La sartén por el mando

 

La sartén por el mando

Un juego de palabras, a partir de un dicho popular, da pie a situaciones donde lo cómico y lo dramático toman a menudo el rumbo de lo sarcástico.

Durante el pasado fin de semana hemos podido ver en el Teatro del Mercado una sucesión de episodios escritos por autores de relieve, como Juan Mayorga, Carlos Molinero, Karl Valentín, Fermín Cabal y Arístides Vargas que giran en torno al poder de los medios de comunicación, la precariedad laboral y otros asuntos de actualidad.

Bajo la dirección de Áurea Martínez, los actores Roser Pujol y Balbino Lacosta van cambiando de personalidad y de registro para exponer de modo crítico, y a veces cómico, situaciones que se producen en el devenir diario, tanto en los niveles personales como colectivos; también en los domésticos.

La obra, fragmentada en nueve piezas breves, resulta irregular con algunos episodios vibrantes y otros algo más apagados. Pero estos apuntes puntuales sobre la situación que nos hace compañía en las variadas circunstancias de la vida, siempre es una oportunidad para reflexionar, además de servirnos de evasión.

Tan tanto Roser Pujol como Balbino Lacosta disponen de un amplio repertorio de gestos, posturas, insinuaciones, e inclusive de una sorprendente adaptación vocálica. Esto último se demostró claramente en el último sketch de la serie, en el que la intérprete femenina se disfraza de cantante rockero hasta casi hacer dudar al espectador de si se trata de un tercer personaje desconocido.

La música de Óscar Plano y el vestuario de Eva López contribuyen a la dinámica del conjunto, en el que llama la atención la fluidez adaptativa de los intérpretes.