 | | El autor asegura que el agua alimenta material y espiritualmente |
Zaragoza.- René Fernández Santana (Matanzas, Cuba, 1944) es dramaturgo, director artístico, promotor, diseñador, coreógrafo y pedagogo. En Cuba dirige el Teatro Papalote y desde hace varios años colabora con Teatro Arbolé, con el que estrenará el próximo mes de enero en Zaragoza el espectáculo “El desatino de las aguas”. Será una de las aportaciones de esta compañía aragonesa a la Exposición Internacional y formará parte de la XVI Campaña “La escuela va al teatro”, que organiza Ibercaja y que este año está dedicada, como la propia Expo, al “Agua y Desarrollo Sostenible”. La obra, ideada para el público familiar, teatraliza el egoísmo de unos seres, los Aguachurres, que desean toda el agua del mundo.
Siempre sonriente, René Fernández habla emocionado del agua, de la cultura, de cómo los cubanos son gente de teatro y calle. En su mano izquierda lleva un anillo con forma de máscara que rodea su dedo corazón y que mueve sin parar porque no deja de gesticular, al ritmo de una voz de suave acento cubano, con sus manos de maestro titiritero. Son las mismas manos que han escrito más de doscientas obras y han recogido más de una veintena de premios; los últimos, los más especiales, ya que son nada menos que el Premio Nacional de Teatro de Cuba 2007, que por primera vez reconoce la labor de un profesional de los títeres, y el premio de la Asociación Hermanos Saiz (AHS) que entregan los jóvenes a sus maestros y que comparte con artistas de la talla del cantautor Pablo Milanés, la poetisa Carilda Oliver, el pintor Pedro Pablo Oliva, el escritor Eduardo Heras León, el director coral Electo Silva y el dibujante y realizador Juan Padrón.
Sin acabar de creerse estos méritos y confesando que “el arte de los títeres nunca se deja de aprender”, René Fernández se ha acostumbrado más a las palabras agradecidas de sus vecinos en Matanzas, su ciudad natal, que a las entrevistas y los flashes de las cámaras. A pesar de ello, habla con espontaneidad dejando fluir la “emoción de la palabra” y sonriendo cada vez que menciona a los niños y el arte del teatro.
Pregunta.- En Zaragoza se está preparando una Exposición sobre el agua ¡y usted nos trae a unos “aguachurres” dispuestos a llevársela! Respuesta.- (Ríe) La obra tiene un gran contenido como tesis, que es el cuidado de la naturaleza que alimenta a la vida y al hombre. El agua no solamente nos alimenta material sino también espiritualmente.Un niño que se enfrenta a mirar el mar siente un gran placer, un gran alivio espiritual. En la obra eso está tratado a través del arte y quien vuelve el agua a la tierra es un pintor, que es capaz de interpretar con un hiperrealismo fantástico las aguas en un lienzo. Y es tan poderosa su pintura que con ella vence a los personajes negativos que han encerrado todas las aguas en una tinaja. ¡Imagínate qué absurdo encerrar todas las aguas de la tierra en una tinaja cuando las aguas de la tierra son muchas, muchas, muchas! También tiene la obra esas contradicciones pero que están llenas de credibilidad.
P.- ¿Que los niños absorban una lección así es más fácil a través del teatro? R.- Sí, cómo no. El teatro es un medio muy importante de educación, pero no sólo educa el pensamiento, sino la sensibilidad, las sensaciones... Es un gran comunicador de ideas y la obra también plantea un contenido social y humano. Además, es un espectáculo que puede ser muy agradecido para los niños ya que divierte y entretiene.
La obra trabaja mucho el elemento del canto, el idioma que hablan las aguas y no sólo va condenar la apropiación del agua sino que ve el agua como una alabanza a la vida para poderla cuidar, proteger.
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René Fernández define la obra como una "fantasía desaforada" |
P.- ¿Y todo este planteamiento cómo se traduce sobre el escenario? R.- A través de retablos móviles que se apropian de todo el espacio escénico, que se mueven como se mueve el universo y el hombre, como se mueve el agua en el mundo, los océanos, los ríos, los lagos, las cascadas… Y se utilizan títeres planos articulados, una técnica bastante limitada y, sin embargo, los actores les han dado mucha vida y también rompen el desarrollo de la anécdota y hacen juicios de la obra. Es una de las cosas más interesantes del espectáculo, que fluye dentro de una ficción teatral y de contenido de la puesta en escena.
Es un gran juego de la realidad y la fantasía, donde hay elementos muy brechtianos, de distanciamiento, de comunicación con el público. Es imposible, es absurdo que alguien esconda toda el agua de la tierra, pero pienso que la ficción es importante y hemos intentado darle a esa fantasía credibilidad. Tiene muchas encrucijadas hasta para el público infantil pero siempre con mucha claridad. Lo llamamos un misterio o una fantasía desaforada porque no se oculta nada. El niño ve cómo el actor se mueve, coge los objetos y los entra en escena.
P.- Usted procede de Cuba, ¿hasta qué punto le inspiró en esta obra la relación de la isla con el agua? R.- En Cuba tenemos una cultura de agua. Cuidamos mucho nuestras costas, nuestro ambiente, nuestras playas… Yo vivo en Matanzas, que es una ciudad de costa, que tiene bahía y tres ríos que extraño mucho estando acá.
P.- Después de tantos años, ¿cómo ha evolucionado su trabajo? R.- En cada obra que escribo encuentro cosas nuevas, creo que es una inquietud que debe tener todo creador. Nunca la labor artística termina, siempre hay algo renovador, algo qué hacer, algo qué encontrar, algo con qué chocar en la escena, de qué alimentarse. Hay nuevos actores, nuevas generaciones y todo eso alimenta a la obra de uno. Aprendo mucho en cada propuesta artística; eso es muy importante en la escena y en la personalidad del creador.
P.- Y en ese proceso de búsqueda se ha encontrado con muchos premios. ¿Qué significado tiene ser el primer titiritero que recibe el Premio Nacional de Teatro de Cuba? R.- A mí me gusta no creerme las cosas y me sorprendió. Cuando uno trabaja, trabaja y trabaja, no tiene tiempo de pensar en eso. He tenido otros reconocimientos pero este es muy importante porque es la primera vez que se entrega a un profesional del teatro para niños. Y, cuando uno trabaja, va creciendo y madurando, llega un momento en que si verdaderamente tu obra es valedera recibes reconocimientos y éste es muy importante para mí y para toda la gente que me ha acompañado en mi labor.
P.- ¿Cuál es el mérito de los que le han acompañado en esa labor? R.- Valoro mucho a la familia y he tenido muy buenos compañeros a mi alrededor que han contribuido a creer en mí y en mi obra, a diseñarla, a actuarla y a seguirla. Ahí, mi ciudad también ha sido muy importante, que me ha dado la oportunidad de realizarme como creador, como artista. Y mi pueblo, ya que cuando me dieron ese premio se sintió alegre y por la calle, en mi barrio, mis vecinos me conocían y me felicitaban. A veces uno no sabe cómo lo conocen. El teatro no es un medio tan popular, como el cine y la televisión y el cine, y que reconozcan a un teatrista es algo muy grande.
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René Fernández es Premio Nacional de Teatro de Cuba 2007 |
P.- Además de sus montajes, también se ha implicado en otros proyectos. Hábleme de la Calle de los Títeres. R.- Yo dirijo el Teatro Papalote, que tiene 65 años y fue creado con el nuevo proyecto cultural de la revolución. Nosotros tenemos mucho teatro de familia en la medida de lo que podemos porque en Cuba tenemos una situación económica muy dura. La Calle de los Títeres es un centro muy respetado, muy admirado por los creadores, por nuestro público, sobre todo por los niños y la familia.
Fue un proyecto cultural que ahora cumple diez años y que el último domingo de cada mes sale a la calle. Cerramos la calle donde está situado el teatro, se dan funciones y hay un gran movimiento donde el artista, maquillado y vestido, se vincula al pueblo y a la sociedad. Es un resultado muy hermoso de comunicación.
P.- ¿Qué le diría un maestro titiritero a los jóvenes que se inician en el arte del teatro para niños? R.- Le diría que es muy importante estudiar, que el arte necesita mejoras humanas, artísticas y técnicas. Pienso que los jóvenes deben emprender un camino hacia su profesión con estudios porque un titiritero se nutre de todo, de la ciencia, la técnica, del diseño. Nuestro arte es un arte muy complejo y un titiritero debe estudiar todo: la plástica, el diseño, la actuación, la interpretación.
Nunca se termina de aprender nuestro arte. El teatro de títeres me sorprende constantemente con algo nuevo y los jóvenes también tienen que sorprenderse diariamente. También les digo que su obra la hace el trabajo cotidiano, sistemático, que la búsqueda diaria es muy importante.
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