Una tarde de amor y cine

Una tarde de amor y cine

Laura camina despacio por la calle. Ha quedado con su novio para ir al cine. Van a ver una película subtitulada de un género que tiene pocos seguidores. Llevan juntos tres meses gracias a su hermana, que les presentó precisamente porque les gustan las mismas películas. Fue una cita a ciegas y no pudo ir mejor.

"Si alguien me mira va a pensar que estoy loca", piensa mientras camina. Está muy feliz. El amor le ha acariciado el corazón y siente que anda sobre las nubes. Le encanta Pedro. Es sensible, guapo, cariñoso y con una paciencia que ya le gustaría a tener a ella. Se complementan a la perfección y cada vez que sus manos se rozan, sienten una descarga. Con tan sólo mirarse a los ojos consiguen hacer desaparecer el mundo que les rodea.

Recuerda su primer beso. Estaban sentados en las butacas centrales de una sala pequeña y medio vacía. Pedro estaba nervioso, tomó aire y la miró fijamente a los ojos. "Me gustas mucho" acertó a decir sin trabarse. Cerró los ojos y le dio un beso. Ella sonreía ampliamente. Un segundo antes de que apagaran las luces, le cogió de la mano y le susurró al oído. "Tú a mí también". De nuevo sus labios se unieron. Permanecieron toda la sesión con las manos entrelazadas. Se acariciaban, dibujaban círculos y corazoncitos en la palma de la mano. Y cuando se miraban, un rubor aparecía en sus mejillas.

Ya casi está llegando al bar donde han quedado. Tiene muchas ganas de verle a pesar de que se vieron el día anterior. Llega, se sienta en una mesa y pide un café. Ha llegado antes de hora y coge el móvil para jugar al tetris. Cuando levanta la vista ve una bonita rosa. Sorprendida se levanta y le da un beso. Le mira a los ojos y le da las gracias sin separar los labios, lo hace con una de esas miradas que sólo entienden las personas enamoradas.