El prestigioso periodista polaco Ryszard Kapuscinski viajó en avión por primera vez en 1956, cuando tenía 24 años. “Los vuelos eran muy confortables ya que los aviones solían llevar poco pasaje”, dice en su último libro “Viajes con Heródoto”. Hace 50 años a los viajeros que subían a un avión les daban una bolsa de viaje y les colmaban de atenciones porque, entre otras cosas, el billete era caro y la mayoría de la gente no podía permitírselo. Cinco décadas después las cosas han cambiado mucho. Una compañía aérea anuncia que se puede tomar un “capuchino” en Milán por poco más de 30 euros, precio en el que está incluido el billete de avión.
A mí me costó un poco más. Hace unas semanas, viajé de Zaragoza a Milán con Ryanair (www.ryanair.com) y todo fue muy bien. El avión salió con puntualidad y llegó a su hora a Bergamo. En el aire, las azafatas venden los billetes de autobús (por alrededor de 6 euros) que permiten a los pasajeros llegar en 50 minutos a la Stazione Centrale, que está próxima al centro de la ciudad. Al día siguiente de mi llegada a Milán, en una de las cafeterías de la galería comercial Vittorio Enmanuelle, que conecta la plaza del Duomo con la de la Scala, pagué 3 euros por un machiato, que es un expresso "manchado" con una cucharada de espuma de leche. El precio del café incluye un asiento en primera fila para ver pasar a la gente, que es un magnífico entretenimiento. Si se hacen las reservars con tiempo, volar con Ryanair desde Zaragoza cuesta (ida y vuelta) alrededor de 70 euros incluyendo las tasas de aeropuerto y otros impuestos.
La semana pasada compré un libro y en la tienda, antes de ponerlo en la bolsa, colocaron entre las páginas una cartulina publicitaria que sirve como punto de lectura. Cuando abrí el libro, me percaté de que en el punto de lectura me ofrecían un pasaje aéreo de ida y vuelta si compraba dos libros de bolsillo. Luego, en Internet (www.zetabolsillo.com) leí la letra pequeña. Aunque, como imaginaba, las tasas de aeropuerto son por cuenta del viajero (o comprador de libros, según se mire), indican que nunca podrán superar los 50 euros. Los vuelos, además, se realizan con la compañía Ryanair, que ofrece sus servicios desde muchos aeropuertos españoles: Girona, Santander, Zaragoza, Sevilla, Vitoria, Almería, Santiago de Compostela, Valencia, Reus, Valladolid, Jerez, Granada y Murcia.
Las compañías de vuelos baratos surgieron en Internet porque sólo la Red proporciona la posibilidad de abrir una ventanilla de venta de billetes donde el vendedor y el comprador se ponen de acuerdo fácilmente. A partir de allí, la utilización de aeropuertos secundarios, la reducción de costes de personal y de servicios al cliente en vuelo, así como el máximo aprovechamiento de las posibilidades de los aviones, entre otras cosas, han hecho que diariamente miles de pasajeros elijan las compañías de vuelos económicos. Tanto es así que hasta las compañías tradicionales han tenido que modificar sus estrategias y reducir servicios y gastos para ofrecer precios más competitivos.
Los vuelos baratos generan un nuevo tipo de turista de fin de semana (jueves tarde a domingo) que mete una muda en una mochila –para no tener que facturar el equipaje-, elabora listas “de lo imprescindible que hay que ver” y hace una muesca en la cámara de fotos digital por cada sitio donde ha estado.
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