Magia

Magia

Juan mira a María. En silencio. Son las cinco de la mañana y acaban de salir de un bar de copas. Ella tiene aparcado el coche cerca de la entrada del colegio donde se encuentran. Se han sentado en las escaleras para charlar un rato. Hace tiempo que se conocen y la amistad y el cariño es mutuo. Él tiene ganas de decirle algo pero no sabe cómo. Ella clava sus ojos en los de Juan intentando, sin palabras, decirle lo mismo.

-Nos hemos sentado aquí para hablar, pero no decimos nada...- la chica, en un arranque de valor intenta iniciar una conversación.

Ambos están muy a gusto, las palabras es algo que está de más pero necesitan verbalizar lo que el corazón les dicta.

-No hace falta pronunciar una palabra para transmitir una idea... hay veces que con tan sólo una mirada, o un gesto se pueden tener conversaciones. Contigo me pasa, tal vez sea por eso que estoy tan cómodo a tu lado. Eso sí, hay una cosa que todavía no te he dicho.

En ese momento los labios de nuestros amigos se unieron. Fue tan sólo un segundo, pero vivido con tal intensidad que pareció que habían pasado varias horas. Un beso suave pero intenso, inesperado pero deseado, tierno pero decidido. Cuando se separaron continuó la conversación. Piel de gallina a pesar de la calurosa noche, pupilas dilatadas aunque tenían una farola justo delante y una amplia sonrisa mientras se miraban, como si no quisieran perder un solo detalle de la persona cuya mano rozaban. Aquél instante de complicidad se volvió a repetir una y otra vez hasta que la alarma de un móvil sonó. A Juan se le había olvidado quitar la alarma que usaba como despertador.

-Tengo que irme, mañana no puedo estar toda la mañana en la cama y ya es tarde.

-No, es pronto. Son las siete de la mañana.

Incrédula, María mira el reloj. No se puede creer que lleven dos horas sentados en las escaleras. Siente que han pasado minutos desde que salieron del bar y él se ofreció a acompañarla al coche. Levanta la vista y ve como poco a poco el azul oscuro del cielo se va transformando en un azul mas claro. Al mirar hacia arriba recuerda donde están sentados. Es en las escaleras del que fuera su colegio durante unos años. No guarda buen recuerdo de aquella época. Siente que el pasado y el presente se dan la mano. Donde hace años se despedía de su padre con la mano, hoy se despide del chico que le gusta con un beso. Recordará ese instante en el futuro. De nuevo, presente, pasado y futuro se unen. Ha tenido esa sensación en varias ocasiones pero decide aparcar el pensamiento, mientras desaparca el coche. Con el motor encendido un último beso.

-Te llamo mañana, bueno, hoy. - el nerviosismo de Juan se deja ver en un leve temblor de sus manos mientras acaricia la cara de ella.

Con una sonrisa María sale del aparcamiento. Recuerda cuando, al caer la noche, salió de casa y no sabía si ir con el coche o en autobús. Justo en ese momento él le dijo que ya estaba en la puerta de la cafetería donde habían quedado. Las dudas desaparecieron y entró en el vehículo, tenía ganas de verle y no quería hacerle esperar. ¿Por qué la llamó en ese momento y no antes o después? Recordó las palabras de su sobrino un día, viendo una exposición. "La magia no existe, son trucos" Ella insistía en que eso no era cierto. Creía en la magia, y después de lo vivido aquélla noche, mas aún. Te llama el chico que te gusta cuando intentas decidir si vas en coche o en autobús, las horas parecen minutos y los segundos horas, la piel se eriza a pesar del calor del ambiente. Por mas que lo pensara no veía el truco. Tal vez, cuando Manuel sea un poco más mayor y note un escalofrío sólo porque una chica le toque, crea en la magia.