Empezar otra vez

 

Empezar otra vez

Un mensaje despierta a Laura.

-Buenos días, guapa.

Mira el reloj, las 7:25. Dentro de 5 minutos iba a sonar la alarma de su despertador. Le alegra haber recibido ese mensaje de Luis pero a la felicidad se le une un sentimiento de "otra vez".

Decide no darle vueltas a si tiene ganas de tener a una persona ahí, pendiente de ella. Alguien con quien poder contar los fines de semana, con quien irse de vacaciones. Sola estaba muy bien, se había acostumbrado a tener una relación con su sofá. Había días en los que la acogía y otros en los que no le permitía estar cómoda de ninguna de las maneras. En esos días salía de casa. Muchas veces sin rumbo fijo, pero sabía que si se quedaba intentando leer o ver la tele iba a ser un error porque su cabeza no iba a parar de mostrarle imágenes de situaciones tristes. Momentos de su propia vida en los que no era feliz. De alguna manera, el sofá y su subconsciente estaban compinchados. Cierra los ojos e intenta recordar la última vez que tuvo que salir de casa y no lo recuerda. De un tiempo a esta parte no ha notado las chinchetas del sofá. Y eso que ha tenido tardes que amenazaban con borrarle el dibujo de flores de la funda.

Mientras se lava los dientes oye de nuevo que ha recibido un mensaje. Respira hondo. Intenta adivinar lo que pone. "Espero que hayas descansado" "Ánimo con ese lunes". Le cae bien el hombre, incluso le gusta. Pero no sabe si está preparada para una relación. Deja el cepillo de dientes en el lavabo y se mira al espejo con los ojos muy abiertos. ¿Quién ha hablado de relación? Él ayer sólo le dio un beso. Bueno dos. Bueno tres si contamos el de la despedida. Vale, fueron cuatro porque ella también le dio alguno. Cierra los ojos. No, no y rotundamente no. Se niega a pensar en ese chico tan atractivo durante todo el día. No va a estar pendiente del móvil, así que se lo dejará en casa. Sí, eso es, se lo dejará en casa y así no pensará en Luis.

Con los dientes relucientes sonríe al ver el mensaje de él "Espero no haberte despertado" Vaya, eso no lo había tenido en cuenta ella. El chico le ha sorprendido. Le escribe una respuesta rápida y sale de casa.

La mañana transcurre con normalidad en la oficina. Al ser lunes, todo el mundo quiere todo para ayer y no tiene tiempo para pensar, lo cual le hace sonreír. Cuando se da cuenta de que está feliz porque no ha pensado en el chico que le ha dado los buenos días deja de sonreír. Porque al tener ese pensamiento se da cuenta de lo mucho que le gusta. Mientras redacta un informe recuerda lo sucedido la noche pasada.

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-Te invito a cenar.

Laura le mira. Se mira la ropa de senderista y le vuelve a mirar.

-Jajaja. Pero si estás estupenda. Las manchas de barro casi no se ven porque el pantalón es marrón. Además, no me puedes decir que no. Hace un rato me has hablado de las telas de araña de tu nevera. Y para que cenes cualquier cosa, te invito a un bar de bocadillos que hay debajo de mi casa. María, la dueña, no se va a asustar por un poco de barro. A mí me ha visto con el mono lleno de grasa y me ha hecho huevos fritos a las cinco de la mañana después de una noche de borrachera. ¿Qué me dices?

"Que tienes unos ojos preciosos y que yo también te haría unos huevos fritos y lo que hiciera falta" Laura se sonroja al tener esos pensamientos.

-Tienes razón, no te puedo decir que no. - Acierta a decir con una tímida sonrisa.

La cena transcurre entre bromas y risas. La señora María es una mujer encantadora que le recuerda a su madre.

- Es un hombre muy bueno, y tú le gustas. Espero que puedas hacerle feliz. -Le dice aprovechando que él se ha ido al baño.

Ella se queda con una sonrisa bobalicona sin saber qué decir. ¿La camarera de un bar haciendo de Celestina? Ahora entiende la frase de que la realidad supera a la ficción. Cuando Luis vuelve sigue la animada conversación. Ahora recuerdan cuando se conocieron y la multitud de excursiones que han hecho juntos.

En un momento de la conversación Luis decide dar un paso más. Se mete con ella y Laura le hace cosquillas. Coge sus manos y las besa sin dejar de mirarla a los ojos. Ella intenta recordar en qué momento de la noche comió mariposas. Poco a poco se acercan hasta que sus labios se tocan. María se mete en la cocina para decirle a su marido que no salga, que por fin su sobrino se ha atrevido a besar a esa chica tan guapa de la que lleva tiempo hablando.

-¿Hablamos mañana? -Pregunta Luis antes de cerrar la puerta del taxi.

-Si, claro. -Contesta ella con una sonrisa bobalicona antes de darle un último beso.

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-Y el muy cerdo me dijo que no le echaba yo de casa, que se iba él. ¿Te lo puedes creer? Pero te digo una cosa. Este no vuelve a entrar en casa como que me llamo...

-Rebeca Sánchez García- Acaba Laura la frase de su compañera de trabajo. -No te engañes, le vas a dejar volver igual que las veces anteriores.

Ella la mira cabizbaja.

-Le echo de menos- Susurra.-Bueno, ya te contaré, porque estoy muy cansada de esta historia. ¿Y tú que tal? ¿Te echas novio o nos vamos a tener que ir de fiesta?

-Laura, dice el señor Martínez que cuando puedas te pases por su despacho.

Nunca se había alegrado tanto de ver al becario. Recoge los cubiertos y el tupper y mientras los mete en la bolsa contesta a su compañera.

-Ya sabes que yo soy de montaña, no de bares. Pero agradezco tu ofrecimiento.

El resto de la mañana transcurre con normalidad. El volumen de trabajo ha bajado un poco y ya no es nada tan urgente como a primera hora. Tiene muchas ganas de salir para ir al gimnasio. Hoy le toca clase de spining y hará un poco de cardio.

 "¿Le habrá escrito algo más? Estará pensando en ella" Se siente como una adolescente. Sonríe de camino al aula de las bicicletas recordando cómo su mente estaba en el bar donde cenó mientras Rebeca le contaba una nueva pelea con su marido. No sé explica por qué no le deja. Llevan muchos años juntos, supone que será por eso.

"¿Qué tal va la mañana? Espero que mejor que la mía. Hoy el jefe ha venido rebotado de casa y no hace más que dar gritos. A ver si se va a comer y nos deja en paz un par de horas. Así no hay quien se concentre para arreglar coches" Vale, sí, le hace ilusión ese mensaje enviado a las once de la mañana. No va a reconocer que cuando a entrado en casa ha tirado las llaves y corrido hacia la habitación para mirar el móvil. Con el aparato en la mano camina hasta el salón mientras se pregunta dónde habrán caído las llaves. ¿Igual tendría que reconocer que...? ¡Bah! Da igual. Sí, el chico le gusta y mucho. Hace meses que le conoce, tienen muchas cosas en común y si ayer no hubiera sido tan tarde habrían acabado en su casa.

El miedo ya se ha ido, ya no está. Sólo están en la cama Laura y un mensaje de él de buenas noches. Han hablado un rato por teléfono y él le ha dejado claro lo mucho que le gusta. Ambos coinciden en que no tienen edad para tontear con unos y con otras. Han decido darse una oportunidad de hacerse felices mutuamente. Han decido darle una oportunidad al amor. "Buenas noches, guapo. Que descanses"

Magia

 

Juan mira a María. En silencio. Son las cinco de la mañana y acaban de salir de un bar de copas. Ella tiene aparcado el coche cerca de la entrada del colegio donde se encuentran. Se han sentado en las escaleras para charlar un rato. Hace tiempo que se conocen y la amistad y el cariño es mutuo. Él tiene ganas de decirle algo pero no sabe cómo. Ella clava sus ojos en los de Juan intentando, sin palabras, decirle lo mismo.

Amor en primavera

 

María sale de trabajar. Ha tenido un duro día en la oficina y su cuerpo y mente le piden desconectar. No tiene nada que hacer pero no quiere ir a casa, necesita estar fuera de ella, lejos de los recuerdos. Hace una semana que falleció su perro y lucha contra la rutina que le obligaba a ir corriendo para sacarle a pasear. Ha pensado en apuntarse al gimnasio pero la tristeza aún le dificulta el hacer cosas.

La piedra más bonita

 

Y ahí estaba él, mirándola fijamente. Llevaba tiempo observándola pero sentía miedo cuando pensaba en acercarse a ella. Tener tres años más le hacía sentirse mayor y tenía miedo al rechazo. En alguna ocasión a punto estuvo de lanzarse al agua helada para nadar junto a ella, pero rechazaba la idea al ver que otros más jóvenes le llevaban piedras. Cuando esto sucedía, abandonaba el lugar. No quería ver si las aceptaba o no.