por él y lo que quiero darle, es más grande que la palabra amor. No hemos venido a pedirle que nos una para toda la vida. Sólo denos la oportunidad de saber si podemos estar juntos o es mejor seguir con la amistad. Sabemos que estamos destinados a no perdernos de vista, pero queremos saber si somos capaces de amarnos.

Destino se acomoda en la gran silla de madera, único mueble de la habitación junto con una mesa hecha del mismo material. Él sabe como seguirán sus caminos. Conoce el final de la historia de amor que le piden. Pero eso lo tienen que descubrir ellos.

-Vuestros sentimientos son sinceros. Veo que estáis preparados para iniciar el camino que os lleve a un amor romántico. Ya que habéis hecho el esfuerzo de venir hasta aquí, podéis amaros. Sólo tened en cuenta una cosa, yo os concedo tiempo, pero si es un día, un mes, un año o toda la vida, depende de vosotros.

Juan y María se besan y justo en el momento que sus labios se unen ella abre los ojos. Cuando se da cuenta que está despierta, los cierra con fuerza. No quiere despertarse, quiere seguir soñando.

-Cariño, vas a llegar tarde a trabajar. Deja de apretar los ojos y levántate.

En ese momento se da cuenta que por una vez, la realidad es mejor que un sueño. Le da un rápido beso a Juan y se levanta de la cama.