La Semana Teatral: "Jane Eyre" y "Agustina"

La Semana Teatral: "Jane Eyre" y "Agustina"

Durante las jornadas que precedieron a la celebración del Día internacional de la mujer, dos creaciones escénicas, separadas por más del siglo y medio en cuanto a su origen, incidieron sobre aspectos del mismo tema.

JANE EYRE

La famosa novela de Charlotte Brontë en versión teatral aparece en el segundo centenario del nacimiento de la autora, que publicó esta obra en 1847 con el seudónimo de Currer Bell. Con su nombre propio no les hubieran publicado, ni a ella ni a sus dos hermanas, Emily y Anne, ninguna de las novelas que escribieron. Ni hubieran tenido la posibilidad de seguir cultivando su pasión: escribir. No estaban los tiempos para dar cauce a la creación intelectual o imaginativa de las mujeres.

Aunque quede mucho por hacer, son alentadores los progresos conseguidos en cuanto a la igualdad de derechos en una parte del mundo, la nuestra, a favor del género femenino. Propuestas de este tipo reafirman la voluntad de los gestores culturales y de los espectadores en este sentido. En otras órbitas culturales, la situación sigue siendo deplorable.

El Teatro Principal ofreció ‘Jane Eyre’ en una adaptación de Anna Maria Ricart, bajo la dirección de Carme Portaceli, por la acreditada compañía Teatre Lliure: más de cuatro décadas de trabajo la avalan.  Ariadna Gil interpretó a la protagonista, secundada por Abel Folk, como Rochester. Jordi Collett, Gabriela Flores, Pepa López, Joan Negrié y Magda Puig compusieron el resto del elenco interpretando los abundantes personajes de la trama.

Un sugestivo escenario blanco, con tres vías de acceso para los actores, modificado y ambientado por una sucesión de proyecciones que encuadraban la acción, permitían la muestra de una situación testimonial y de un conflicto dramático, que no está circunscrito a ningún lugar ni tiempo determinado. El nudo argumental sigue vigente y plantea la postura masculina, a veces contradictoria e insegura, como en este caso, frente a una realidad consistente, más interna que externamente, por parte de la mujer.

El instinto de superación transita a lo largo del drama. La protagonista, ya desde su infancia en el internado, se resiste a la injusticia y desarrolla su capacidad de oposición frente al maltrato en cualquiera de sus modos. Su postura ante la resignación de las compañeras, insistiendo en su rechazo de la humillación, abre un camino constructivo y marca el horizonte a perseguir por las generaciones siguientes.

El ejercicio de un destino literario, hoy está felizmente al alcance de cualquier persona en nuestra órbita cultural y se ha desterrado la idea de que en ese sentido la mujer quede subordinada al hombre o adopte una actitud masculina para que su creación sea aceptada. La misma  fortaleza cabe aplicar a la postura frente al amor, que en la obra original se traduce en términos de igualdad y libertad, y en la versión ahora ofrecida  se aquilata de forma definitiva.

La actuación de toda la compañía fue impecable, y tanto el acompañamiento audiovisual como el musical resultaron consistentes para reforzar la acción y la expresión de los sentimientos que se muestran a lo largo de la trama. El canto a la naturaleza de la obra original se respira en la dramaturgia utilizada.

AGUSTINA

La transferencia y la transparencia del tiempo es un marco simbólico en el que se han ido produciendo diferentes obras artísticas, tanto en el teatro, como en la literatura narrativa, en la poética y en el cine. El Teatro de las Esquinas ofreció el estreno, el pasado día 7, de ‘Agustina’, una producción de Good Plays, sobre un libreto de Fernando Sansegundo, bajo la dirección de Verónica May. Se trata de la recreación transtemporal de un personaje singular en la historia de Zaragoza, Agustina Raimunda María Zaragoza y Doménech, nacida en Reus, en 1786, heroína de los Sitios, y popularmente conocida como Agustina de Aragón.

Raquel Pardos protagoniza la trama desgranando un monólogo que sitúa al personaje histórico en la más absoluta modernidad, puesto que ha sido detenida por organizar un altercado público subida a uno de los cañones que adornan una plazoleta urbana. Desde el calabozo, esta mujer se manifiesta transgrediendo los parámetros temporales y se traslada al tremendo episodio de los Sitios, cuando la ciudad estuvo cercada por el ejército de Napoleón.

Un juego de luces y sombras personales, unos diálogos monologales, valga el oxímoron, unos reproches a la situación conflictiva del presente, y un reclamo permanente de la libertad, sitúa la obra dentro de la órbita de las reivindicaciones femeninas de los últimos días, algo que no debiera concluir con unas proclamas ni una manifestación puntual, sino mantenerse como línea de pensamiento y acción a lo largo de todo el año, de toda la vida. ‘Agustina’ pasa, por tanto, a convertirse en un paradigma de la mujer oprimida antes y ahora, pero capaz de superar las limitaciones impuestas.

La actuación, sobre un escenario otoñal y caótico, también supuestamente carcelario, estuvo un tanto descompensada por cuanto se trataba de entrelazar situaciones distintas, una heroica, que la historia avala, y otra contemporánea en la que una persona encerrada sin motivo puede ir creciendo en indignación a medida que asume la injusticia de que ha sido objeto. Ese proceso se produce casi sin pausas, estableciendo una cierta uniformidad expresiva que perjudica la asimilación del desdoblamiento planteado.

Aunque, en definitiva, el objetivo de la obra es plantear el heroísmo y la rebeldía frente a la opresión, una rebeldía personificada en un paradigma que amplía su significado más allá del nombre, el tiempo y el lugar. “La obra también ahonda en la sociedad de hoy en día, en la que también tenemos ciertos cañones que disparar”, comentaba la protagonista al presentarla.