Cada campaña electoral que pasa resulta más obvio que para los grandes partidos muchos de los mensajes que se lanzan al electorado son puro teatro y por tanto puro fingimiento. Pura mercadotecnia al servicio de aparatos para obtener el poder y para mantenerse en él como objetivos prioritarios.
Los partidos confían en la desmemoria de los electores o tienen la certeza de que la gran mayoría del cuerpo electoral tiene un sentido crítico de bajo nivel. Puede que no se equivoquen.
No ha pasado ni un mes desde que oíamos a Belloch afirmar que CHA sería su socio preferente de gobierno mientras ensalzaba la gran labor realizada por la formación aragonesista de izquierdas durante el último mandato municipal. El mismo tiempo ha pasado desde que el candidato socialista advertía de que para que el PAR pudiera formar parte de un gobierno de amplia base social, presidido por él, debería renunciar a la inmensa mayoría de su programa electoral.
Menos de un mes para que las promesas electorales pasen a formar parte del repleto archivo de la demagogia política.
Ni CHA le sirve ya al PSOE como socio preferente, ni el PAR ha renunciado a nada de su programa electoral para ser requerido a formar gobierno con quien en plena campaña les tachaba de tener proyectos irrealizables, o sea, proyectos demagógicos.
Desde luego que si la mayoría de los electores no sufriéramos de amnesia en las jornadas electorales, muchos de los partidos políticos actuales no podrían ni presentarse a las elecciones. Claro que la coherencia no es un capital que hoy se exija a ningún partido político.
Así nos va. |